— ¿Vas a dejar la universidad? ¿Embarazaste a alguien?
Ansel comenzó a reír y negó con rapidez—. Si me dejaras hablar, tal vez sabrías qué es lo que quiero decir.
— ¡Claro que sí!
Sofia y Jay se miraron preocupadas, pero sonrieron. Se sentían felices porque ellos se conocían hacía muchos años y podían comenzar una relación muy linda. Para ellas, las relaciones más fuertes eran las que comenzaban así, de amistades que duraban años, puesto que conocían todas las facetas de la otra persona y no tenían que comenzar con el tema de saber sus gustos musicales o su comida favorita. Ellos ya conocían todo del otro.
Aubrey se encontraba seria mirándolo directamente a él. Sus manos estaban sudando y tenía nervios de que fuese a decir las palabras que habían estado hablando desde hacía mucho tiempo. Ella todavía no pensaba que lo fuera a hacer, pero con ese pequeño discurso que había dado, ya estaba comenzando a sudar.
— Bueno, como estaba diciendo —continuó Ansel—. Voy a tomar una decisión sobre mi estatus de soltero.
Un gemido salió de los labios de Aubrey y se tapó la boca, esperando que nadie le prestara atención y siguieran pendientes de lo que decía Ansel.
— En este momento estoy enamorado de una chica. Es la chica más hermosa que he visto en mi vida, después de mi madre. Ha compartido conmigo todas las etapas de mi vida y realmente me siento feliz de que nos estemos sintiendo de la forma que nos sentimos y que sea algo mutuo —miró a Aubrey—. Aubrey, yo te adoro con mi vida y lo sabes. Sabes que estoy muy feliz de poder estar compartiendo este momento contigo y me complacería completamente que me dijeras que sí. Que aceptas ser mi novia.
El comedor quedó completamente silenciado y Aubrey comenzó a tomar varias bocanadas de aire. Sentía que se estaba mareando y no quería desmayarse. No después de aquel gesto tan lindo que había tenido Ansel.
— ¿Esto es una broma? —Preguntó Jay en voz baja.
— No, señor Jay. No es ninguna broma. Quiero que Aubrey sea mi novia.
— Esto parece más una propuesta de matrimonio. Siento que se me bajó el azúcar.
El momento de tensión bajó y todos comenzaron a reír, esperando la respuesta de Aubrey.
Ella se encontraba pálida, de pie frente a su amigo.
— Ansel… —susurró.
— Dime, amor —musitó con dulzura.
Aubrey le miró y sonrió abiertamente, aun sintiéndose mareada.
— No pensé que lo harías ahora mismo. Pensé que sería como en las películas, cuando te dejara en el aeropuerto —rió.
— Ese momento sería muy triste para proponerte eso.
— Tienes razón.
— ¿Entonces?
La chica puso un dedo en su barbilla haciendo como si estuviera pensando y comenzó a reír, para después abrazarlo con fuerza.
Unos aplausos se hicieron escuchar y pronto, todos comenzaron a felicitar a la nueva pareja. Eran jóvenes, pero eso era lo más bonito. Disfrutar de su relación siendo tan jóvenes y habiéndose conocido tantos años, auguraba una relación larga y estable.
Pero, solo una persona no estaba completamente feliz.
El padre de Ansel.
— ¿Ustedes no se dan cuenta que están dañando su vida? —Preguntó él. Haciendo que todos se callaran—. Son muy jóvenes y apenas entrarán a la universidad. No van a disfrutar su vida.
— Papá, te pido que por favor no te involucres —amenazó Ansel, serio. Él no iba a aceptar que aquel hombre dañara su momento. Lo había invitado porque estaba quedándose en su casa y le daba algo de pena que viera que estaban en una cena y que no lo habían invitado.
— No —sentenció el hombre—. Tu no entiendes. Ese error cometí yo metiéndome con tu madre tan joven. No pude disfrutar mi universidad ni a las chicas.
— Cállate…
— Aunque bueno —rió el hombre con sorna—. Si disfruté una que otra a escondidas.
El ambiente comenzó a tensionarse, pero por la negatividad que emanaba el padre de Ansel y el muchacho soltó a su ahora novia, para encararlo. Si era capaz de repetir esas palabras en su cara, no le iba a temblar la mano para estampársela en el pómulo.
— Repite eso y te echo de mi casa como un perro —amenazó.
— No puedes hacerlo, soy tu padre.
— ¿Mi padre? Yo no tengo padre desde que me abandonaste.
Después de eso, Ansel lo empujó a la puerta de salida. No quería que ese hombre volviera su casa y menos, que hiciera ese tipo de comentarios que sabía, hacían sentir mal a su madre.
Con tristeza volteó a mirarla y la vio observando el suelo, perdida en sus pensamientos.
— ¿Mami? —Preguntó arrodillándose a su lado.
— Dime, cariño —susurró ella, tratando de sonar tranquila.
— Es un idiota. Tú estás mucho mejor sin él. Lo sabes, ¿no?
— Lo sé, cariño —Sofía sonrió—. Simplemente no sabía que me había sido infiel siendo novios. Si lo hubiera sabido, habría terminado todo.
— Yo entiendo, má. No tienes que darme explicaciones. Mejor levántate y vamos a disfrutar un poco.
Ansel trató de animar el ambiente, pero vio que su madre seguía igual de triste. Él estaba feliz tomando de la mano a Aubrey, pero su felicidad no podía ser completa si ella estaba en ese estado. Por esa razón, llevó a su novia a la cocina para hablar.
— Creo que es mejor dejar todo hasta aquí —masculló, acariciando los delgados dedos de la chica—. Mi madre no está de humor y no quiero obligarla.
— Si, también estuve mirándola. No quiso levantarse a seguir nuestro juego.
— ¿Te parece si seguimos mañana? Hablaré con ella y creo que pasaremos la noche juntos viendo películas y comiendo algo.
— No te preocupes —sonrió Aubrey y tocó la mejilla del castaño—. Es muy raro tratarnos así, ¿no?
— Completamente. Pero me gusta.
— A mí también.
— Entonces, ¿mañana?
— Mañana —Aubrey asintió y plantó un suave beso en los labios de su pareja—. Estaré esperando tu mensaje porque sé que vas a dormirte tarde.
Después de arreglar lo que harían al siguiente día, Ansel salió y abrazó a su madre, haciendo que ella también lo hiciera.
— Acabé de hablar con Bry. Ya vamos a acabar todo.
— Muchas gracias, hijo —suspiró aliviada Sofía.
Diez minutos después la casa se encontraba en completo silencio y solamente estaba Ansel y su madre. Los dos habían decidido comenzar a organizar todo el lugar, puesto que habían hecho bastante alboroto y luego, lavar los platos utilizados.
— ¿En serio están seguros de comenzar una relación, cariño?
— Si —respondió el joven, lavando los primeros platos—. Hemos estado hablando durante todas las vacaciones y pensamos que podría funcionar.
— ¿Por qué?
— Porque somos amigos desde hace años. Nos conocemos y esta nueva etapa la vamos a pasar juntos, aunque sea en universidades separadas.
— Entiendo… No me gustaría que su amistad se terminara por si algo pasa en esa relación.
— No pasará, mamá —espetó seguro—. Por encima de todo somos eso. Amigos. Y no vamos a dejar que nada dañe nuestra amistad.
— Está bien, en ese caso… creo que tengo quedarte una charla.
— ¿De anticonceptivos?
— No, esa ya la tuvimos. De inteligencia emocional.
Así comenzó una charla de hora y media en la cual, Sofia se había encargado de explicarle lo básico sobre tener una relación y cómo no caer en la toxicidad. Ansel escuchó atentamente y se dio cuenta que le había tenido algunos comportamientos tóxicos con chicas con las que había salido, pero que no quería reproducir más. Ni con Aubrey, ni con nadie. Por esa razón, se mentalizó con las palabras que le había dicho su madre: “siempre decir lo que nos molesta sin faltar el respeto”.
— También tienes que saber que en la universidad vas a tener todo lo que quieras en la palma de tu mano y solamente está en ti, escoger bien y pensando en tu futuro —aconsejó la mujer. Ella hubiese querido recibir esos consejos cuando recién comenzó su carrera universitaria, pero lastimosamente sus padres no tenían el tiempo ni la educación para habérsela dado.
— ¿Cómo así?
— Drogas, chicas…
— Entiendo, entiendo —sonrió Ansel—. Mamá, yo entiendo cuáles son mis límites y sé qué es lo que voy a tener que hacer y lo que no. Si quisiera volverme loco en la universidad, nunca le hubiese pedido a Bry que fuera mi novia.
El muchacho se sentía maduro emocionalmente para afrontar esa nueva etapa en su vida. Lo había estado pensando mucho y hasta lo habían hablado con Aubrey sobre todos esos temas y el hecho de la confianza. Los dos habían puesto sus ideas sobre la mesa y se habían dado cuenta que tenían una mentalidad parecida con respecto a eso. Los dos se habían gustado desde que eran pequeños y eso no era un simple “me gustas y te gusto”. Era algo más profundo. Porque con los ojos cerrados podían decir dónde se encontraba un lunar del otro, o cuál era su mayor debilidad y cualidad.
Si tanto habían esperado por eso momento, iban a hacer que durara por mucho tiempo.
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El día siguiente llegó y Ansel se despertó en la cama con su madre. Ella había estado llorando cuando habían puesto una película de comedia y él sabía que era por lo que su padre había dicho. Ella no amaba a ese señor, simplemente le dolía aún haber sido tan permisiva con él, cuando él le había hecho tanto daño.
Cuando se habían enterado de que Sofía estaba embarazada, él en primera instancia no había querido tener el niño y se lo había hecho saber cientos de veces a la mujer, la cuál estaba mentalizada en tenerlo. Ella sentía que estaba bien a su edad y su madre se había puesto muy feliz cuando ella le había contado que estaba embarazada.
Claro que era joven, pero eso no tenía mucha importancia y tenía los medios para darle una buena vida al bebé y por encima de todo, que ella quería tenerlo.