Angela:
Si el piensa que tiene el control aquí, es un estúpido.
Me ve como a un perro al que le ha puesto una correa para sacarlo a pasear, para mantenerlo solo hasta que decida soltarlo, dejarlo libre, o cambiar de dueño, o de perro.
—Me conmueves que hayas accedido. Encontraras pronto que este trato es beneficioso para ambos —suena como si le hubiera hecho un favor genuino en lugar de ser esto una extorsión
Lo miro —¿No quiere casarse porque no desea una correa al cuello?
—¿Así es como ves el amor?
No contesto —¿Por qué no quieres casarte? —ataco con la pregunta sin ceder
El finalmente suspira —quiero encontrar algo como lo que tienen mis padres. Y en tan poco tiempo y con un compromiso arreglado no lo hare. ¿comprendes?
Un Ceo que no cuida su corazón ¿anhela el amor verdadero? Como el inicio de un mal chiste...
—Si eso es lo que deseas ¿Por qué vas regalando por ahí partes de ti mismo a muchas personas? Eso solo te dejara más vacío. Y al final del día esas otras personas solo dejaran cosas en ti que no son tuyas. Para al final, ninguno de los dos llenarse, quedarse o elegirse.
El me observa largamente, más que curioso, parece analítico. Como si quisiera resolver una formula química conmigo.
—¿Qué es lo que quisieras tu? Hablo de verdad. En el amor, ¿Qué deseas tu?
La respuesta para mi es tan simple…
—Que me elijan
Eso es todo lo que siempre he querido.
Nunca. Ni una sola vez en toda mi vida, he sido elegida.
Lo escucho soltar un suspiro.
Ni siquiera sé porque le he contado algo siquiera, la respuesta solo salió de mi boca, como si esta hubiera luchado toda su vida por ser contenida y aquella escurridizamente palabra hallo su oportunidad para ser liberada.
—Bien —sonrió —entonces, mientras tu seas mi esposa, te concederé eso que tanto anhelas, Angela Avery. —se levanta —te escogeré.
Parpadeo —¿Qué?
—Por sobre todas las personas, cosas y lugares, y desde este momento, yo siempre…—y sus ojos son un mar profundo llenos de promesas inhundibles. —te escogeré.
Me quedo perpleja solo observándolo… es un sujeto tan… absurdo. —¿Por qué haría eso?
—Bueno, tú me estás haciendo un gran favor. Y yo soy bueno regresándolos.
—No necesito una elección falsa —admito
—¿Por qué seria falso? Me agradas. No me molestaría estar casado contigo dos años si se requiere.
¿Dos años?
—¿Piensas alargarlo tanto?
—Tanto como para complacer a mi padre. Como veras lógico. Si estamos casados, tenemos una apariencia que mantener, así que nade de noches locas en las vegas con amigas. —me mira como una advertencia —y por supuesto, va lo mismo para mí.
—Así que seremos el matrimonio perfecto. El más fiel y devoto.
—Entiendes muy rápido, pequeña.
De nuevo. No.Soy.Pequeña.
—Si, para eso debemos tener bien preparadas nuestras versiones de la historia. No será difícil inventarse algo, estudiamos la misma carrera… —nunca me gradué —y compartimos el mismo lugar de trabajo
Lo pienso —Sabes, eso le quitara algo de crédito a mi esfuerzo
El alza una ceja —¿De qué hablas?
—Bueno, suena como si le hubieras dado el empleo a tu esposa.
—Primero, quien te lo dio fue mi padre. No yo. Yo supe de tu existencia hace poco. Y segundo, ¿Por qué te importa tanto lo que piense la gente? Suenas a mi padre, siempre preocupado por el qué dirán.
—¿Por qué a ti no te preocupa? Tú tienes una imagen que mantener atrás de un gran apellido… es un duro peso a cargar…
Una copia que debe demostrar que vale tanto como el original
Parpadeo… ¿de dónde ha venido este pensamiento?
Lo miro de nuevo. Siento que es algo que me ha dicho antes el… ¿retazos de recuerdos de esa noche?
¿Qué tanto hablamos aquel día? ¿Qué fue lo que él me dijo? ¿Qué fue lo que yo le dije?
Escucho su burla—¿un duro peso? Jamás me peso ser millonario —se levanta —vamos, sígueme. Es hora de trabajar.
Como una pared que se ha levantado repentinamente.
Asiento un poco, aun algo desubicada por su cambio de tema. Pero estoy segura de que escuche eso en algún lado. Que ahora lo niegue sobrio, no quiere decir que no lo haya confesado borracho.
Aunque la verdad, todo eso se me olvida en cuanto pisamos el laboratorio. Pasamos el resto del día analizando las fórmulas ya creadas, viendo los registros y los nombres. Incluso me hace ver a las modelos abajo. Son sujetos de prueba de la marca. Aunque decirle sujetos de prueba es tonto, estos productos son seguros. Ya fueron probados.
Me agacho para guardar las cremas sobrantes cuando terminamos, estoy en eso cuando siento su mano en mi hombro para voltearme un poco —¿Qué?
—Sabes, lo he estado pensando desde hace un rato…
—¿Qué cosa?
Entonces jala mas mi camiseta —esta no es tu talla correcta.
Me tenso.
—¿Perdón?
Niega —sígueme. —entonces sin darme tiempo a reaccionar me ha tomado de la mano para arrastrarme por los pasillos hasta los vestuarios de las modelos —elige unos cuantos por ahora. Luego te comprare ropa de verdad cuando salgamos de compras
—¿Compras?
—Claro. Eres mi esposa, deberás lucir solo lo mejor. También de nuestra colección de joyas.
—Eso no es necesario. Yo no necesito…
—Nada de protestas. —me suelta —entra ahora a los probadores y ponte ropa decente —se va a revolver los vestidores y me arroja varios encima
—¡Oye! ¡oye! —me quejo mientras intento atraparlos todos—Yo no soy una modelo
—No te he preguntado esa mierda. Ahora, entra ahí —y tiene en su voz aquel tono que lo he escuchado decir desde que lo conocí.
Sin duda cree tener el mundo en la palma de su mano.
Sin mas remedio entro a los jodidos vestidores. Después de todo, no quiero tener problemas con alguien del cual depende mi comida.
Es un idiota.
Hay vestidos. Camisetas formales de botones. Faldas mas cortas de lo normalmente uso. Y cada vez sigue arrojando mas ropa...
—¡Estas solo las estoy seleccionando! —me grita por encima —solo para que tengas que usar en la semana. Después de todo, esto es ropa que normalmente solo se usa de vez en cuando, y no quiero que toda tu ropa sea usada.
Bueno. Quizás algo de conveniencia hay en este acuerdo. Quizás mi suerte este cambiando.
Aun así, cuando salgo del vestidor con el primer vestido estoy algo fastidiada —¿contento? —el vestido celeste es corto, pero es sencillamente hermoso. Se lo admito, el ceo malhumorado y gruñón tiene un buen gusto.
Pero como no lo escucho decir nada volteo a verlo y su semblante es desconcertante —¿Jefe? ¿Está bien?
Su boca se cierra y sacude la cabeza mientras se tapa la boca con su mano derecha. ¿se sonrojo?
No. No. Claro que no. Que mal chiste.
Justo afuera de aquí hay una docena de modelos que vino hoy para las pruebas. ¿Por qué se sonrojaría conmigo?
Me rio. Que tontería.
Estoy por abrir la boca cuando otro joven entra corriendo sorprendiéndonos a ambos —¡Ethan! ¡Ethan! ¡Tenemos problemas!
Me sobresalto y miro al nuevo chico en la estancia. Cabellos castaños modestos y ojos marrones.
—¿Qué pasa James? —su voz suena rara, como si se estuviera recuperando de algo. Algo rasposa
Entonces le tiende la tablet —esta en todos los titulares. Lamentablemente los vieron. Las fotos se filtraron
Los vieron…
—¿Vieron qué? —doy un paso al frente, pero los ojos de mi jefe siguen fijos en la tablet con el ceño frunció y una expresión indescifrable
Suspira —lo lamento mucho Angela
¿Qué lamenta?
—¿Qué pasa?
Pero entonces gira la tablet y lo veo claramente como un titular de la prensa amarillista: “El multimillonario Ethan Blackwood es sorprendido casándose con una joven en las Vegas.”
Mierda.
¿Qué decíamos sobre eso de la suerte?