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Matilda aún podía sentir el pinchazo de la inyección que el médico le había aplicado. Por suerte su cuerpo le había dejado de picar y si bien no podía verse, tenía la impresión de que sus labios habían reducido un poco su tamaño. Aluel se acercó a su cama, corriendo un poco la cortina que la separa del resto de la guardia. Llevaba una manta enrollada debajo de su brazo y un par de revistas en la mano. Se miraron sin hablar, ella algo avergonzada, él con la sensación de no querer dejar de hacerlo nunca más. -¿Estás mejor?- le preguntó, mientras veía como volvía a cubrir con la sábana sus labios y asentía con la cabeza. -No me dejaron traer ni chocolates ni flores, parece que empeorarían tu alergia.- dijo con gesto de resignación, mientras apoyaba las revistas y la manta sobre la cama

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