Rápidamente Ansel con ayuda del conductor bajaron las cosas y ella continuó soltando pequeñas bocanadas de aire para no largarse a llorar ahí mismo.
— Estamos listos…
Momentos después llegó Jay y Sofia y comenzaron a buscar la puerta por donde tendría que entrar él y abordar. Habían decidido quedarse en ese lugar unos minutos ya que más allá no podían pasar.
— ¿Les gustaría tomar algo? —Jay se levantó de su asiento mirando la hora. Aún podían comer algo.
Los presentes pidieron algo de tomar, mientras Aubrey se mantenía callada y observando el suelo. Su respiración era lo único que podían escuchar y llegaron a asustarse un poco, pero los apretones de mano que le daba a Ansel hacían que se tranquilizaran. Solamente necesitaba su espacio para controlarse.
— Aubrey… —murmuró el muchacho tratando de buscar su rostro—. Me tengo que ir.
— No.
— Mi amor…
Inmediatamente Aubrey rompió en llanto y se pegó a su pecho. No lo quería dejar ir, quería pensar solamente en su relación y que el perdiera su vuelo. Quería que volvieran a casa y continuaran viendo alguna serie o película.
— Prometo que si volvemos veremos tus películas favoritas, mi amor…
— Bry, por favor… —musitó Ansel sintiendo su corazón romperse en miles de pedazos. Habían sido pocas las veces que la había visto de esa forma. Y era horrible.
— Por favor no te vayas. Por favor, por favor.
Los ojos de Ansel picaron y comenzaron a caer algunas lágrimas por su rostro. Él no quería que le viera de aquella forma. Necesitaba mostrarse fuerte para que ella estuviera igual. Si los dos se quebraban iba a ser más difícil que se separaran y él era capaz de mandar todo a la mierda solamente por volver a los brazos de ella.
— Bry. —La tomó de los hombros— Sabíamos que esto iba a pasar, ¿no?
Ella asintió sin fuerza.
— Bueno, tenemos que ser fuertes. No estaremos separados por mucho tiempo.
— Si lo será. ¡Son seis meses!
— No lo va a ser —negó—. Te prometo con mi corazón que nos veremos algunos fines de semana. Vamos a luchar por esto, ¿sí?
Aubrey negó varias veces con su cabeza y apretó los ojos, sintiendo todo el dolor que había reprimido durante el final de las vacaciones.
— ¡Bry! —Gritó el muchacho, buscando captar toda su atención— ¡Lo haremos!
— No soy tan fuerte…
— Lo eres y más que yo.
Ansel la abrazó y pegó a su pecho, dejando que llorara un poco más allí. Le dijo que sería un momento y luego debía dejar de llorar. Quería que se despidieran de buena manera y no tener que dejarla llorando ahí, sola.
Sofia y Jay se mantenían al margen. La primera si se sentía triste, pero le rompía el corazón ver así a su nuera. Por su parte, Jay quería que ella se desahogara. Se le había hecho muy raro ver que ella había estado tan tranquila y campante sin demostrar nada durante toda esa semana. Aunque de todas formas no había estado mucho en casa tampoco, pero lo poco que habían convivido, se había visto bien.
— Te adoro —Aubrey sorbió y limpió su nariz con la manga de su saco—. Dios, que asqueroso esto.
— Yo también te adoro —sonrió Ansel, pegándola aún más a su pecho.
Quería darle la sorpresa de que pudiera visitarle en algún momento que tuviera libre, pero aún no lo había planeado bien. Y tampoco sabía si era mejor que el volviera a la ciudad o que ella fuera. Aunque de cualquier forma ella tendría que ir ya que él quería presentarle a las personas que conocía y el lugar donde vivía.
— Siempre vas a poder escribirme o llamarme y ahí estaré, ¿vale? —Murmuró, escuchando como en las bocinas comenzaban a llamar a las personas de su vuelo—. No importa la hora. Siempre vas a contar conmigo, Bry.
— Lo sé —susurró ella, pegándose a su pecho—. Tu también puedes contar conmigo para lo que sea. Aún así esté en clase.
— Te voy a extrañar, mi amor…
Luego de aquello se fundieron en un beso que sería el último por algún tiempo. Los dos se complementaban tan bien, que todo lo que hacían, se sentía de la misma forma.
Ansel terminó despidiéndose de su madre y Jay y pronto se embarcó en su nueva aventura, donde tendría que estar solo en una ciudad completamente nueva para él.
No sabía cómo le iría y si su salud mental estaría a tope. Pero lo que, si sabía, era que quería salir adelante por su madre, Aubrey y él.
— Te amo, Bry.
Ansel se subió a aquel avión y sintió cómo su vida comenzaba a cambiar. Simplemente con el hecho de que nunca había tomado un vuelo solo y siempre lo había hecho junto a su madre. Quería correr de nuevo a los brazos de las personas que más amaba, pero sabía que no lo podía hacer. Tenía que ser fuerte y hacer frente a lo que vendría para él.
Encontró su lugar y se dejó caer algo triste en el asiento. Varias de las personas que estaban sentadas en aquel avión eran jóvenes como él. Tal vez tendrían que vivir lo mismo.
Observó su compañera de fila y ella le sonrió con cordialidad, viendo el rostro de tragedia que tenía.
— Hola —murmuró, buscando comenzar una conversación. Quería poder enfocarse en otra cosa mientras llegaban a la ciudad.
— Hola —respondió la chica, mirándolo con atención. Ella esperaba que él volviera a hablar.
— ¿Vas a estudiar?
— Si, ¿y tú?
— También.
— Eres de primer año, ¿no?
— ¿Se nota?
La chica comenzó a reír y asintió. Ella también se había puesto así al principio y podía reconocer a una persona que tenía que estarse moviendo entre ciudades por cuestiones familiares y de estudios. Además, Ansel se veía demasiado joven y sus ojos tristes lo delataban.
— El proceso es difícil —se encogió de hombros la chica—. Pero cuando comiences a ver los frutos, estarás muy feliz con eso. Y tu familia también.
— Es algo difícil, dejé a mi novia en casa también.
Ella asintió, entendiendo su situación—. Si, yo también tengo que dejar a mi novio en casa. Él ya se graduó de la universidad.
Ansel se sorprendió.
— ¿Estuvieron juntos durante sus estudios?
— Por supuesto —sonrió—. Éramos amigos y ahora esperamos a que pueda graduarme y comenzaremos a ahorrar para nuestra casa.
Nuevamente, Ansel se sorprendió.
— ¿Cuántos años tienes?
— Veinticuatro.
— ¿No eres muy joven para casarte?
— Nadie dijo que me casaría.
Luego de eso, se presentaron formalmente. La chica se llamaba Megan y era de la misma ciudad. Aunque Ansel nunca la había visto, se dio cuenta que podían tener algunos conocidos. De todas formas, no eran muy contemporáneos. Ya se llevaban algunos años y las diferencias entre ellos se hacían notar.
El vuelo duró algunas horas hasta que el avión comenzó a bajar, haciendo que el castaño comenzara a sentir un vacío dentro de él. Siempre le había parecido horrible la sensación al despegar y al aterrizar. Al principio siempre le daban ganas de vomitar, pero luego comenzó a manejar mejor la situación y solamente se mareaba un poco.
— Por favor —habló la azafata—. Pueden tomar sus maletas y dirigirse con cuidado hacia la salida. Ha sido un placer estar con ustedes hoy.
Se escuchó un coro dar las gracias y Ansel tomó dos mochilas que había podido subir al avión y comenzó a dirigirse hacia la salida. Megan le acompañaba detrás y con cuidado comenzaron a bajar por las escaleras altas que los llevaban a tierra firme.
— Cada vez odio más tener que viajar. Llevo haciendo esto como cinco años.
— ¿Siempre vas en vacaciones donde tu familia?
— No siempre he podido —respondió Megan, acomodando su maleta—. El año pasado tuve que pasar navidad sola. No tuve tiempo para irme ya que tuve que adelantar algunas cosas de mi trabajo de grado y no podía hacerlo en casa.
Ansel pasó saliva y se imaginó si alguna vez no podía ir. Por lo menos esperaba que su madre le visitara o que Aubrey viajara para que pasaran las celebraciones juntos.
Los dos se dirigieron hacia donde se recogían maletas y el castaño observó cómo llegaban una por una las suyas. Uno de los trabajadores del aeropuerto le pasó un maletero y así, pudo comenzar a organizar todo sin estresarse. Cuando había terminado de recibir todas sus maletas, Megan le comentó que ella estudiaba en otra universidad y que tenía que irse. Así que se despidieron y Ansel se dirigió a la salida, donde le esperaba un hombre con un letrero.
— Buenas noches, Me llamó Bernard —le sonrió—. Bienvenido. Yo seré el encargado de llevarlo a su departamento.
— Buenas noches. Me llamo Ansel.
Los dos comenzaron a caminar con lentitud llevando todas las maletas y comenzaron a acomodarlas dentro, para que pudieran irse del lugar.
— ¿Está listo, señor Ace?
— Listo.
Bernard comenzó a manejar directo al campus de la universidad y Ansel aprovechó el momento, para mandarle un mensaje a su madre y Aubrey, diciendo que había llegado en buenas condiciones y que apenas se instalara, les llamaría por videollamada.
— ¿Es su primer año?
— Si, siento que se nota demasiado en mi rostro.
Bernard sonrió—. He llevado jóvenes llorando a sus departamentos. Si fuera por eso, no se notaría. Simplemente usted se ve algo joven.
— Lo soy. Apenas tengo dieciocho años.
— Claro. Ahí está.
— ¿Algún consejo?
— No se desenfoque de su fin. Siempre piense por qué está aquí y qué busca lograr —explicó el hombre—. Puede ser algo difícil por la lejanía familiar, pero se amoldará al estilo de vida universitario y muchas veces ni tendrá tiempo para sentirse solo porque tendrá muchas cosas que hacer.
Él no podía ocuparse tanto en los estudios. Él necesitaba comunicarse diariamente con su madre y con Aubrey. Así que mentalmente se puso la meta de tratar de solucionar todos sus compromisos académicos en las tardes y la noche poder descansar y hablar con ellas dos.
— Eso suena emocionante.