Lejos de comenzar tímido, el beso mostró desde el inicio todo el deseo que ambos habían acopiado desde que se conocían. Carlos se apropió de esos labios carnosos con los que llevaba soñando y recorriendo su espalda con su fuerte mano la acercó aún más, tomando su cuello con un mezcla irresistible de sutileza y desesperación, era como si se estuviera conteniendo para no desbordar una inmensa pasión desde el primer segundo. Recorría su boca con deleite disfrutando de su cuerpo tan cerca, tan suyo. Paula por su parte se mantenía inmóvil, no se había animado a tocarlo, pero si había separado sus labios para que hiciera a su antojo. No recordaba que la hubieran besado así, nunca. Era un beso profundo y avasallante, que se desvivía por generarle gozo. Y justamente ese sentimiento se material

