Esa noche sentado en su sofá con una copa de vino entre sus manos, su mirada pérdida en la nada misma y su cabeza ocupada en aquella canción que sonaba suavemente en el living de su departamento. Sonaba "Promesas sobre el bidet", esa canción que le entro en lo más profundo de su mente, describiéndolo todo y bebía de su vino. Estaba teniendo una de sus noches de insomnio donde lo único que sabía hacer era beber, y cada vez más hasta olvidarse de todo. Recordó su vida como era antes.
Recordó que llegó a ser el mejor de todos en el fútbol, se comió al mundo entero con sus habilidades y se llenó de amistades por su reconocimiento. Pero su rendimiento con los años se fue deteriorando, su estado fue disminuyendo y su racha de goleador le jugó una mala pasada, estaba enredado en una etapa llena de obstáculos y su cabeza no lo ayudaba a superar todo eso. Paso de tenerlo todo a verse sólo encerrado en un departamento con una copa de vino entre sus manos y sin nadie más. Sus compañeros se alejaron, perdió contratos importantes, su representante le envió su renuncia y la mujer que creía amar le dio la espalda cuando supo que ya no era una persona importante en el ambiente del fútbol.
Jamás aprendió a estar solo, a vivir el día a día y esperar una propuesta para un club.
— Te necesito — dijo en ese audio por w******p y se lo envió.
La tilde azul delataban a la otra persona que simplemente le puso “Ya no somos nada, suerte en tu vida Thomas " , la bloqueo y tiro el celular en el suelo. Bebió su trago de una vez, cerro los ojos, apoyo su cabeza en el respaldo del sofá y suspiro fuerte.
— Bienvenido al final de tu camino, Thomas — se dijo así mismo riéndose.
La bebida le estaba haciendo efecto, le dieron ganas de responderle a esa mujer que le exprimió el bolsillo cuando lo tenía todo. Esa mujer que lo enamoró perdidamente sin darse cuenta que ella nunca sintió nada por él. El odio le nació peor. Le había comprado todo el verso que le vendió en una etapa tan estúpida de su vida, se creyó todas las mentiras que le decía.
Esa noche se borró cualquier tipo de sentimientos para no sentir nada, ya le costaba olvidar y perdonar pero su corazón debía congelarse para no amar más.
Dejó que la copa se caiga al piso, acomodo su cuerpo bien en ese pequeño sofá y cerró sus ojos. Durmió pocas horas y la resaca lo estaba matando.
Bebió un poco de agua, se fue al baño para bañarse. Después se cambió de ropa, miro el enorme espejo que tenía frente a sus ojos y se vio totalmente pálido. Las ojeras, su peso y sus gestos le estaban marcando que algo no andaba bien, que se estaba dejando morir lentamente por la depresión y no le importaba tanto. Sentía que no tenía un escapatoria. Se coloca lentamente la campera, acomoda su cabello con los dedos, un gorra y se puso unos lentes para esconderse de la mirada ajena.
Bajo las escaleras, abrió la puerta de la salida pero antes de dar otro paso colocó su capucha y siguió caminando despacio. Le costó pero regresó al antiguo café que solía ser el lugar donde iba antes de entrenar, su mirada estaba pegada al suelo y su rostro estaba escondido para que nadie lo reconozca.
Siente un cuerpo chocando contra él, unos brazos rodeándolo para no caerse completamente — Lo siento juro que no te vi, lo siento — dice agitada.
No entiendo del todo, la alejo de su cuerpo y la miro de arriba a abajo — No pasa nada — responde queriendo seguir su camino.
Ella sonríe de los nervios y no aparta su mirada — ¿Te conozco? —dice acercándose —Sé que de algún lado te conozco pero, ¿de dónde ? — le pregunta con mucha curiosidad.
Toma una distancia más de ella, niega con la cabeza y sigue caminando — Te equivocas — le dice levantando su mano para ser atendido.
Esa extraña mujer se queda a su lado mirándolo de reojos, él sentía esa mirada llena de curiosidad y rara en ese sentido.
— Un café — pide cuando es atendido por una empleada.
— Que sean dos, señorita — la escucha decir. La fulmina con la mirada y ella sonríe tímidamente — Necesito algo caliente para pensar — le explica levantando sus hombros.
Los dos cafés no tardaron en llegar, él pagó el suyo y salió lo más rápido que pudo de ese local. El día estaba comenzando a pesarle como siempre le ocurría. Sus ganas de estar al aire libre eran cada vez menos.
Era un día tan soleado como aquella vez que toco fondo sin saberlo, o quizá, si sabiéndolo pero nunca reconociendo su derrota. No era como los demás, siempre se esforzó para no caer, para no sentirse menos que los demás pero perdió. Algo que nunca le pasó hasta ahora, supo que estaba perdiendo el partido de su vida donde su rival era él mismo y no podía darle vuelta el resultado para ponerse de pie. La frustración lo condenaba en esa derrota sin ninguna chances.
Tantas veces se perdía detrás de una pelota, verla rodar entre sus pies era como esquivar todo, liberarse de lo malo para sacar todo lo bueno que trae adentro. Para él era como estar desconectado del mundo maldito que giraba a su alrededor, el fútbol en su vida le ponía esa pausa que necesitaba para perderse en la felicidad y no resistirse al encanto de los apasionados por el mismo deporte. Estaba lleno de enojó, de amargura en su vida y nada iba a cambiar. Los momentos malos le estaban pisando los talones, le trababan su camino y cada vez más la soledad lo tiraba al encierro de un laberinto oscuro sin demostrar que podía salir y encontrar la luz. Ya nada era igual, ya el fútbol no era su salvación, era su maldición.
El camino de regreso a su departamento se le estaba haciendo largo, el silencio en su cabeza le hacía recordar todo su pasado y eso lo angustiaba más.
Una voz hace que se voltee — Es mala educación irse sin despedirse, ¿lo sabías?—le pregunta mirándolo.
Él sigue caminando para que esa extraña mujer se vaya pero no estaba dándole resultado eso — Es raro que estés siguiendo a alguien, ¿lo sabías? — le pregunta seriamente.
Le toca el brazo para que la mire y eso hizo — Cuando me interesa tanto alguien o algo no pierdo tiempo, nunca se sabe que pueda pasar en este mundo nadie te asegura nada —sonríe bebiendo de su café.
Esa mujer no iba lento en nada, no le importaba nada y se lanzaba como sea. Eso hizo renacer una sonrisa de él, noto que esa mujer no le tenía vergüenza a nadie ni a nada. Si quería su atención ya lo tenía y por demás. Negó con su cabeza y siguió caminando.
Escucho unos pasos atrás suyo y se freno — ¿No te rendirás?, es sábado deberías ir a disfrutar del día — le dice señalándole el camino de vuelta.
Mira a su alrededor —Desde acá lo puedo disfrutar mucho más. No me rindo jamás, rendirse es de cobarde y no dejo pasar las cosas — dice mirándolo.
Bebe de su café, ella lo imita y lo sigue mirando. Su mirada no se despega de él y se torna una situación incómoda pero a la vez rara, jamás le había pasado algo así con alguien.
—¿Necesitas algo más? — pregunta.
Ella se acerca más a él —Quiero saber que escondes detrás de todo eso — señala su gorra, lentes oscuros y capucha.
Se notaba que de tímida no tenía nada, de persona arriesgada lo tenía todo y eso le despertó algo a él. No era igual a las demás y a la vez era igual a todas. No podía descifrarla.
El café se estaba enfriando, el tiempo ya era demasiado afuera de su departamento. No le respondió nada y retomo su camino, la dejo parada en aquella vereda para evitar cualquier tipo de confusión.
—Sé quien eres pero no entiendo porque te escondes, es el momento de salir y volver a empezar de cero— le dice de golpe.
Se frena de golpe y le toma los hombros —No nos conocemos, deberías ocuparte de tus cosas y no meter las narices donde nadie te da permiso — le dice enojado.
Ella vio como aquel sujeto cambio su actitud y se volvió violento así de la nada —A veces el amor te salva, Thomas — le dice alejando las manos de él.
—¿Para quién trabajas? ¿Quién te pidió seguirme? — le pregunta gritando.
Se sobresalto cuando lo escuchaba más enojado, se le cayó el café haciéndose que se manche todas sus zapatillas y sus ojos se cerraron del miedo que sintió en aquel momento — Te reconocí, siempre supe que algún día regresarías al café y nada más, lo juro — dice asustada.
La ve agachándose para levantar el vaso de café todo derramado en el suelo y él se toma la cabeza, la gente que pasa por al lado los queda mirando queriendo saber que pasa. Ella estaba llorando por su culpa, nota que no se levanta, que sigue de rodilla en el suelo y él no tiene más remedio que hacer lo mismo.
Le toca su mano —No quise asustarte, lo siento — le dice extendiendo su mano para que ella la agarré.
Seca sus lágrimas y sonríe — Me veo estúpida, perdón. Soy sensible, cuando dejaste de jugar en el club fue el día que más lloré — le dice sonriendo.
—¿Me estás siguiendo para robarme una foto? — pregunta mientras arroja su café frío en el tacho de basura más cercano.
Corre para hacer lo mismo y se queda a su lado —Tal vez me veas cómo una loca pero no me importa, yo solo quería tener una conversación con la persona que supo darme tantas alegrías en mi vida sin conocerme y decirte gracias por robarte mis mejores sonrisas, Thomas — le dice y corre abrazarlo.
Thomas se queda quiero sin entender que le ocurría por la cabeza a esa mujer que sin decir más nada ya estaba acomodada en su pecho abrazándolo fuerte. Mira a su alrededor y las personas caminan mirándolos.
—Eso es amor de los jóvenes de ahora — dice una mujer pasando por su lado.
La aleja de su cuerpo — Me tengo que ir — dice aturdido de todo lo que acababa de suceder.
Ella extiende su mano —Mía, mucho gusto — dice sonriendo.
Él se saca todo para dejarse ver el rostro y la mira serio — Estás completamente loca —le dice poniéndose los lentes oscuros.
—Eso dicen — levanta sus brazos y ve como se marcha.
Niega con la cabeza mientras vuelve a ingresar a su edificio, sonríe al recordarla y estaba siendo un buen día para él. Saco las llaves de su bolsillo, y entro en su burbuja de nuevo.
Los días pasaron…
Su teléfono no dejo de sonar, era su madre desesperada por saber de él. La situación de ser hijo único era lo peor para él porque no tenía el sostén de ese hermano que lo saque de ese pozo pero no tenía a nadie para salvarlo. Se estaba destruyendo lentamente sin dejar que lo cuiden como cuando era un niño donde su madre siempre estaba ahí para salvarlo, levantarlo y decirle que no baje los brazos. Quería volver a tener esa edad donde la frustración no lo derrote, donde siempre tenía algo para ganar y seguir de pie. Las puertas se le cerraron sin abrirse y todavía seguía pensando en volver el tiempo atrás.
Su mejor compañía estaba siendo el alcohol sin parar, teniendo excesos de todo tipo y no le importaba total en la noche nadie lo reconocía. Ya no era más ese jugador estrella de la cual miles de personas morían por estar a su lado, ya no le regalan cosas y no pasaba nada. Volvió al lugar bailable donde solía perderse hasta el amanecer para escaparse.
Esa noche necesitaba volver a reorganizar todo lo más rápido posible para que nada salga mal, quizás si era el lugar más conocido de la ciudad pero también necesitaba gente a la altura de ese sitio y eso ella lo tenía muy en cuenta. Después de varios días de entrevistas se decidió por una persona que creía perfecta para esas cosas hasta con el carácter fuerte para afrontar cualquier situación difícil. Recorre todo el lugar y la ve parada mirando todo.
—Gracias por el trabajo realmente lo necesitaba — dice persiguiéndola.