—¡Y eso es lo que debería hacer! —replicó Elena con firmeza—. Se necesitan dos personas para hacer un hijo. Él tiene que afrontar sus responsabilidades, tanto si lo quiere como si no. —No has comprendido lo más importante, que es este asunto de la absorción. Si le digo lo del niño, tendré que dejar mi trabajo, porque no se me considerará imparcial. Por otro lado, nuestra aventura ya se ha acabado. Si no nombro al padre de mi hijo, podré seguir trabajando. Y, como madre soltera, va a ser muy importante que así sea, aunque sólo sea para asegurar el futuro de mi hijo. En resumen, es decírselo a Lewis y quedarme sin trabajo o guardar silencio, conservar mi trabajo… y cuidar yo sola de mi hijo. —¡Amira! No sé qué decirte… —Si, bueno, ya somos dos —respondió Amira con tristeza—. Y, a menos qu

