Repiqueteaba sus dedos con impaciencia sobre aquel escritorio lujoso que poco tenía que ver con el resto del lugar. Al parecer había sido recientemente incorporado para darle un espacio más cómodo para trabajar. Paula se sacó los lentes y los apoyó sobre aquella madera robusta mientras estiraba su cuello para liberar toda la tensión que había vivido hacía apenas unos minutos. Recordaba muy bien aquel cuerpo, que aún en una situación vulnerable lograba llenar su mente de imágenes que no hacían más que encender una parte de ella que creía sepultada y olvidada. Suspiró con fuerza y soltó su iPad para dejarlo caer sobre la mesa, logrando un gran sonido que delató su impaciencia. -Bueno, tampoco me demoré tanto, teniendo en cuenta que ni siquiera me ayudaste a vestirme.- la sorprendió Carlo

