Capítulo 9

2028 Words
Luego de su reunión con Vincent, Claire salió del restaurante y fue hacia donde había dejado el auto aparcado. Claire subió al asiento del piloto y se quedó con la mirada perdida. Se había divorcio. Su vida al lado del hombre que amaba se había terminado, y lo peor de todo era que debía seguir compartiendo con este, ya que tenían una hija en común. No sé había parado a pensar en como su relación con Vincent sería de ahora en adelante. Cuan difícil sería para ella tener que enfrentarlo en el juicio por su hija. —¿Qué fue lo que hice mal?—se pregunto mientras sentía su cuerpo temblar. Lo sabia. Claire pestaño, sintiendo la calidez de las lágrimas que había retenido durante todo el proceso de su conversación con Vincent. Su error había sido enamorarse de alguien que no debía. Sin embargo, simplemente para ella fue difícil no amarlo, cuando al principio su trato fue tan cordial y amigable. Pero ahora era diferente. Claire bajo la cabeza, mientras apretaba sus manos con fuerza contra el volante. Llorar dentro de su auto era patético y más cuando está era la segunda vez que lo hacía. Preferiría odiar a su ex esposo. Querría mil veces acabar con los sentimientos que tenía hacia el, y odiarlo, pero no podía. No era capaz de hacerlo, aún sabiendo que en este momento otra persona ocupaba su lugar. Era casi imposible, pero el sentimiento de traición que sentía era demasiado fuerte. Aunque Vincent había amado primero a esa mujer, ella había estado ahí todos esos años. La intimidad que habían compartido no pudo haber sido fingida. Le gustaría que alguien en este momento le dijera esas palabras, pero sabía que los actos de Vincent no llevaban ningún sentimiento detrás. La noche le cayó encima sin darse cuenta. Claire con el ánimo por los suelos, se puso en marcha para buscar a su hija. *** Claire estacionó su coche frente a la casa de su padre, el corazón latiéndole con fuerza mientras pensaba en la conversación que estaba a punto de tener. De camino se había convencido que lo mejor que podría hacer era pedir ayuda. No podría pelear ella sola contra Vincent. Había pasado todo el día reflexionando sobre su situación y lo que venía después. Y no era nada fácil. El divorcio era un hecho, pero eso no significaba que la lucha hubiera terminado. Necesitaba tomar las riendas de su vida, recuperar algo de lo que había perdido durante esos cinco años. Tomó aire profundamente antes de bajar del coche. Al cruzar el jardín, notó lo tranquilo que estaba todo. El cielo estaba oscuro, con algunas estrellas visibles a pesar de las luces de la ciudad. Era una noche pacífica, pero la paz no alcanzaba a llegar a su interior. —Claire, ya llegaste —dijo su padre al abrir la puerta, dándole una cálida sonrisa. —Hola, papá. —Claire respondió con un intento de sonrisa mientras entraba en la casa— ¿Cómo estuvo Adeline? —Bien, pero estaba agotada. Se quedó dormida hace media hora en el sofá —respondió el señor Cooper mientras señalaba hacia la sala. Claire se acercó al sofá y encontró a Adeline profundamente dormida, abrazando su osito de peluche. Su respiración era tranquila, su expresión angelical. Claire se inclinó para acariciar suavemente el cabello de su hija, sintiendo una punzada de culpa al recordar el impacto que todo esto estaba teniendo en ella. —Es preciosa, Claire —dijo su padre desde el marco de la puerta—A tu madre le hubiera gustado ver el rayito de luz que tienes en tu vida. —Lo se —Claire suspiró mientras se enderezaba, acomodando la manta sobre Adeline—Lo único que me mantiene fuerte es ella. Su padre la observó en silencio por un momento antes de hablar. —Vamos al comedor. Deja que Adeline descanse. Parece que necesitas hablar. Claire asintió. Siguió a su padre hasta el comedor, donde una tetera ya estaba lista sobre la mesa. —Esta a punto de beber un poco de te.—El señor Cooper sirvió dos tazas y le pasó una a su hija antes de sentarse frente a ella.—Creo que te asentará bien tomar algo caliente. —Gracias, papá. —Dime, Claire. ¿Qué está pasando?—preguntó, su voz tranquila pero llena de astucia—Desde que trajiste a Adeline te note un poco extraña, puedo ver que algo te está afectando más de lo habitual. Claire tomó un sorbo de té, tratando de reunir el valor para hablar. Aunque se había mentalizado para hablar con su padre de lo que estaba sucediendo, las palabras no salían de su boca. Se sentía como un fracaso. —Vincent y yo nos divorciamos —dijo finalmente, mirando fijamente la taza en sus manos. Su padre no pareció sorprendido, pero sus ojos se suavizaron con preocupación. — Sabía que las cosas no estaban bien entre ustedes, pero no sabía que habían llegado tan lejos.—dijo el hombre mientras observaba a su hija con atención.—¿Qué pasó? ¿Por qué tomaron esa decisión? Claire dejó la taza sobre la mesa y tomó aire profundamente antes de responder. —No fue una decisión mutua. Vincent me pidió el divorcio.—Claire hizo una pausa, al sentir como el nudo en su garganta se apretaba. Aún quería llorar.—Dijo que nuestro matrimonio nunca fue real, que nunca me amó… y que quiere estar con alguien más. El señor Cooper frunció el ceño, sus manos apretándose sobre la mesa. —¿Alguien más? —preguntó con el ceño fruncido— ¿Estás diciendo que hubo otra mujer todo este tiempo? Claire asintió lentamente, sintiendo cómo las lágrimas amenazaban con volver a brotar. No deseaba llorar frente a su padre. Ya estaba demasiado avergonzada, no podría soportar lidiar con algo más. —Sí. Su nombre es Ellie Spencer. Fue su primer amor. Se supone que ellos iban a casarse, pero ella se fue antes de que eso sucediera, porque Vincent había decidido casarse conmigo. Lo que quiere decir que todo el tiempo que estuvo cortejándome, se estuvo viendo con ella. —Claire dejó escapar una risa amarga—. Sabía desde el principio que Vincent no me amaba. Pero pensé que tal vez, con el tiempo, eso cambiaría. Su padre la miró con el rostro endurecido, pero su voz era calmada. —¿Por qué no dijiste nada, Claire? ¿Por qué aceptaste todo esto durante tanto tiempo? —Porque lo amaba, papá. —Las palabras salieron con dolor, y Claire miró directamente a los ojos de su padre, buscando una chispa de comprensión—. No sé cómo sucedió, pero me enamoré de él. Y pensé que si me esforzaba lo suficiente, si era una buena esposa, tal vez él podría llegar a amarme también. Sentía que él me lo debía ya que nosotros lo ayudamos cuando su empresa estaba en malas, pero fui muy ingenua. El señor Cooper negó con la cabeza, pasándose una mano por el rostro. —Ese hombre nunca te mereció, Claire. Lo siento, pero siempre pensé que algo no estaba bien en su actitud. Y ahora veo que estaba en lo correcto. —el padre de Claire frunció el ceño al recordar el pasado.—Acepte invertir en su empresa porque tú así lo querías. Él no tenía derecho a hacerte pasar por esto. Claire sonrió débilmente, sintiendo una mezcla de alivio y tristeza al escuchar las palabras de su padre. —Es mi culpa también, papá. Nunca me defendí realmente. Me conformé con las migajas que él me daba porque no quería perderlo.—Claire se sintió peor al entender el trasfondo de las palabras de su padre.— Pero ahora… ahora lo único que me importa es Adeline. No puedo dejar que él me la quite. El señor Cooper enderezó su postura, su expresión cambiando a una de disgusto. —Eso no va a pasar, Claire. Si Vincent piensa que puede separarte de tu hija, tendrá que enfrentarse a mí también. —Su voz era firme, llena de una autoridad que Claire siempre había admirado en él.—Quizás no tengas el poder y la influencia que posee su familia, pero no estas desamparada. Me tienes a mi. —Gracias, papá. —Claire suspiró, sintiendo un peso levantarse de sus hombros—. También quería preguntarte algo. Estoy buscando un trabajo. Necesito algo que me mantenga ocupada, algo que me dé estabilidad para poder cuidar de Adeline. Y… también necesito un abogado. Sé que no será fácil luchar contra Vincent, pero debo hacerlo. El señor Cooper asintió lentamente, considerando sus palabras. —Bueno, como sabes, estoy trabajando en un nuevo negocio. Si quieres, podría ponerte a cargo de uno de los departamentos. Sé que tienes la experiencia y la capacidad para manejarlo. Sería un buen punto de partida para ti. Claire lo miró sorprendida, sus ojos llenándose de gratitud. —¿De verdad, papá? ¿Estás seguro? —Por supuesto. Eres mi hija, Claire, y sé de lo que eres capaz. —El señor Cooper le dio una pequeña sonrisa—. Además, esto te dará la independencia que necesitas para enfrentarte a Vincent. Quiero que estés preparada para lo que venga. Claire sintió que las lágrimas amenazaban con brotar nuevamente, pero esta vez eran lágrimas de alivio y agradecimiento. —Gracias, papá. No sabes cuánto significa esto para mí. —No tienes que agradecerme, hija. Solo quiero que sepas que no estás sola en esto. Siempre voy a estar aquí para ti y para Adeline. Claire asintió, tomando la mano de su padre por un momento antes de volver a levantarse. —Voy a buscar a Adeline y llevarla a casa. Es tarde, y mañana será un día largo. El señor Cooper la acompañó hasta la sala, donde Adeline seguía durmiendo plácidamente en el sofá. Claire la tomó en brazos con cuidado, asegurándose de no despertarla. —Cuídate, hija —dijo su padre mientras la acompañaba hasta la puerta—. Y recuerda, no estás sola. Te mandaré toda la información para que empieces a trabajar. —Gracias. — Claire le dio una última sonrisa antes de subir a su coche, con Adeline dormida en el asiento trasero. Cuando Claire llego a la casa y entro con su hija en brazos, su corazón dio un vuelco. Delante de ella, parada a unos metros estaba la persona que menos quería ver y sobretodo acompañado de alguien más. Claire sintió que todo su cuerpo se enfrió. Su respiración empezó a filtrarse con menos rapidez y su cuerpo se puso alerta. Su mente no asimilaba lo que estaba viendo. Sabía lo que significaba esa cercanía. Claire sintió como el cuerpito de su hija se estremecía entre sus brazos, lo cual sirvió para empujarla a moverse. No podía dejar que Adeline presenciará esa escena. Al avanzar hacia delante y pasar al lado de la pareja que se estaba besando, Claire se sorprendió de su falta de reacción. Apenas llevaban horas desde que se había divorciado de Vincent, por lo que resultaba inaudito encontrarlo en la casa que compartían con otra mujer. Claire acomodo a la niña entre sus brazos, escuchando la exclamación de sorpresa que salía de la boca de ella al darse cuenta de su presencia, sin embargo, no le prestó atención. Subió las escaleras y camino hacia la habitación se Adeline. Debía hacer que su niña descansará cómoda. —¡Claire! La aludida cerró la puerta a su espalda, ignorando completamente esa voz familiar. Ya estaba desgastada, le era imposible enfrentar a cualquier persona en este momento, sin embargo, debía hacerlo. La mujer acostó a la niña en su cama y salió de la habitación. La imagen que la recibió fue la de Vincent con el pelo desordenado, su traje arrugado y sus labios con evidencia de la intimidad que había compartido con esa mujer. —Adeline está durmiendo Vincent. No me compliques las cosas.—susurro Claire mirando fijamente los ojos afectados del hombre, viendo la lucha que este tenía consigo mismo.—Vete.
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