Luego de una semana, Paula creía haberse adaptado a la nueva rutina. Si bien aún le costaba enfrentar esos enormes ojos, su presencia hacía que disfrutara tanto de su compañía que se sentía extrañamente habitual. -¿Listo para comenzar?- preguntó mientras ingresaba al gimnasio. Se sentía de buen humor, quería iniciar los primeros movimientos y ver como respondía, pero sus intentos quedaron a medio camino, ya que su paciente no estaba en el lugar habitual. Algo confundida regresó al hall central de aquella casa. No la había recorrido antes, se limitaba a bajar del auto, que Carlos se había empecinado en que utilizara, saludar al chofer y recorrer el pasillo hasta el gimnasio sin levantar la vista. Llevaba tiempo sin interesarse en el mundo exterior, lo recordaba demasiado hostil y eso ha

