Regálame tu corazón p1
Una novia para navidad.
Por Hannah Cicarelli
Mi primer año fuera de casa ha sido super duro, es que extraño tanto a mi familia y estar a cientos de kilómetros de ellos me tiene un tanto mal.
Naaaaa, mentira, estoy en el mismo estado, pero trato de no verlos mucho porque me desconcentro de mi objetivo, pero todo el esfuerzo lo vale.
La Academia de Policía es el centro de formación de última generación del Departamento de Policía de Nueva York, que ofrece preparación académica y física a los miembros uniformados y civiles del Departamento de Policía de Nueva York. Los miembros del departamento reciben una preparación exhaustiva y rigurosa, digna de los profesionales de las fuerzas del orden más capacitados y eficaces del país. La Academia de Policía les proporciona la última tecnología, educación y conocimientos tácticos para mejorar su capacidad de proteger las vidas, los derechos, la propiedad y la dignidad de todos los neoyorquinos y visitantes.
Eso es lo que rezaba el folleto que recibí un día en la actividad que hicieron en la escuela para promover universidades y lugares donde estudiar. ¿No me digan que pensaban que estudiaría medicina como mis papás? Cuek, error, se equivocaron palomos, lo mío iba por el servicio a la comunidad y la investigación. Ser amiga de David Galeano y de una serie de agentes que a lo largo de mi vida (Ah y también que me dijeran la pequeña Sherlock) me cautivó desde que tengo uso de razón. Aunque no quiero ser solamente policía, mi sueño algún día es ser agente del FBI como José y el tío Miles.
—Cicarelli, ¡Cicarelli!
—¡¿Qué?!
—El capitán Henderson te está buscando ¿Qué hiciste ahora?— me pregunta mi nuevo amigo y compañero, el futuro oficial de Policía Daniel Somerson, un rubio de ojos verdes como un bosque en primavera y un cuerpazo que se trae que tiene a todas las aspirantes de cabeza y he ahí donde yo aparezco en la ecuación. Soy la amiga que le espanta las moscas.
—Yo no he hecho nada, idiota, debe ser que quiere preguntarme algo sobre el último examen que dimos, porque por ahí supe que el capitán Martin se enojó cuando le dije que la pregunta 24 estaba incorrecta en la selección de las respuestas.
—¿Cómo que la 24 tenía incorrecta las respuestas?
—Idiota, de verdad que no entiendo qué haces estudiando aquí, lo guapo se pierde con lo imbécil que eres.
—Mejor deja de burlarte de mí y ve con el capitán, ya me las pagarás pequeña Sherlock.
—Solo hay un hombre en mi vida que me puede decir así y no eres tu guapo, eso ya lo sabes— le digo, dándole pequeñas palmaditas en su pecho que lo hacen retroceder—, así que busca otro apodo, algo así como Diosa de la sabiduría, Ídola de la fuerza, Eres la puta ama del universo.
—¡Cicarelli!
—Mierda, creo que no necesitaré ir dónde el capitán.
—Estamos fritos.
—Escóndete en mi armario que si te ve aquí nos cortan a los dos en pedacitos.
Los golpes en la puerta de mi habitación hacen que mi amigo escape como un vil gusano y cuando veo que cierra la puerta de mi pequeño armario me pregunto ¿Cómo mierda hizo para entrar ahí? ¿Será el hijo perdido de Harry Houdini? ¿O un elfo doméstico? ¿O tendré a Narnia en mi armario? Niego con mi cabeza para salir de mis pensamientos locos y abro la puerta con mi mejor cara seductora y de niña buena (recuerden que me parezco a papá)
—Capitán Henderson, dichosos los ojos que lo ven— sonrisa ladina, ojos de cachorrita y mano arreglando mis rizos, tomen nota…
—Cicarelli— pasa por mi lado sin ser invitado (Ja, me salió verso sin mayor esfuerzo, tengo que anotarlo) y lo veo sentarse como si fuera el dueño del mundo a los pies de mi cama.
—Te he estado buscando…
—Y yo siempre he estado aquí, capitán— digo cerrando la puerta y encogiéndome de hombros—. Debía terminar mis deberes para antes de volver a casa en estas fiestas.
—¿Volver a tu casa?— su tono es un tantito apesadumbrado y yo lo miro por el rabillo de mis hermosos ojos que diosito me dio.
«Aww, que tierno, me extrañará»
—Por supuesto, capitán, como todos iré para estas fiestas a casa. Además, mi Cam está esperando para verme y no quiero ni pensar en Mel que está lesionada, le conté de Melanie y Cameron Scott ¿no?
—No— dice en forma seca y frunciendo el ceño, uy que tipo más serio.
—Qué lástima, algún día le contaré sobre ellos, ahora, como que no quiere la cosa y para no seguir importunándolo y perdiendo el tiempo ¿Para qué soy buena?— escucho una risita ahogada y estoy a punto de usar mi arma de servicio para matar a la rata inmunda que está metida en mi armario, cuando de la nada el Capitán Henderson se pone de pie frente a mi y carraspea para que le preste atención.
—Pensé que por ser su primer año en la Academia se quedaría para estas fiestas preparando los exámenes. Sé que es una excelente alumna y esperaba que…— no lo dejo terminar y me aparto de su intensa mirada, es que uff no sé si me da frío o calor, pero algo pasa con el termostato de esta habitación, deberé pedirle a mantenimiento que lo revise.
—Con mayor razón me merezco un descanso, capitán. Tengo el mejor promedio de la academia y no hay nada que me impida ir a casa para navidad ¿o me equivoco?—el capitán primero asiente uy luego niega ¿Qué le pasa a este hombre? Mejor sigo con mis preguntas y deducciones—Pero no creo que sea por eso por lo que me buscara ¿no señor?
—No, no era por eso...
—¿Será por lo que le comenté al capitán Martín sobre la prueba?
—No, tampoco —sigo con el interrogatorio, me estoy frustrando por que no dice nada relevante…
—¿Entonces para qué mierdas me necesita, Capitán?— salió lo italiano en mí, nivel dios. El hombre me mira con los ojos abiertos como platos y comienza a moverse en mi habitación de dos por dos como si fuera una fiera enjaulada, se toma el mentón y hace tronar los huesos de su cuello y a mí me da… me da hasta el ataque de repelus y lo enfrento, colocando mi cuerpo como muralla de contención.
Craso error, salí disparada y caí al lado de mi cama, pegándome en la espalda.
—¡Auch!, ¿podría parar su paseito? Mire lo que provocó, Capitán.
—Hann… Perdón… No era mi intención…
—Deje de tartamudear y dígame de una puta vez qué quiere de mí, porque creo que no es nada bueno. Ah y por favor deje de tronar sus huesos, es malo para las articulaciones— ¡Dios! Dije todo eso de corrido, mientras el capitán me miraba con esos ojos marrones que se que a cualquiera se le hacía agua la boca, incluso a…
«Hanni, detente»
¿Por qué la voz de mi conciencia tenía rostro? Sí, cada vez que esta desgraciada aparecía frente a mí era en la forma de un hada como Tinkerbell, ¡Pero con la cara de Mel! Y eso era imposible, mi amiga, casi hermana jamás sería la voz de la conciencia de nadie ¿no? O ¿sí? Tendré que llamarla, algo pasa con ella y no me lo ha dicho.
—Hannah, ¡Hannah!
—Dime, perdón, dígame… necesito ver a la tía Vannah, estos cambios tan raros en mi cabeza me están volviendo loca y este loco aquí al frente no me la hace nada fácil.
—¿De qué hablas?
—De nada, capitán. Le decía dígame.
—Y que este loco no se la estaba haciéndolo fácil.
—Mierda ¿Lo dije en voz alta?— cubro mis labios y él se está riendo de mí.
—Ya pare, señor.
—Es que cuando dices señor… Perdón ¿sí?— niega nuevamente como buscando las palabras que va a decir—Seré honesto, Hannah, necesito pedirte un favor muy grande y la verdad es que solo confío en ti.
—Wow, que honor, señor— me miró feo y ya me estaba acostumbrado, pero no me reiré, lo prometo, aunque no me esté escuchando—, perdón capitán.
—Bueno, por eso necesito que te quedes aquí, conmigo o bueno no aquí precisamente, pero sí conmigo.
—Si sigue haciendo trabalenguas no lo voy a entender, señor.
—¡Necesito una novia para navidad!
Adivinen quién se ríe ahora a carcajadas y para peor ha salido disparado de mi armario y cae a nuestros pies, bueno yo también me estoy riendo, no podía aguantar al ver la imagen de nosotros tres en mi pequeña habitación.
—Y usted Somerson ¿Qué hace aquí?— recontra mierda, pillados.
—Bueno señor, yo…
—Somerson me vino a buscar porque sabía que usted me estaba buscando y cuando lo escuchamos preferí esconderlo para que no se creara ideas equivocadas— bien, Hanni. La verdad es la mejor amiga, pero de nuevo reculo a lo que me ha dicho —, pero ¿Qué es lo que ha dicho usted? ¿su novia? ¿para navidad?
—Será mejor que yo me vaya—dice el idiota de Somerson.
—¡Sí!— no soy yo la que exclama, obvio.
—¡No!, eso si que no. Somerson es mi testigo de cargos, por si se le ocurre decirme otra burrada.
—¡No son burradas!
—¡Entonces, termine de lanzar la bomba, señor!
—Ya bajen el volumen, sino todos se enteran de lo que están discutiendo.
—Algo bueno que ha pasado por tu cabecita vacía, hermano, tienes razón mi querido Watson.
—¿Te puedo decir Sherlock?
—Noup, eso jamás.
—Mala amiga.
—Después solucionan su pelea conyugal, ahora ¿Me pueden escuchar?
«Ay, si supiera capitán»
—Pues mejor me siento, ya son demasiadas emociones en menos de una hora.
—¿Te sientes bien? ¿te tomaste tus medicamentos?
—Sí, idiota. No es por eso que estoy así, es por lo que acaba de decir el capitán aquí presente.
—Ah…
—¿Medicamentos? ¿Estás enferma?
—No, eso es lo de menos, pero ya, si quiere que lo ayude en su estupidez debe explicarme ¿Qué sucede?
—Está bien, por favor siéntense…
Dos días después y enfundada en un vestido de la colección de la tía Aitana, estoy cruzando el pórtico de la casa de los padres del Capitán Henderson, díganme corazón de pollo, alma de abuelita, pero no me pude negar.
—Solo se tú misma, sé que les vas a caer muy bien.
—Sí, claro a la novia de mentira que viene a usurpar el puesto de la preciosa chica que tienen preparada para usted. Ay señor ¿En qué mierdas me he metido?