Capítulo 9

1754 Words
Gracias a que Aubrey la había llamado apenas recibió el celular, no se demoró mucho tiempo. Ni siquiera había despertado Liam y lo agradecían. Aquel hombre era peligroso y no sabían lo que hubiesen tenido que hacer para salir de sus garras.  Observaron cómo lo subían con la ayuda de varios policías a un auto y luego cómo se dirigían nuevamente a ellos. —   Hasta que no hicieron algo dentro del caso no dejaron de molestar, ¿no? —Inquirió el policía y Aubrey rió, encogiéndose de hombros. —   Nosotros solamente estábamos cumpliendo nuestro deber de ayudar al prójimo, oficial. —   Si, y también de inmiscuirse en investigaciones en curso. Eso es ilegal. —   También nos dijeron eso una vez, oficial —habló Ansel y sonrió. El policía rodó los ojos y suspiró —. Por lo menos ya lo atrapamos. Gracias por su colaboración. Aunque no la pedimos. —   Siempre a la orden, oficial. Luego de esa despedida, los dos jóvenes junto a sus madres (que después de un regaño, los abrazaron y lloraron porque se encontraban bien) tuvieron que ir a la estación de policía a rendir declaración de lo que había sucedido esa noche.  Tuvieron que explicar el por qué habían salido —a lo cual Ansel explicó que querían tomar algo de aire ya que habían estado teniendo mucho estrés con toda la situación—. Y cómo habían llegado. Qué realmente no supieron cómo explicarlo, solamente dijeron que había sucedido porque eran jóvenes y querían resolver el caso lo más pronto posible para poder estar tranquilos, sin preocupaciones. Y después de haber pasado por eso, así iba a ser. Siempre recordarían ese momento aún cuando fueran mayores.     Varios días habían pasado desde lo sucedido con Liam. Ellos habían tenido que ir a su juicio y testificado en contra de aquel hombre. Lo que habían logrado claramente no había sido el mejor castigo para su concepción, pero que le hubiesen llevado a la cárcel dos años, era algo. Y desde allí no podía hacerle daño a nadie. —     ¿Cómo te sientes? —Cuestionó Ansel mirando directamente a Aubrey. —     Estoy bien. Me siento tranquila, ¿sabes? —     Lo sé, enana. El muchacho pasó su brazo por encima de los hombros de su acompañante y siguieron caminando por el centro comercial. Estaban allí comprando un nuevo computador para la universidad. Después de haber pasado todo lo que habían pasado, tuvieron que volver a la normalidad de golpe puesto que no quedaba mucho tiempo de vacaciones y pronto Ansel se iría a la universidad en otro estado. Ellos habían estado intentando no hablar sobre eso ya que sabían que era un tema complicado debido a lo difícil que se volvería para ellos verse o comunicarse. Aubrey también entraría a la universidad, pero ella se quedaría en la misma ciudad, lo que era tranquilo. No tenía que alejarse de su familia y dejar su casa. Además, también tenía todo lo necesario para estudiar, cosa que no pasaba con Ansel. Él si tenía que comprar absolutamente todo nuevo. —     Considero que deberías gastar buena parte de tus ahorros en el computador. Lo utilizarás mucho. —     También estaba pensado lo mismo, pero quiero seguir ahorrando para venir lo más pronto posible a visitarte. —     No te preocupes por eso —sonrió la chica—. Nosotros vamos a poder vernos más pronto de lo que pensamos. Todo estará bien. Los dos jóvenes sonrieron y continuaron haciendo sus compras. Nuevamente evitando el tema de la lejanía y lo que sentían. No habían vuelto a tener ningún tipo de acercamiento diferente al que te puede ofrecer una amistad. ¿La razón? No existía. Solamente estaban disfrutando estar uno al lado del otro y eso era lo que les estaba importando en ese preciso instante. Querían rodearse el mayor tiempo posible del otro, de manera que cuando se separasen, hubiesen podido pasar excelentes momentos y tener recuerdos hasta la próxima vez que se vieran. —     Come esto —murmuró Aubrey tomando una cucharada de su almuerzo—. Sé que te gustará. —     ¿Qué es eso? —     Come. —     No se ve muy apetitoso —habló Ansel nervioso para luego, abrir la boca. Cuando Aubrey vio que había comido lo que le había dado, soltó una carcajada. Eran mariscos y él odiaba los mariscos. Mientras él había estado en el baño por un momento, ella había revuelto un poco de mariscos con coca cola y eso era lo que le había dado. Más allá de asqueroso, quería hacerle una broma como las que se solían hacer cuando eran más pequeños. Ansel masticó una, dos y tres veces, hasta que sintió el sabor a mar y comenzó a hacer aquel tipo de sonidos que caracterizan las arcadas. —     Demonios —susurró y tapó su boca, tratando de no vomitar frente a todas las personas que se encontraban dentro del restaurante. —     ¡No vomites! —ordenó la castaña y él movió su cabeza de un lado a otro, tratando de armarse de valor para pasarlo. Las carcajadas de Aubrey se dejaron resonar por todo el lugar, llamando la atención de los asistentes y una que otra sonrisa ante lo gracioso que reía. Aquella tarde continuó siendo como había sido hasta ese momento. Llena de risas y vergüenza. Entre los dos se habían hecho varias bromas y aún así, felices de estar uno al lado del otro.                                       ☼☼☼   Cuando se llegó la noche, se dieron cuenta que pronto todo acabaría. Que tenían que comenzar a comportarse como adultos y que iban a dejar los tratos de niños en el pasado. —     Esto apesta, ¿no? —     ¿De qué hablas? —     Crecer —respondió Ansel, mirando el cielo—. No quiero comenzar la universidad y tener que ser otra persona. Quiero seguir siendo yo. Aubrey se volteó y le miró—. No tienes que dejar de ser tú solamente porque entrarás a la universidad. —     Tengo que comportarme como una persona adulta. —     ¿Y eso qué? No tienes que perder tu esencia por eso. —     De todas formas, Bry. No quiero ir solo. Me sentiré mal. —     Pero conocerás más personas. Tendrás muchos amigos —suspiró la castaña sin despegar sus ojos de los de él—. Eres una persona muy carismática. —     Sé que encontraré nuevos amigos —rieron—. Pero no quiero dejarte aquí sola. El silencio reinó entre los dos y sus ojos comenzaron a brillar cada vez más. No querían estar lejos el uno del otro y nunca lo habían aceptado de esa manera. Claro que había hablado de ir a la universidad, pero habían estado felices por la decisión del otro, tratando de verse como lo que un amigo correcto haría. No porque se sintieran felices por eso. Por el contrario, los dos recordaban que habían querido ir a la misma universidad, pero las carreras universitarias que querían eran completamente diferentes, lo que dificultaba la decisión. Ella quería estudiar medicina como su madre y él quería estudiar arquitectura. En la universidad que al principio habían escogido, la carrera de Aubrey era demasiado costosa y su familia no podía pagarla y en la otra universidad que pensaron, la de Ansel no estaba. De esa manera, una tarde mientras hablaban por teléfono, decidieron que lo mejor era escoger la mejor universidad para cada una de sus profesiones e intentar dar todo de si para no dejar que la distancia —valga la redundancia decir—, les distanciara por completo y siquiera un poco. Se habían prometido durante las vacaciones y siempre que se tocaba por encima el tema, que no iban a permitir que su amistad se fracturara solamente por eso. Ellos ya habían estado separados y siempre habían seguido las cosas igual. Claramente no era lo mismo estar separados por la escuela, puesto que tenían mayor libertad y las tareas que les dejaban eran demasiado fáciles, lo que no gastaba mucho de su tiempo. Pero eran conscientes que en la universidad todo sería completamente diferente. Por ejemplo, Ansel tenía que vivir en el campus de su universidad. Solo. Él debía buscar su comida, aprender a hacer todas las tareas del que sería su departamento y mantener un promedio en sus estudios. Por el contrario, Aubrey tenía que conseguir un trabajo de medio tiempo ya que seguiría en casa. —     Pues yo soy la que no quiere dejarte ir solo. —     No lo hagas —se encogió de hombros Ansel. —     Idiota, sabes que es imposible hacer algo. —     Podemos irnos y nunca volver. —     No haremos eso. Los dos rieron y volvieron a mirar el cielo. Se encontraban acostados en la arena, viendo como la noche cada vez se tornaba más oscura. Era hermoso estar en ese lugar. Realmente vivir ahí era hermoso y los dos lo sabían. Era una zona segura, donde las personas eran amables y había un buen nivel de vida sin llegar a ser costosa. —     También… —continuó Aubrey—… vas a poder conseguir muchas chicas y una novia. —     ¿Eso crees? —rió Ansel sin mirarla. —     Claro. Hay muchas chicas ahí afuera esperando por ti. Ansel no respondió a eso en los siguientes dos minutos. Él no había pensado mucho en aquella situación debido a que seguía pensando en su amiga. A él en ese momento no le importaba mucho si había muchas chicas hay afuera que saldrían con él o que quisieran ser su novia. Él solamente estaba esperando por ella y nadie más. No había querido seguir tocando el tema de ellos dos para no molestarla. No sabía en ese momento cómo ella se estaba sintiendo y después de analizar la situación durante varias horas de sus madrugadas, llegó a la conclusión de que, si ella quería algo con él, también podía hacer algún tipo de movimiento para eso. Él era el único que se había acercado de forma no fraternal y ella nunca había intentado nada. Y eso lo confundía. Porque le había dicho una cosa, pero sus acciones no eran muy guiadas por sus palabras. —     Yo no quiero ninguna chica. Yo quiero estar contigo. Aubrey sintió un hueco en su estómago y cómo su pulso comenzó a acelerar. Ella no había vuelto a ver que él hiciera algún tipo de comentario sobre ellos dos y tampoco había vuelto a tratar de besarla. Ella se sentía estúpida porque si, quería hacerlo. Pero tenía miedo, ella no sabía cómo comportarse con él en ese aspecto.
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