Capítulo 10

1774 Words
Era muy expresiva y abierta, pero después de que sucedieron todas esas cosas comprometedoras entre los dos, definitivamente se había vuelto en una chica pequeña frente a una situación más grande que no sabía cómo afrontar. Él le gustaba y muchísimo. Siempre había sido así.  Le gustaba pasar tiempo con él, le gustaba su forma de ser, se llevaba excelente con su familia y también le parecía un hombre muy simpático. Era un buen partido. Pero también pensaba en si se llegaran a terminar las cosas, nada volvería a ser igual. Se perderían todos los años de amistad que tenían y ella no quería que se alejara de su vida. No lo soportaría. —     Pero —tragó saliva, nerviosa—, siempre me vas a tener. —     Sabes que no hablo de esa forma —musitó serio Ansel. Se estaba cansando de esa situación—. No entiendo por qué te comportas así después de todo lo que ha pasado y que sabes que también te gusto. —     No es eso. Espera- —     ¿O es que ya no te gusto? ¿Es eso? Por eso no intentas hacer nada. —     No, Ansel —negó rápidamente y se levantó se lugar, arrodillándose frente a él. —     ¿Entonces? ¿Cuál es el problema, Bry? —     Yo no quiero que esto salga mal. No quiero terminar mal contigo. El rostro de Ansel se enfureció y se levantó, mirando a su amiga con el ceño fruncido. —     ¿Por qué piensas en eso? No ha comenzado y ya quieres acabarlo. —     No, no —los ojos de Aubrey comenzaron a picar—. Yo te amo y no quiero que te alejes de mi por algo que puede que sea solo una confusión. —     ¿Es en serio? ¿Para ti esto es una confusión? Qué estupidez… —el castaño puso su cabeza entre sus manos y negó varias veces. ¿Cómo podía decir que se trataba de una confusión? Él se sentía así desde que eran unos niños. Ella le había gustado desde que se habían conocido y él nunca había querido ser su amigo. Solamente había respetado su decisión y había olvidado la situación un tiempo, pero después de besarse en aquella fiesta, él no había podido esconder más lo que estaba sintiendo. Él quería estar con ella como su novia. No como su amiga. Y no le importaba lo que sucediera después. Quería intentarlo porque sabía que funcionaría. Ellos se conocían completamente y no existían secretos entre los dos. Podían funcionar como una pareja. —     No, perdón. Yo- —     ¿Sabes qué? Piensa lo que quieras, Aubrey. Yo creo que es mejor que nos tomemos un tiempo alejados. Necesitamos aclarar nuestras ideas. —     ¿Hablas en serio? Yo solo quiero proteger nuestra amistad… —     ¿No te gusto? —     Ansel… —     Respóndeme —ordenó tomando lentamente sus manos—. Si no te gusto, dejo de molestarte con el tema y me disculparé por incomodarte. —     Ansel, por favor… —     Aubrey, responde. Las mejillas de Aubrey comenzaron a llenarse de lágrimas y ella bajó la cabeza, para que él no la viera. A ella no le gustaba. Le encantaba. Pero tenía miedo de todo lo que acarrearía eso. —     Ansel, yo- Y por impulso pegó sus labios rápidamente a los de él. No quería hablar, le daba vergüenza aceptar que tenía razón y que estaba siendo una estúpida por no aceptar que estaba enamorada de su mejor amigo. Eso solamente lo había visto en las películas y libros, pero también sentía que tenía que vivirlo como esos personajes. Quería vivirlo. Quería saber qué podría saber y si superarían lo que era una relación a distancia. El muchacho sonrió entre el beso y la pegó más a su pecho. No podía creer que realmente ella estuviera tomando la iniciativa de besarle. Eso tenía que ser una respuesta. Podía que no lo hubiera dicho, pero simplemente con haberle besado, lo sabía. Así que con toda la felicidad que se encontraba en su cuerpo, la abrazó aún más fuerte y profundizó el beso, mostrando que estaba esperando ese momento desde hacía mucho tiempo. No sabían cuánto tiempo había pasado, pero luego de darse algunos besos castos, se separaron, respirando entrecortadamente. Se habían sentido completos. —     ¿Eso significa que sí te gusto? —     Idiota —Aubrey rió y le golpeó el pecho—. Eso significa que tienes razón. —     No puedo creer que me estés dando la razón. Eso es algo impresionante. —     No seas tan exagerado… —     Tu siempre tienes la razón —rodó los ojos Ansel—. Si no te la doy, no hablas conmigo por una semana completa. —     Siempre la tengo… menos hoy. —     Esto es un milagro. Ansel miró la hora y se dio cuenta que ya era muy tarde y tenían que volver. Quería invitarla a que se quedara en su casa, pero sentía que tal vez ella pensaba que él estaba buscando otra cosa más allá de su compañía, entonces evitó proponérselo. Quería que las cosas fueran a su paso, hasta que se sintiera completamente segura de querer estar con él. —     ¿Vamos a tomar un taxi? —     Me gustaría caminar. El rizado asintió y comenzaron a caminar. Los dos sabían que estaban caminando más lento que de costumbre, pero ninguno dijo nada al respecto. No querían separarse y era la forma de alargar aquella despedida. Luego de media hora, se comenzaron a cansar y se dieron cuenta que tal vez la decisión de caminar no era la mejor para esa hora y para dos chicos que llevaban consigo un computador nuevo y llevaban caminando desde temprano en la mañana. Así, tomaron un taxi y se dirigieron cada uno a su casa. Primero se quedó Aubrey frente a la suya y luego Ansel. —     ¡Buenas noches, mamá! —saludó entrando a casa. —     ¡Cariño en la cocina! —     ¡Voy! Dejó las bolsas en la sala con cuidado y se dirigió a la cocina, donde se sorprendió, al ver a su padre. ¿Qué hacía ahí? —     Hola, hijo. —     Hola… ¿Qué haces aquí? —     Quería hablar contigo. —     ¿Sobre qué? Ellos tenían una buena relación, pero nada del otro mundo. Era algo más de amistad que de amor. Su padre se había ido cuando era un niño y ya tenía su familia, lo que había hecho que se desligara bastante de él y tampoco se veía por alguno de los lados ganas por mejorar la relación. Ya se habían acostumbrado a eso. —     Tu universidad. Supe que vas a entrar a una de las mejores del país. —     Si, ¿Qué pasa? —     Me gustaría que nos fuéramos juntos allí. Quisiera comprar algunas cosas para ti. —     ¿Cuándo? —     A finales de esta semana. Pronto entrarás y quiero que lleguemos unas semanas antes. Ansel torció su boca y negó. No necesitaba nada de su padre. Él no había estado a su lado y ahora quería mostrar algo que no era. —     No lo necesito, gracias. —     ¡Ansel! —Sofia abrió los ojos, mirándolo con cara de “¿en serio?”. —     No, mamá —la cortó—. Él nunca ha estado para mí, para que ahora quiera comprarme con unas pocas cosas solamente porque me graduaré y comenzaré a ganar dinero. No lo acepto. —     ¡Ansel! —Gritó su padre, furioso—. ¿Cómo se te ocurre decir eso? Eres mi hijo. —     No, yo dejé de ser tu hijo cuando tu decidiste dejar nuestra relación de lado por tu otra familia. No quiero hablar más de esto. —     No te estoy pidiendo ninguna opinión, Ansel Ace.   —     Y yo no te estoy pidiendo nada a ti, Daniel Ace. Luego de eso, Ansel salió de la cocina y se dirigió a la sala, donde reposaban las cosas que había comprado con sus ahorros. No sabía si había tomado la decisión correcta, pero para él lo había sido. Su padre nunca había estado para él y ahora, tampoco lo necesitaba. Tenía a su madre y ella había hecho todo por él. Ella era la única que merecía las recompensas de todos sus esfuerzos por sacar adelante a su hijo. Pudo escuchar cómo discutían sus padres mientras él subía a su cuarto y no pudo importarle menos de lo que hablaran. Cuando era más pequeño podían decidir sobre él lo que quisieran, pero en ese momento, no. Él no iba a soportar que nadie tomara decisiones sobre su vida y menos cuando ya todo estaba bien planeado.                                       ☼☼☼   Aubrey luego de llegar a casa, subió a su cuarto y se acostó en su cama a pensar. Todavía estaba entendiendo lo que estaba sucediendo y no podía creer que había vuelto a besar a Ansel. Además, que besaba bastante bien y eso la enamoraba más. El sonido de su celular la sacó de la nube en la que se encontraba y revisó, para luego contestarle a Ansel. El dueño de sus pensamientos desde que había cruzado su puerta. —     ¿Hola? —     ¿Cómo llegaste, Bry? —     Bien, ¿y tú? —     Bien… Adivina quién está aquí. —     No sé. ¿Tu papá? —Se rió Aubrey—. De verdad que no vuelve desde que fue por cigarrillos. La línea se mantuvo en silencio y un sonido de sorpresa salió de la boca de la chica. Era adivina. Debía comenzar a cobrar por leerle las cartas a las personas. —     ¿En serio está ahí? —     Si… Quería llevarme a la universidad. —     ¿Cómo así? ¿Cuándo? —     El fin de semana. ¿Puedes creerlo? —     ¿Aceptaste? —Aubrey no respiró hasta que la persona del otro lado de la línea respondió. —     Claro que no. Él me abandonó. No podía esperar que yo quisiera irme con él porque sí. —     Pero es tu padre… —trató de seguir el deber ser, pero se levantó y comenzó a bailar frente al espejo al saber que lo tendría por más tiempo. —     ¿Y? No te hagas. Estoy seguro de que estás igual de feliz que yo… —     Bueno… —rió—… algo así. —     Y más por lo de hoy, ¿no? —     Puede ser… —Aubrey mordió su labio inferior y sonrió aún más grande. —     Acabamos de dejarnos y ya te extraño… —     ¡Ay no! —Gritó ella, riéndose—. ¡No lo hagas! —     Pero si te extraño… no puedo vivir sin ti.
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