— ¡Espera! —Cuando él comenzó a caminar, ella lo detuvo—. Ten. Puedes guardar mi celular, si quieres escribirme.
Ansel negó suavemente—. No te preocupes, yo-
— Está bien.
Y Diana se fue.
Tratando de dejar a un lado el momento incómodo. Volvió a revisar su celular, para encontrar la siguiente clase a la que tenía que asistir. Se sentía algo solo, pero estaba bien. No era nada del otro mundo. Además, estaba seguro de que pronto encontraría algunos amigos con quienes hablar.
Su celular comenzó a sonar y se dio cuenta que era Aubrey.
— Fue horrible —habló él.
— Iba a decir lo mismo —rió la chica del otro lado de la línea—. Estuvo horrible. Quiero llorar.
— Mi profesora es una mierda.
— El mío no. Es buena persona, pero ya tuve un problema con un compañero y- horrible.
— ¿Qué pasó? —Ansel se preocupó, esperando que nada del otro mundo hubiese sucedido.
— Comenzamos a debatir sobre algunas libertades y él se enfureció y el profesor tuvo que intervenir. Realmente fue él el que estuvo mal.
— Entiendo.
— ¿Cómo te fue a ti?
— Una chica me ofreció su número.
Aubrey se mantuvo en silencio y luego se escuchó, como aclaraba su garganta.
— ¿Por qué?
— No lo sé. Simplemente me lo ofreció. Le dije que no y me dejó ahí el papel.
— Entiendo —rió la chica—. Te lo dije. Comenzarías a tener admiradoras.
— La única que me importa está lejos de mí.
Un "aw" se escuchó y luego una risotada por parte de ella. Aquello le había llenado el alma a Ansel. Ya se sentía preparado para continuar con sus clases.
Más allá de novios. Eran mejores amigos y por eso decidían contarse todo. Además, la confianza siempre había estado ahí y por el hecho de ser pareja, no quería decir que iban a poner límites a su confianza. No. Aunque sabía que había temas que claramente no se podrían volver a tocar como hacían en el pasado, no era que le quitara el sueño. Al contrario, tampoco le importaba porque no necesitaba hablar de nada que no fuese lo que estaba viviendo en ese momento.
Por parte de Aubrey era algo parecido. Ella siempre había pensado que la confianza era primordial si querían comenzar una relación y si, así era. Ellos se contaban prácticamente todo desde que eran unos niños y ahora de pareja, lo iban a reforzar. Aunque claro, el tema de chicas molestando a Ansel no era que quisiera todo el tiempo. Entendía que sí, eso iba a suceder. Pero tampoco quería que fuera repetitivo.
— Acabo de llegar a mi clase —expresó ella, dejando su mochila en una de las tantas sillas del lugar—. Hablamos en la tarde. Te quiero.
— Está bien. También te quiero.
La castaña soltó una bocanada de aire y se dejó caer en el lugar que había apartado. En la primera clase había conocido a una chica de nombre Amelia y esperaba que tuvieran la misma clase.
Observó cómo entraban sus compañeros y apenas vio aquella mata de cabello liso, llamó su atención para que se sentara a su lado.
— ¡Hola! —La saludó Amelia, feliz—. Menos mal, también estás aquí.
— Estaba rogando que tuvieras esta clase.
— Yo también.
Su día había estado tranquilo, aunque aquel chico con el que había debate en su primera clase había sido algo grosero. Pero como había dicho su profesor, eso sería normal hasta que comenzaran a crear un criterio y así el debate se nutría de argumentos y no ataques.
Esperaba que estudiara un poco más y luego, volvieran a discutir. Sin faltar el respeto.
— Ese chico de esta mañana, un loco total —Amelia se burló, sacando su agenda—. En mi escuela había uno parecido. Al final lo expulsaron porque quiso golpear al profesor de educación física.
— ¿En serio?
— Si. Un loco total.
Aubrey negó levemente con su cabeza y su profesor entró por la puerta. Era bastante joven para ser docente y su compañera le golpeó con el codo, para que apreciara lo guapo que era. Ella rió y se encogió de hombros, dándole la razón.
Que tuviera novio no la hacía ciega.
— Así, creo que aprenderé bastante.
— Cállate —la castaña rodó los ojos con gracia y pronto, la clase comenzó.
La clase se pasó rápidamente. Había tomado más apuntes que en todo su último año de escuela y su dedo anular dolía por apoyar el lapicero en él.
— ¿Quisieras venir a mi casa? —Le preguntó Amelia—. Mamá planea una cena por mi primer día. Estaremos ella, mis dos hermanos y yo.
Bry lo pensó unos segundos y aceptó. Le agradaba la idea de comenzar a conocer más personas.
☆☆☆
Las cinco de la tarde llegaron y los dos chicos estaban hablando después de haber comido su almuerzo y haber dormido un poco.
— Hoy estuvo bien —Ansel murmuró mirando al techo. Conocí un chico. su nombre es Spencer.
— Yo también conocí una chica. Amelia.
— Me alegro por ti, Bry.
— Hoy me invitó a cenar en su casa —comentó con una sonrisa.
— ¿Irás?
— Claro que sí.
Ansel asintió, queriendo hacer algo también.
— Yo estoy aburrido. Creo que también saldré con Spencer. Le escribiré.
— Estaría bien. Llevas mucho tiempo solo.
— Lo sé.
— ¿Te sientes triste? —Aubrey cuestionó, mirando directamente la pantalla.
— No, para nada. Solamente algo solo. Tengo que llegar a preparar mi propia comida, nadie me recibe con alegría, nadie está conmigo. No sé. Es difícil.
— Lo sé…
— Pero estoy bien. En mi mente sé que tengo que saber manejar esto.
Hablaron aproximadamente una hora más y se despidieron, para cada uno comenzar a alistarse para sus correspondientes salidas.
Ansel había cuadrado con su nuevo amigo, una salida por el campus y luego miraría si haría algo más, mientras Aubrey solamente la cena en casa de Amelia.
☆☆☆
Ansel estaba caminando por el campus con una cerveza en la mano, mientras reía a carcajadas. Spencer se había caído y había ensuciado todo su pantalón. Ahora tendría que botarlo.
— No puede ser —se quejó, aburrido—. Este era mi pantalón para conquistar.
— ¿Eh?
— Vamos a ir al bar. Traeremos algunas chicas con nosotros.
— No, yo-
— Mira, hombre —Spencer le abrazó por los hombros—. Somos demasiado jóvenes y acabamos de comenzar la universidad. Seremos codiciados. Tenemos que aprovecharlo.
El castaño levantó las manos, como burla—. Yo tengo una novia en casa.
— Y no está aquí.
— ¿Y?
— Por ahí escuché eso de “amor de lejos, amor de pendejos”. Deberías disfrutar tu vida.
Ansel se sintió algo molesto por ese comentario, pero aceptó que fueran al bar. Una cosa era aceptar para tomar algo, y otra completamente diferente era aceptar para buscar traer chicas con él.
No estaba muy interesado.
Si le hubiese propuesto eso seis meses atrás, él estaría encantado de hacerlo. De poder disfrutar su sexualidad con tranquilidad y de no tener compromisos con nadie. Pero demonios, es que no iba a dañar su relación con Aubrey. Tanto tiempo que él había estado sintiendo cosas por ella y no iba a dejar que se fuera a la mierda solamente por algo de una noche o un ataque de locura. No. Él sabía lo que era ella y la valoraba.
Los dos muchachos llegaron a un pequeño bar, donde podían entrar con mínimo dieciocho años. Ellos estaban bien de edad, mostraron su identificación y continuaron dentro del lugar. Según Spencer, ahí era donde entraban las personas de los primeros años que aún no podían entrar a los bares de gente más adulta o que exigían que tuvieran tres años más.
Dentro del lugar todo estaba decorado con “bienvenidos” y claramente supieron que era para las personas de su semestre. El lugar estaba abarrotado y Avicii se escuchaba con fuerza.
En ese momento Ansel maldijo mentalmente por la migraña que pronto aparecería y se dirigió a uno de los lugares que habían apartado para ellos dos.
— Demonios —su amigo sonrió—. Esto es excelente.
— Lo es —trató de darle la razón a Spencer, pero si no cambiaban esa música, estaba seguro de que moriría.
Una chica llegó a la mesa y les ofreció varios tipos de trago a lo que pidieron lo que más les había llamado la atención y comenzaron a tomar, mientras continuaban observando las personas en el lugar.
— Oh, mira —Spencer señaló una chica—. Hoy tuve clase con ella. Su nombre es Karen.
— Entiendo.
— La llamaré.
Inmediatamente se levantó de su lugar y caminó directo a la chica, que se encontraba en el centro del lugar con varias amigas. Apenas ella vio al chico, le sonrió, mientras asentía con su cabeza.
— Dios… —susurró Ansel viendo cómo se acercaba ella con varias amigas. Ya no le estaba gustando lo que estaba haciendo su amigo.
— ¡Hola! —Lo saludó la chica y él le devolvió el saludo a cada una de ellas—. Me llamo Karen. ¿Cómo te llamas?
— Ansel.
— Lindo —rió la chica, sentándose a su lado.
La incomodidad comenzó a llenar el cuerpo del muchacho y sacó su celular, para escribirle a su novia, pero unas manos con uñas más largas que su vida, tomaron el celular y lo escondieron.
— ¿Podrías dármelo? —Preguntó sintiéndose algo furioso.
— No. Estamos aquí. Vamos a jugar algo.
— No. Dame mi celular.
— ¿Qué me darías? —Karen preguntó acercándose un poco al castaño.
— Nada. Dame el maldito celular —Gruñó, exasperándose.
La chica y sus amigas dejaron de sonreír y dejaron escapar un bufido. Karen, sacó el celular de su pecho y se lo entregó de mala gana.
— No eres nada gracioso.
— No me importa.
Y se levantó, dejando el lugar sin decir nada.
Spencer estaba muy ocupado con una de las amigas de ella como para darse cuenta de lo que había sucedido, cosa que tampoco le importaba a Ansel. Él simplemente había querido escapar de la monotonía y encierro que atravesaba en ese lugar y el idiota de su amigo solamente había sabido meterlo en un bar para buscar chicas.