No quería tener que explicarle que ya era historia, y que ya no había nada entre ellos, a pesar de que fuera más fácil decirlo que hacerlo. Mientras salía de la bañera y se ponía la bata, empezó a sonar el teléfono. Como siempre hacía a aquellas horas de la noche, dejó que el contestador cogiera la llamada para saber quién llamaba antes de contestar. —Amira… todavía estoy esperando que me llames —dijo la voz de Lewis. Ella se detuvo en seco, incapaz de contestar—. Estoy hasta arriba de trabajo en estos momentos. Llámame a casa, aunque sé que la diferencia horaria lo hace un poco difícil. No sé lo que te pasa, pero necesitamos hablar. Al oír que él colgaba el teléfono sin ni siquiera decir adiós, Amira se sintió destrozada y se echó a temblar. Aunque hubiera querido, no había manera en

