Capítulo 15

1743 Words
Bernard sonrió un poco y le señaló un edificio antiguo y con un excelente cuidado. —    Ahí es donde usted estudiaría. Y allí… —señaló al otro lado otro edificio más nuevo—… es donde viviría. Media hora después, Ansel se encontraba frente a su departamento con las mil maletas que había llevado consigo. Le gustaba el tamaño del lugar ya que no era muy grande como para que hiciera frío y se sintiera solo. Sino lo necesario para que fuese acogedor. Con cuidado entró cada una de las maletas y comenzó a organizar todo en su lugar. Su madre le había dicho que se había encargado de organizar todo para que cualquier cosa sobre el departamento, le dijeran directamente a ella y no le molestaran a él. El castaño se dejó caer con pesadez a la cama cuando terminó de entrar con todo y tomó su celular, para avisarle a su madre y Aubrey. El único problema era que ya era de noche y tal vez no estarían juntas, pero esperaba que si fuera así. —    Mamá —sonrió cuando su madre le respondió la llamada. —    ¡Hijo! ¿Cómo estás? —    Bien, má. Algo cansado. —    Entendible, cariño —sonrió la mujer—. Pronto tienen que darte la clave del internet para que puedas utilizarlo, ¿está bien? —    Perfecto. —    Por favor, come algo. —    No hay mucho aquí —rió Ansel mirando alrededor—. Solamente tengo cajas y más cajas. —    Pide un domicilio. —    Está bien, mamá —rodó los ojos—. ¿Aubrey está contigo? —    Si, ya le digo para que hables con ella. —    Gracias. Algunos minutos pasaron y un bostezo salió de los labios de Ansel. —    ¡Hola! —Aubrey le saludó desde el otro lado de la línea y él inmediatamente prestó atención a la chica—. ¿Cómo sentiste el vuelo? —    Hola, Bry. Estuvo bien. ¿Cómo estás tú? —    Ahí —se encogió de hombros la castaña—. extrañándote. —    No seas romántica —trató de burlarse el muchacho, para alivianar un poco el ambiente. Podía ver lo triste que se encontraba ella aún. —    Perdón. —    Te adoro, Bry… —    Yo a ti también. Luego de eso, comenzaron a hablar sobre lo que había sucedido después que él se había ido y Aubrey soltó un suspiro lastimero, recordándolo. En el momento que su novio había desaparecido por la puerta, ella volvió a llorar, pero esa vez, su madre y Sofia la abrazaron, dejando que se desahogara con ellas. Claramente se sentía triste y lo extrañaría, pero unos pocos minutos después trató de recobrar su tranquilidad, dejando de llorar poco a poco. —    ¿Quieres que nos vayamos ahora mismo? —    Por favor… —    Vamos, Jay. Las tres mujeres caminaron fuera del lugar y para cuando habían llegado al auto, Aubrey ya se sentía más tranquila. Aún sentía el hueco en su estómago, pero ya se encontraba mucho mejor. Sabía que él se había ido por sus estudios y ella también tenía que comenzar a encargarse de los suyos. —    Mamá… —llamó a Jay mientras se encontraba en el asiento el copiloto—. ¿Cuándo vamos a comenzar a arreglar mi cuarto? —    Mañana, cariño. Tenemos que cambiar algunas cosas para que puedas estudiar tranquila. —    Está bien. —    No te preocupes —le sonrió su madre—. Todo va a salir bien. Luego de eso, entraron a casa y decidieron comer algo. Habían decidido acomodar la habitación de Ansel puesto que había quedado un poco desorganizada, pero nada del otro mundo. Aubrey se había encargado de todo y para las dos mujeres adultas, era lo mejor. Así ella iba a mantenerse ocupada mientras él se comunicaba con ellas. Ella había decidido tomarse los siguientes días para dirigirse a la universidad, comprar las cosas que necesitaría para comenzar sus clases y algunas agendas, para poder anotas los apuntes que sabía, tendría que tomar. —    ¿Te sientes emocionado? —Cuestionó, mirándolo. —    Un poco, pero más que nada, nervioso. —    ¿Por qué? —    Porque estoy solo, Bry. —Espetó pasando una mano por su cabello— Por lo menos tu estás con tu madre y la mía. Yo tengo que enfrentar todo aquí solo. —    Deja de decir eso. Podemos estar lejos pero siempre nos vamos a apoyar para todo. Ansel observó unos segundos el rostro de su novia y sonrió. No podía verla claramente puesto que estaba utilizando el plan de internet de su celular, pero igualmente podía observar lo hermosa que era. Ni siquiera llorando podía verse de otro tipo. Se encontraba muy enamorado de ella. —    Eres hermosa, Bry. Las mejillas de la susodicha se enrojecieron y achinó sus ojos, mirándolo. —    No me hagas esto. —    Es en serio. Me siento muy orgulloso de estar contigo. Bry soltó un “aw” y le dio un beso a la pantalla del celular, queriendo pensar que se trataba de Ansel. —    Ese beso es para ti. Solo piensa que te lo di. —    ¿Quién lo diría? —Se burló el castaño—. Tú mandándome besos por una pantalla. —    Nadie lo tiene que saber. Y comenzaron a reír nuevamente. Aquella noche hablaron hasta que la chica se quedó dormida con el celular en sus manos y Ansel decidió apagar el suyo, para descansar también. Al parecer, al siguiente día tenía que ir a arreglar algunas cosas dentro de la universidad y a comprar comida para que pudiese cocinar en casa. Su estómago sonaba y como nunca le había pasado, se acostó a dormir sin comer algo. Estaba demasiado cansado para esperar por un domicilio y, además, ni siquiera tenía la dirección exacta de su departamento.                         ☼☼☼   El siguiente día llegó más rápido de lo esperado y Ansel tuvo que madrugar, para comenzar a organizar sus cosas y salir del departamento. Se encargó de asearse y a las ocho en punto, se encontró buscando las llaves que Bernard le había dado, para que pudiese entrar. Al momento que las encontró, las tomó y junto a su celular, salió del departamento, encontrando un pastel en el piso que, por cierto, casi golpea con su pie. —    “Bienvenido” —Leyó y lo levantó lentamente para observarlo. Miró a los lados del lugar y no encontró ninguna persona, así que recogió el pastel y lo dejó en una de las cajas y cerró la puerta. En el momento que él cerró, una bolsa de harina cayó encima suyo y varias personas aparecieron gritando y comenzaron a llenarlo de todo tipo de comida. Ansel abrió su boca sorprendido por esa situación y trató de taparse lo más posible para que nada pudiera entrar a sus ojos. —    ¡Esperen! ¡Suficiente! —Unos gritos se escucharon por el pasillo y prontamente todos salieron corriendo, lejos de la puerta del castaño. —    Demonios… —susurró éste y trató de limpiar un poco su ropa, para entrar nuevamente al departamento y no ensuciar mucho. Ahora tenía que comprar varias cosas de limpieza. —    Joven —escuchó que le llamó una mujer mayor—. ¿Quién hizo todo esto? —    No lo sé. Acabo de llegar. La mujer bufó y tocó el puente de su nariz. Siempre que llegaban estudiantes nuevos, algunos antiguos se habían encargado de hacerles eso. No sabía de dónde obtenían la información de que en esos departamentos específicos se encontraban y, además, esa zona era más exclusiva ya que los padres pagaban más dinero porque sus hijos vivieran en un departamento solos, lo que también muchas veces le generaba problemas con los padres. —    Por favor, entra a tu departamento y arréglate. Lamentamos mucho esta situación y no volverá a suceder. —    Está bien. Cabizbajo, Ansel volvió a entrar, quitó todas su ropa a la entrada y se metió a bañar lo más rápido posible. Lo bueno era que solamente había ensuciado la entrada del departamento. Lo malo, que tenía que buscar más ropa entre toda la que se encontraba en las maletas debido a que lo que se había puesto, lo había sacado en su casa y llevado en una de las maletas que pudo subir al avión. Cuarenta minutos después volvió a asomarse por la puerta y al no ver nada, salió corriendo fuera del lugar. Necesitaba salir antes de que alguien más le hiciera alguna broma. Al momento de salir, se dio cuenta que el lugar era más bonito de lo que había pensado y que varias personas ya se encontraban caminando por el campus. Algunos se veían igual de perdidos que él y otros ya se movían como si de su casa se tratase. Ansel primero tenía que dirigirse hacia admisiones para recoger todos sus horarios y así saber a dónde tenía que dirigirse a primera hora. —    Hola —saludó a una de las secretarias de admisiones—. Me gustaría saber a dónde podría dirigirme para mis horarios. Soy nuevo. —    Bienvenido, joven —sonrió la señora y se levantó de su lugar—. Puedes seguir a la secretaría de tu carrera. En el pasillo las encontrarás. Luego de agradecer, se dirigió hacia el pasillo y comenzó a buscar su carrera. Casi llegando al final pudo observar la que sería su secretaría y entró allí, para que le atendieran. Duró unos veinte minutos dentro del lugar, pero después pudo salir con sus horarios y salones en un papel. En ese momento lo siguiente que tenía que hacer era realizar algunas compras. Pero, cuando salió del lugar unos brazos pasaron por sus hombros, asustándolo. —    ¿Eres el nuevo? —    ¿Ah? —    Si, si eres el nuevo. ¿Te gustó tu bienvenida? —    ¿Fueron ustedes? —Cuestionó furioso e inmediatamente empujó lejos de su cuerpo al chico que lo estaba abrazando. —    Cálmate. Es un ritual de iniciación. —    También esto es un ritual —y le golpeó en el rostro frente a todas las personas que estaban ahí. Todos se quedaron sorprendidos y ayudaron a levantar al muchacho, el cual se mantenía tapándose la nariz, donde le había golpeado Ansel. Tal vez no era una buena bienvenida, pero le había enfadado que hicieran eso. Ni le conocían y ya estaban haciendo ese tipo de cosas. Era mejor poner límites desde el inicio y así luego ya no tendrían más problemas.
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