Se voltea a verla y sonríe — No hace falta agradecer tanto, sé que te urge mudarte de ese lugar — le dice abriendo una puerta y dándole espacio para que ella pase. La detiene agarrándole fuerte el brazo — No será fácil, Julia. La noche no es fácil acá — le dice haciéndole una mueca.
Levanta la mano mientras se dirigen a la barra — Prometo hacer los mejores tragos de la ciudad — dice seriamente.
Tenía su especialidad pero también sus inseguridades en su trabajo por la noche, nada era confiable pero necesitaba el trabajo y debía arriesgarse. De un día para el otro se encontró preparando muchos tragos, conociendo gente y sabiendo quienes era los habituales del lugar. Con el transcurso de las noches sus propinas fueron aumentando, lo cual para ella era grato porque no debía compartirlo.
Golpea varias veces — Una cerveza — grita y mira a su lado para ver cuántas personas sonreían de la felicidad, se notaba que disfrutaban de esa noche.
Una mano golpea la barra — Una cerveza — pide dándole una orden.
Sonríe —Aquí tienes Mía — le entrega el trago.
Thomas ve como esa mujer no tomo su pedido, hizo como sino existiría y le roba el trago — Yo pedí esa cerveza primero, tenías que esperar tu turno — se lleva el vaso a su boca bebiéndolo.
Ella lo mira más de cerca y sonríe — Ahora robas mis tragos — le dice mirándolo.
Thomas deja el vaso y la reconoce — ¿Tú, otra vez?— pregunta enojado.
Abre sus brazos — ¡Lo que es el destino mi querido amigo! — le grita riéndose a carcajadas.
Niega con su cabeza, la observa a su lado —Eres un dolor de cabeza — dice girándose para irse.
Aquel lugar era oscuro pero también se podía ver todo. Mía es de esas mujeres que no solía guardarse nada y todo lo que sentía lo hacía sin importarle las consecuencias. Se arriesga a frenar aquel hombre como si lo conociera de toda su vida. Sabía que era su única oportunidad y después no tenía otra salida.
Ella lo detiene con su mano — Deja que te invito un trago y conversamos de algo importante — le pide.
Se suelta rápido de aquel agarre — Ya es suficiente, deja de seguirme — le pide marchándose.
Aquellas palabras le molestaron un poco, intento comportarse como una persona civilizada para no arruinar nada esa noche y forzó su mejor sonrisa — Este sitio es mío, no te sigo y quiero hablar contigo — insiste.
—¿De qué querés hablar?— le pregunto sin ganas de seguirla.
Le ofrece su mano, no la acepta y se cruza de brazos —¿Vienes?— pregunta casi gritando.
Los dos juntos, caminan hacía la oficina. Mía golpea la mesa para llamar a su empleada —¿Sí?— pregunta dejando el vaso.
Se acerca a ella mientras Thomas se queda atrás mirando —Que nadie me moleste porque voy a estar ocupada — le guiña un ojo.
Asustada mira para todos lados para que nadie la escuché —¿Y si viene su padre?— pregunta preocupada.
Con su mano le pide que se acerque, Julia hace caso y le pone su oído —Le dices que me morí— bromea.
Sonríe y le pega suave —Ya — sostiene.
Larga una carcajada por la cara de su empleada —Le dices que estaré con mí novio — asegura.
Antes que se marche, le toma del brazo y hace que se detenga —¿Estás segura que aceptará todo?— pregunta mirándola.
—¿Quieres apostar?— pregunta riéndose.
Thomas no entiende que hablan tanto frente a sus ojos, se estaba cansando y camina primero hacia la oficina. Julia nota que ya no podía escucharlas —No va a querer — asegura.
—Hay que ser positivas — cuestiona.
Julia seguía ahí atenta a la situación que se había armado por un trago, pero se terminó asustando a tal punto que quiso adelantarse para ayudarla a su nueva jefa de ese jugador de fútbol pero fue imposible porque un leve empujón la hizo reaccionar y ahí noto al padre de ella. Retrocedió y dejó que todo fluya entendía que ella tenía una especie de amor al punto de obsesión con él pero no la juzgaba.
—Ay, mía — dice tocándose la cabeza.
Ese hombre medio pelado, con el gesto serio y la mirada fulminante, la buscó por todo lados hasta que se detuvo al lado de Julia —¿Dónde está?— pregunta enojado.
Casi temblando señaló la oficina que tenía a su derecha, mordió sus labios suave del miedo y cerró sus ojos. No quería saber nada con escucharlo nuevamente gritar en aquella pequeña habitación, admiraba como esa mujer era tan fuerte para aguantar tantos maltratos juntos por parte de su padre. Única hija y no sabía valorar su amor, todo la vida fue así y nadie podía cambiarlo a ese hombre rudo. Camina enojado hacía donde estaba.
En la oficina:
Observa con detalle todo el pintado blanco, el escritorio, una computadora y varios tragos a la vista. Mía camina hacia donde era su lugar, espero que él haga lo mismo pero se mantiene de pie.
—¿Qué quieres?— pregunta enojado.
Hace un gesto —Siéntate — le pide.
No le responde nada, Thomas ya más o menos conocía que esa mujer cuando algo se le ponía en la cabeza era difícil de hacerla recapacitar y accedió a conversar. La siguió hacia una oficina que estaba alejada de todos los ruidos de la música.
Le indica un lugar vacío pero ve que no hace nada y sigue moviendo su mano — Puedes sentarte — le dice señalando el asiento vacío frente a ella.
Le hace caso y espera que hable pero al notar que no había conversación, habla él — ¿Qué quieres ? — le insiste con la pregunta.
Apoya sus codos sobre la mesa — Te quiero a ti — le dice seriamente.
Thomas se quedó mudo cuando escucho decirle eso, no sabía si le estaba haciendo una broma, si era verdad o que sucedía. Pero largo una risa, se levantó de su asiento — No estoy para bromas — le dice enojado.
Ella se para rápidamente y lo frena — Por favor, escúchame — dice suspirando.
Toma distancia — No juegues conmigo — le dice cortante y extiende los brazos para que no se acercará demasiado.
No era una mujer como todas de eso estaba seguro, su belleza no se discutía pero algo había que le resultaba extraño. La ve suspirando como temblando — Le he dicho a mi padre que estamos a punto de comprometernos — dice cerrando sus ojos asustada y agacha la cabeza.
Enojado le agarra los brazos — Todo este encuentro fue una farsa para ayudarte en esta mentira, ¿qué te piensas que soy?, ¿tu títere? — le dice furioso.
El agarre en los brazos eran cada vez más fuerte, sentía como su piel se le rompía prácticamente y se quejaba pero no servía de mucho para que él la soltara. Sufría del dolor pero seguía con esa mirada de odio hacia ella. Estaba jugando con fuego y eso no le agradaba para nada, menos cuando intento tanto mantenerse alejado de todos.
Abre su boca y repite varias veces para que se entienda — Lo siento, lo siento no quise...—no pudo terminar porque los interrumpe la puerta abriéndose.
Thomas voltea a ver y puede reconocer al hombre que los interrumpió — Señor Anderson — dice soltando a la mujer y se pone firme.
El tipo lo empuja y corre al lado de la mujer —¿Estás bien? — le pregunta preocupado viéndole los brazos rojos de ella.
Ella baja la mirada y sólo mueve su cabeza confirmando que todo marchaba bien. Thomas más furioso todavía de lo que ocurría la enfrentó de nuevo — Soluciona ese problema y bórrate de mi vista — le dice amenazándola.
El otro hombre lo agarra del cuello a Thomas y lo aprieta fuerte —Le pones una mano encima a mi hija y eres hombre muerto, recuerda bien eso — lo empuja contra la pared.
Mía se mete al medio de los dos —Fue un mal entendido padre — dice llorando.
Thomas sigue en silencio observando todo. El señor Anderson era el presidente de uno de los mejores clubes del país y no entendía que hacía ahí.
Lo señala y vuelve a ella sin comprender todo lo que pasaba en ese momento —¿Porqué no me dijiste que tu padre era él? — le pregunta mirándola.
Levanta sus hombros —Fuiste el primero que se detuvo a verme a mí y no a sacar provecho de que mi padre sea quién es — le explicó más calmada.
El padre se acerca a él — ¿ no sabías que estabas saliendo con Mía Anderson? — le pregunta curioso.
Eleva sus hombros — No, señor — dice mirándolo.
Ella enfrenta a su padre — Es como te dije por eso lo elegí papá, espero que me entiendas ahora. Tenemos que seguir discutiendo el contrato de su regreso — le dice sonriendo.
Le hace un gesto para que no diga nada y sólo nueva su cabeza. Él lo hace pero su furiosa no lo dejaba tan tranquilo como parecía estarlo.
Se voltea a verlo — Tenemos una cena pendiente y cuídala. El lunes te veo en el club que en un futuro va a ser tuyo y sabrás amarlo tanto como yo — le dice extendiendo su mano.
Lo saluda y no responde nada, se queda esperando hasta que lo ve marchándose.Camina de un lado hacia el otro tomando su cabeza, desesperado sin lograr entender todo lo que sucedía. Era muy difícil aguantar tanto sin caerse en el enojo nuevamente, la mira buscando otra explicación pero ella seguía llorando y sin decir nada. Tapa su rostro y se podía escuchar cómo estaba de mal, levanto su mano para acercarse y acariciarle la cabeza como consuelo pero se detuvo.
Levanto su cabeza, sus ojos rojos se podía ver muy bien —No encontraba otra salida, perdón — le dice llorando casi desesperada.
Se aproxima — ¿Porqué yo? ¿Porqué? — le pregunta gritando.
Lo ve alterado y se acerca a él lentamente —Porque me viniste a la cabeza cuando mi padre me presionaba tanto y porque fuiste el único capaz de sacarme una sonrisa sin conocernos — dice tocándole las manos asustada.
—No puede ser— dice sorprendido. Todo su mundo solitario se le estaba derrumbando en esa conversación, ya no había marcha atrás y se quedó con esa imagen.
Observa que estaba temerosa, no soportaba el rechazo de él pero le dio igual y se arriesgo como siempre. Entrelazó sus dedos con los de él, lo acercó a su cuerpo y le susurro —Seré tu salvavidas, lo juro. Déjame intentarlo, déjame ser quien te devuelva la vida — le dice sinceramente.
Niega con su cabeza — Yo ya no tengo salvación, no me ves que estoy derrotado — le dice mirándola.
Mueve sus dedos acariciándole la mano para que sienta ese cariño que le estaba regalando — Déjame intentarlo, Thomas — le pide mirándolo.
Él nuevamente niega con su cabeza. Pero a ella no le importó en lo absoluto como siempre, apoyo su cabeza en el pecho de él y cerró sus ojos — No puedo — le dice alejándola.
Intenta escaparse de todo lo que le estaba tocando vivir pero ella lo detiene, le toma la mano hace que sus cuerpos choquen. Sube sus manos hasta el rostro de él y hace sus miradas se conecten —No dejaré que te caigas, lo prometo — le dice mirándolo a los ojos.
Él no se resiste y la besa, la quiere empujar pero no puede. Hacia tiempo que no besaba a una mujer de esa manera, se deja llevar por la sensación que le estaba provocando en ese momento y la abraza por la cintura apretándola a su cuerpo haciendo que largue un gemido de sus labios. Sus manos recorren su espalda y no la separa de él, era como si la necesitará para seguir escapándose de todo. Separa sus labios de los de ella y la queda mirando — Yo no puedo darte lo que esperas — le dice tocándole el rostro.
Sonríe cuando lo escucha decir eso preocupado — No espero que me ames locamente, sólo quiero tener alguien al lado— le dice mirándolo a los ojos.
Fue todo lo que le pudo decirle mirándolo bien a los ojos, de alguna forma necesitaba tenerlo cerca suyo. Él se quedo completamente paralizado y sin saber que decirle en ese momento.