Pasaron los días en una especie de neblina. No podía dejar de pensar en Daniel. Pasábamos casi todos los momentos libres juntos. Daniel había transferido la grabación de la cabina a mi teléfono y la veía, disfrutando de su sonrisa y de lo fácil que se sentía todo en ese momento. Me dolía todo el cuerpo por las noches tan... atléticas que pasé con Daniel. —Todavía estás acostándote con él, ¿verdad? —preguntó Gretta de la nada mientras limpiábamos unos vasos. No pude evitar mostrar una expresión de culpa. —Sí. Pero, en mi defensa, no puedo parar —respondí con sinceridad, sin mirarla. Estaba tratando de ocultar mi vergüenza. —Anna, eso no es suficiente. Pensé que te había advertido. Es una mala idea —claramente estaba decepcionada de mí. Yo también lo estaba. Pero no podía detenerlo. Nu

