—Eros —Sara se levantó del sofá y caminó hacia él, pero él no se detuvo. Eros ni siquiera le dedicó una mirada y pasó junto a ella para ir a su habitación. Él estaba herido. No estaba herido porque la abuela Eliza lo había humillado delante de todos. Él no estaba herido porque ella había herido su ego. Estaba dolido porque no había nada en los ojos de Sara cuando se dio la vuelta para mirarla. El momento más doloroso de tu vida llega cuando te das cuenta que no importa cuánto ames a alguien, no importa lo que hagas por él, no importa lo que soportes por él, no importa si incluso sacrificas tu vida por él... Ellos nunca te van a amar de vuelta. Eros se había dado cuenta de esto hoy. No importaba lo que él hiciera por ella, ella nunca lo amaría. Aunque no fue su culpa. No fue culpa

