No podía contener su frustración, había recibido cientos de llamadas que había decidido ignorar. Su padre, su madre, su tío, Charles, periodistas, entrenadores y demasiados números desconocidos. No podía soportarse a sí mismo, menos podía hacerlo con alguien más. Se había esforzado, había respetado los plazos de la rehabilitación, había conversado con el director de la escudería casi todos los días, creía que todo aquello pasaría a ser una anécdota y sin embargo, no podría comenzar a correr. Se suponía que este sería su año, había hecho todo para que así fuera y el destino se empeñaba en demostrarle que a veces, todo, no es suficiente. Había pasado las últimas horas destruyendo cosas, golpeando paredes y simplemente yaciendo sobre su cama a oscuras. No encontraba consuelo. No quería se

