Claire empujó la puerta de la oficina de Vincent con más fuerza de la necesaria, su respiración agitada mientras intentaba aparentar una calma que no sentía. En cuanto entró, sus ojos se encontraron con los de su esposo, quien estaba sentado detrás de su enorme escritorio de madera.
Al otro lado, una mujer que Claire reconoció al instante estaba cómodamente instalada en una silla frente a él.
Ellie Spencer.
Había visto innumerables fotos de ella, podía reconocerla en cualquier lugar, ya que la casa de sus suegros estaban plagados de estás. Sin embargo, está sería la primera vez que la confrontaría.
Claire apretó la mandíbula, forzándose a ignorar la presencia de la mujer, aunque cada fibra de su cuerpo le exigía confrontarla. Nunca pensó que su primer encuentro sería de esta manera.
Aunque los rumores habían cobrado vida frente a sus ojos, estaba preocupada por algo más importante. Y trataría de mantener la calma aún eso significará romperse por dentro.
Respiró profundamente y miró a Vincent con firmeza.
—¿Dónde está Adeline? —preguntó, su voz resonando en la oficina.
Vincent levantó la mirada de los documentos que estaba revisando, una sombra de irritación cruzando su rostro. Se levantó lentamente, alisándose la chaqueta de su traje oscuro, mientras su mirada fría se posaba en ella.
—Claire, este no es el lugar ni el momento —dijo con un tono cortante, sin molestarse en ocultar su molestia.
Pero Claire no estaba dispuesta a retroceder. No después del susto que ese hombre le había hecho pasar al pensar que algo le había sucedido a su hija.
—He preguntado dónde está mi hija, Vincent —insistió, dando un paso más hacia él. Su pecho subía y bajaba rápidamente por la rabia contenida.—No me hagas perder más el tiempo.
Antes de que Vincent pudiera responder, Ellie se levantó de su asiento, mirando a Claire con desdén. Sus ojos la evaluaron de arriba abajo, como si estuviera examinando a alguien muy por debajo de su nivel.
Una sonrisa burlona apareció en sus labios antes de dirigir su atención a Vincent.
—¿Esto pasa seguido? —preguntó Ellie con una voz cargada de sarcasmo, señalando a Claire con un leve movimiento de la cabeza—. ¿Dejas que cualquiera entre a tu oficina tan fácilmente?
Claire sintió un calor abrasador subirle por el cuello hasta las mejillas. Giró la cabeza hacia Ellie, sus ojos azules encendidos de ira.
Por un breve instante la mujer pensó que su esposo la defendería, que por lo menos haría que la respetarán, pero como siempre, tenía demasiadas expectativas en Vincent, aún cuando no debería ser así ya que este cada vez que podía terminaba decepcionándola.
—No soy cualquiera. Deberías conocerme bien, soy Claire Hamilton —dijo con un tono cortante, remarcando el apellido que había adquirido cuando se casó con Vincent, sabiendo que eso molestaría a esa mujer.— La esposa de Vincent y la madre de su hija. ¿Tú quién eres para hablarme así?
Ellie no respondió de inmediato. En cambio, arqueó una ceja y lanzó una mirada significativa a Vincent, como si estuviera buscando apoyo. Sin embargo, antes de que pudiera abrir la boca, Vincent levantó una mano.
—Ellie, por favor, no es necesario que te molestes con cosas insignificantes.—dijo usando un tono de voz sutil y suave, un tono que nunca había usado con Claire.
Claire notó la manera en que ambos se miraron. Había algo ahí, algo que la hizo sentir como si le hubieran clavado un puñal en el pecho. Aunque Ellie parecía contrariada, en su semblante se podía apreciar una gesto triunfante.
—Esta bien —dijo Ellie, su voz cargada de un tono complaciente y débil, totalmente diferente a cuando estaba hablando con Claire. La mujer vio como está tocaba el brazo de su esposo con una familiaridad que ni ella misma poseía.—Te dejaré a solas por un momento, aún no hemos terminado de hablar.
La mujer, quien vestía con un vestido ceñido al cuerpo que dejaba a la vista sus encantos, avanzó hacia Claire con una sonrisa que a esta se le antojo repugnante. Eran totalmente diferentes.
Claire apretó los puños, al percibir la confianza y seguridad con la que la mujer caminaba. Era como si Ellie estuviera segura que había ganado, mientras que ella solo era un estorbo en la vida de ellos.
Cuando pasó al lado de Claire, la rozó deliberadamente con el hombro. Justo antes de salir, se inclinó lo suficiente para susurrarle algo que sólo Claire pudo escuchar.
—Él nunca fue realmente tuyo.
La sangre de Claire hirvió al instante. Está lucho con la tentación de ponerla en su lugar, ya que al parecer no tenía el derecho ni el poder de hacerlo. Su mirada fulminante siguió a Ellie hasta que la puerta se cerró tras ella.
Entonces giró hacia Vincent, quien permanecía de pie, observándola con una expresión imperturbable.
—¡No puedo creer que tengas la audacia de traerla aquí! —espetó Claire, su voz quebrándose entre la rabia y el dolor—. ¿Ni siquiera puedes esperar a que firme el divorcio antes de correr a los brazos de la mujer que te abandonó?
Los ojos de Vincent se entrecerraron ligeramente, su mandíbula apretándose.
Dio un paso hacia ella, su altura y postura imponente proyectando una sensación de autoridad gélida.
Claire dio un paso hacia atrás, sabía que sus palabras estaban siendo provocadoras, sin embargo, tenía tanto tiempo conteniendo todo estos…¿Celos?
Estaba completamente reprimida con la idea de que podía entrar en el corazón de su esposo que solo ahora se dio cuenta de la lucha constante que tenía con los celos que sentía hacia esa mujer.
—Lo que haga con mi vida no es asunto tuyo —respondió Vincent con dureza—No tienes ningún derecho a cuestionarme.
Claire dejó escapar una risa amarga, sus ojos empañados por las lágrimas que luchaban por salir. Sin embargo, ya había llorado demasiado por ese hombre. Sería humillante continuar haciéndolo.
Su esposo no se merecía nada que viniera de ella y solo hasta ahora se daba cuenta.
—¿No es asunto mío? —repitió, su voz llena de sarcasmo—. Todavía somos marido y mujer, Vincent.—dijo está mientras alzaba la mano y le enseñaba la sortija dorada que adornaba su mano izquierda.— Todo lo que hagas me concierne, y mientras sigamos casados, no voy a tolerar que me humilles de esta manera.
De un momento a otro la presión dentro de la oficina de Vincent se volvió más pesada. Claire pudo sentir como cada pelo de su piel se erizaba. Estaba llevando las cosas muy lejos, pero no podía detenerse.
Vincent mientras tanto avanzó otro paso, cerrando la distancia entre ellos. Extendió una mano y sujetó su mentón con más fuerza de la necesaria, inclinándose lo suficiente para que sus rostros quedaran a pocos centímetros.
—Ten un poco de dignidad, Claire —murmuró con desprecio, sus ojos oscuros perforando los de ella— No hagas esto más difícil de lo que ya es.
Claire sintió cómo sus músculos se tensaban bajo su agarre. Con un movimiento rápido y decidido, apartó su mano de un empujón. Aún sintiendo el toque de su esposo impreso en su rostro, al igual que una punzada de dolor. Estaba segura que más tarde tendría un moretón en esa zona.
—¿Dignidad? —replicó, su voz elevándose— ¿Me hablas de dignidad cuando tú eres el que ha destrozado nuestra familia? ¡Tu eres quien está acabando con mi dignidad, Vincent! ¡Me estás volviendo loca! ¿Por qué ni siquiera tuviste la decencia de avisarme que te llevabas a mi hija?
Vincent suspiró, como si estuviera agotado por la discusión. Pasó una mano por su cabello, claramente frustrado.
—Adeline está bien conmigo.
—No podías llevártela así.—musito Claire empujando su mano contra el pecho del hombre.— No tenías el derecho de hacerlo.
—Solo quería pasar tiempo con ella.—se defendió el hombre.
—¡No tienes derecho a decidir eso sin mi autorización! —gritó Claire, incapaz de contenerse más—. ¡Soy su madre, Vincent! ¡No soy una extraña que puedas apartar cuando te convenga! Si hubieras querido pasar tiempo con ella, hubieras llegado temprano a la casa, compartido con ella y no dejarla deseando verte a cada momento.
Claire pestaño sintiendo como sus propias palabras se marcaban profundo en su corazón. No solamente estaba hablando por su hija, lo cual la destrozó más.
Ella estaba reclamando sus propias quejas. No se merecía el descuido que había obtenido en su matrimonio con Vincent y el amor que sentía por este no se lo había dejado ver.
—Deja de hacer un escándalo, Claire —advirtió él, su tono exasperado.
—¡No me iré de aquí sin mi hija! —declaró Claire, su voz temblando de rabia e indignación—. Si no me dices dónde está, haré que todo el edificio se entere de lo que me estás haciendo.
Los ojos de Vincent se endurecieron, su mandíbula apretándose aún más. Durante un momento, ambos se miraron fijamente, el silencio entre ellos lleno de tensión.
Claramente Vincent no podía dejar que se armara una escándalo en su empresa, eso dañaría la reputación por la que había estado trabajando.
Vincent dejó escapar un largo suspiro.
—Adeline está en casa de mis padres —dijo con frialdad, sus palabras cortantes como cuchillas—Esta mejor allí, lejos de todo esto.
Claire sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. La furia y el dolor que sentía eran tan intensos que apenas podía contenerse.
—Voy a buscarla —anunció, su voz cargada de determinación—. Y tú vas a disculparte conmigo, Vincent. Por no avisarme, por tratarme como si no tuviera importancia.
—No voy a disculparme por nada —respondió Vincent, su tono final.
Claire lo miró con incredulidad, su corazón latiendo con fuerza mientras sus emociones se desbordaban.
—Entonces, al menos, ten la decencia de quedarte fuera de mi camino.
—Firma el divorcio y esto no tendrá que seguir sucediendo.
—Te vas a arrepentir de esto.
Claire giró sobre sus talones y salió de la oficina, dejando a Vincent de pie en el centro de la habitación, inmóvil y en silencio.