CAPÍTULO VI Sentada en el pescante del carruaje de viaje, Jabina descubrió que podía ver mucho mejor el camino desde ahí que dentro del vehículo como pasajera. Habían salido de la casa del General a las ocho en punto de la mañana, después de trabajar varias horas, hasta que los baúles fueron atados y llevados abajo. Una multitud de pequeños paquetes, que contenían artículos olvidados, se acumularon en cestas y bolsas en el último momento y se añadieron al equipaje. El carruaje era en verdad un vehículo impresionante y podía alcanzar gran velocidad. Desde el momento en que Jabina y el Duque conocieron al General, se dieron cuenta de que actuaba como un déspota acostumbrado a salirse siempre con la suya, en el menor tiempo posible. Los realistas los habían provisto a ellos de todos los

