Por la noche, acostada en mi cama, no podía dormir, no porque no tuviera sueño, más bien, porque no dejaba de pensar en las palabras de Ángel, hablaba tan extraño él... Hablaba del Ser Humano como si él no fuera uno de nosotros, su calma y tranquilidad, su manera de decir las cosas, su forma de ver la vida, las emociones; todo en él era extraño. Pero extraño del bueno, un ser único en el planeta. Uno excepcional. Me dormí cerca de las dos de la mañana y, al igual que el día anterior, me desperté con mucha energía y ánimo, antes de las ocho de la mañana. -¿Tan temprano? ¿Te caíste de la cama? -se burló Ángel que tomaba desayuno en la cocina junto a María. -Buenos días, sí, dormí muy bien, gracias, ¿y ustedes? -respondí en broma y me senté a la mesa con una taza de café que ya estaba p

