Desastre Navideño p2
Por Enzo Di Rossi
Unas horas antes del desastre
Todavía no entiendo qué mierda es lo que hago en el departamento de Jex, con la pañalera de mi hijo en mi hombro y tres pares de ojos mirándome como bicho raro.
—¿Me puedes decir que haces aquí, Di Rossi? — me pregunta mi querido némesis, ese que a veces, sólo q veces me saca un poquito, sí, también un poquito de celos por su relación con mi amada Fatina.
—Me creerás que me estaba haciendo la misma pregunta, todavía no puedo creer que mi Fatina haya hecho un escándalo por una nimiedad.
—¿Nimiedad? ¡Una nimiedad! — ¿dónde fue que escuché eso?—Enzo, estás igual o peor de idiota que este pendejo de Jex. Es que yo vuelvo a decir, esas cosas no se dicen, sobre todo cuando la bruja está en casa.
—Papi, pero es que tú le tienes más miedo a mamá que a el fantasma de las navidades futuras.
—Shuuuu, Tommy. No me delates.
—Yo solo digo, pero ahora necesitamos ponernos de acuerdo no solo para comprar el árbol de navidad, sino que en la forma de que nuestras mamis vuelvan con nosotros, ¡Dios, me siento tan culpable! Ahora los tendremos que soportar a ustedes.
—Ey, pendejillo. Conmigo no cuentes, yo voy de salida, tengo una cita.
—Con una compra de un árbol de navidad, ni se te ocurra escaparte, también te reíste de este estúpido.
—¡Ya basta, con pasar el trapero conmigo! O sea, la cagué, sí lo asumo, pero ya córtenla y vayamos por el mentado árbol, como dice Thomas.
Sarita, hermosa. Puedes ir a hacer pipí antes de salir.
—Nosotras la ayudamos— dice mi hermosa Cata, tomando de la mano a Sarita que aún nos mira con cara de pocos amigos.
—Estoy de acuerdo con Jex, vamos a comprar el árbol y luego averiguar donde están esas brujas.
—Tranquilo, galán. Se llevaron a Lamas, así que sabremos donde estarán.
—A propósito, ¿Supieron que la Hermana de cuñis despertó?
—Por supuesto, idiota ¡Somos Scott, no O’Connor!
—¿Sería posible que dejaran de tratarse como las pelotas y enfocarnos en lo que es importa?
—Perdón, perdón, señor yo soy perfecto— miro retando a mi cuñadito y juro que estamos a punto de los golpes cuando Tommy nos saca.
—Papi… Tío Thomas…— y ahí veo que Alondra nos mira con esa carita de borrego.
—Está bien, cariño. Mejor preparemos a Mateo para salir a comprar el árbol de navidad de Sarita.
—Y el de papá, Alma me acaba de mandar un mensaje—¿WTF? ¿Por qué le escribe a él y no a mí?— . Y no me mires así, recuerda lo que pasó hace tres años.
—Eso no justifica que te haya escrito a ti — digo molesto—. Que esté molesta no obsta a que me lo pida, sabe que lo haré.
—A veces pienso que mi hermana te quemó el cerebro, ¿no ves que está enojada contigo? Y lo peor que nos recuerda la tontería que hizo papá.
—Sí y todo por pensar que esto era una nimiedad y lo de tu papá, ni me lo recuerdes.
—Ahí fue donde todos la cagamos, pero bueno, vamos a hacer lo que tenemos que hacer—Ahora entiendo cuando Alma dice eso de que en esta familia salen las Umbridgericosas y me dio un escalofrío —, luego llamamos a Lamas para qué nos diga donde están.
—Tienes razón— me rindo ante esaa palabras y Jex que a penas ha hablado, toma las llaves de la camioneta, la pañalera de Jexito, un bolso de Sarita y se cuelga a su bebé.
—Vamos…
Llegamos al Tree Riders y debo decir que nos veíamos como los más sexies padres en su día de visita, pues todo el mundo nos mira de pies a cabeza. Cada uno se preocupa de su prole y con sumo cuidado nos organizamos antes de entrar.
Thomas abre el maldito coche triple e instala a los pequeños angelitos.
—Jex se coloca la cangurera al igual que yo, suerte que tenemos uno solo pequeños y que hasta el momento ninguno de esos cuatro se ha puesto a llorar.
—¿Mamaderas? — pregunta Jex como si esto fuera una misión imposible de sortear.
—Listas—decimos al mismo tiempo con Thomas.
—¿Pañaleras?
—Confirmadas—suelta Thomas y yo me río de sus ocurrencias.
—Tío insidioso.
—Te estoy escuchando, Lester y sí, estoy listo.
—¿Pequeños demonios? —Y he ahí el problema, miramos hacia todos lados y mis hijas, Sarita y Tommy ya van corriendo al local.
—¡Niños, esperen! — grito casi desgañitando mis cuerdas vocales y los cuatro se detienen nos miran y fruncen el ceño.
—Si no se apuran, nos quedaremos sin árboles de navidad, tío —Sí, ese es Tomás el que me responde con su cara de niño bueno. De seguro quiere que santa lo premie.
Niego con mi cabeza y comienzo a caminar junto a los chicos para alcanzar a nuestros pequeños.
—Mira papi, ese tiene las hojas verdes como los ojos del tío Newtt.
—¿Algo más en que podamos basarnos para elegir el árbol, cariño?
—Yo creo que sería mejor ese que es más frondoso y mira que alto es tío.
—Tienes razón, se ve bonito. Oye Thomas…
El muy idiota de mi cuñado, junto a el otro idiota de O’Connor están rodeados por el fan club de madres adora hombres con bebés a cuestas y de la nada veo a Jex con su celular sacándole fotos.
—No me mires así, es evidencia para que después no me sigan atacando.
—Idiota, pero por favor graba lo que voy a decir— Jex me da la señal de Okey y utilizo todas las artes escénicas que he aprendido de mi fatina en todo este tiempo— Niños, esto no lo hagan en casa, ¿de acuerdo? —les guiño un ojo y endulzo la voz—¡Thomas, cariño! Te necesito aquí, las gemelas quieren que elijamos nuestro arbolito en familia.
El idiota de mi nuevo amor vuelve su cara como la niña de poltergeist hacia mí y Chris, tose, para disimular la risa. Mis hijas nos miran con cara de circunstancia y Jex aplaude mientras sigue grabando.
—Sí, Chris, cariño. Tú también mueve ese trasero respingado hasta aquí, no quiero que Jexito se vaya a resfriar.
—¿Cari qué? Jex, qué mierda estás.
—¡Papi, ya hablo mi papi Jex, apúdate!
No aguanto con la frase de Sarita y me largo a reír, mientras vemos al séquito de mujeres huir como si los chicos tuvieran lepra.
—Esta no se va a quedar así, Di Rossi.
—Agradece que te estoy salvando el culo, idiota ¿Te imaginas si alguien conoce a nuestras esposas?
—Pero si yo no tengo la culpa de verme tan hermoso.
—Y yo no soy tu cariñosito, cuñadito.
—Pero bien que dejabas toquetear ¿no? —responde uno.
—Estoy soltero ¿no?— le retruca el otro.
—Necesito un café y algo de comer, tanta risa, me ha dado hambre— digo para calmar los ánimos.
—Y yo necesito a mi mujer.
—Yo quiero que Rocío me diga por qué mierdas me hizo lo que me hizo.
—Y yo que compren de una puta vez un maldito árbol para mi casa.
—¿Papá?
—Él mismos que viste y calza— mi suegro vienen enfundado en un pantalón de chandal, zapatillas converse negras y un polerón con capucha que cubre su cabeza, ah y se me olvidaba, viene con gafas oscuras y una bufanda rosa ¡Que es de mi esposa!.
—Pero papá, tu sabes que no puedes estar aquí — le grita Thomas y todos afirmamos.
—¿Y qué querían que hiciera, si tu madre me mandó a supervisarlos, aunque fuera desde la calle?
—Pero desde la calle, no dentro de la tienda.
—No va a pasar nada, hijo— se baja los lentes y nos guiña —. Lo que sucedió la otra vez fue una nimiedad.
—No repitas esa palabra, Adam. O se nos devolverá el mal karma.
—¿Nimiedad?— pregunta como si nada y siento que el estómago se me resuelve.
—Papá, hazle caso a Enzo.
—Gracias, cariño.
—De nada, mi cielo— me retruca, guiñándome un ojo.
Nos largamos a reír, hasta que escuchamos los gritos de un personaje, vestido de santa que sw acerca peligrosamente a nosotros.
—¿Qué mierdas haces aquí, Scott?
—Santa, no seas grosero, me he portado como un buen niño, revisa, estoy en tu lista— dice Tommy colocando los brazos cruzados en su pecho.
—No estoy hablando contigo, mocoso.
— ¡Ni siquiera pienses en insultar a mi hijo, Santa de pacotilla!— Ahora, es Thomas quien brama y yo sostengo a las gemelas que se han puesto nerviosas, Jex abraza a Sarita y Jex jr. Y los trin han comenzado a llorar, mientras Mateo duerme como si nada hubiera pasado.
—No te metas proyecto de marica. A este baile no te han invitado.
—Papito ¿este viejo no es Santa? Santa no es malo— dice mi Cata preocupada y ya yo estoy viendo todo rojo.
—No hija, este no es Santa, es un viejo que debe estar borracho y viene de una fiesta.
— ¡Salgan de mi puto negocio, todos!
— ¡Más respeto, viejo de decrépito! — es lo que le escucho a mi suegro y el tipo se abalanza contra nosotros y todo se va a la mierda…
En la comisaría…. A no sabemos cuánto tiempo de que se produjo el desastre
— ¡Enzo!— escucho la voz de mí fatina y abro los ojos, no sé cuanto a pasado desde que agarré a ese viejo de mierda por el cuello y casi lo desgañité. Por suerte, Thomas y Jex me separaron de él cuando Mateo se despertó por mis movimientos un tanto bruscos.
—Fatina… ¿Los niños?
—Tranquilo, están bien, el tema no son ellos, son ustedes ¿Cómo se les ocurre atacar a Santa y sus duendes mágicos?—¿Cuáles duendes? Solo era ese viejo decrépito.
—Hija, no nos culpes, el tipo estaba como loco, Enzo sólo defendía a mis nietos.
—Y tú papá ¿En qué minuto se te ocurrió hacerle caso a mamá e ir a ese lugar? Si sabes que no puedes.
—Enana, no fue así, papá no dijo nada, en contra de ese viejo, te lo juro.
—Dani y mamá están haciendo todo lo posible para sacarlos de aquí, pero no sé cuánto demoremos— suspira mi Fatina, se acerca a la celda y estira sus manos tomando mi cara— Tontito, ¿cómo fue que te volviste en todo un demonio de Tazmania?
—Estaba defendiendo a mi familia— acaricia mi rostro y como su carita es tan pequeña me besa por entremedio de los barrotes.
—Alma…
—¿Jex?
—Dile a Dani que pida mi celular ahí está todo, creo que jamás deje de grabar.
—Entendido, vuelvo de inmediato con algo de comer y café — mi hermosa esposa sonrie al guardia y ya sé que se lo metió en el bolsillo.
—Fatina…
—Tranquilo, lo siento yo también.
Cinco mil doritos después, estamos saliendo de la comisaría, con una sonrisa de oreja a oreja. La verdad sea dicha que, como dijo Jex, jamás dejó de grabar y en su celular estaba todo el incidente.
Blue, como la experta en estos casos y la única abogada libre de la familia en estos momentos solicitó hablar con el Santa venido a menos, que ahora sé que es el dueño del negocio donde fuimos y conoce a Adam de cuando eran jóvenes, escuchamos como ella le recordaba sus viejas rencillas y lo sucedido años atrás, en donde se estableció que la chispa que inició el incendio salió de la golpiza que se dieron entre los dos y que Adam pagó todos los gastos ocasionados, al negocio. Que no existía una orden de alejamiento o restricción en contra de Adam y que lo sucedido el día de hoy estaba totalmente documentado, no solo en el video de Jex, sino que en las cámaras de seguridad del local.
—¡Papi!— gritan los niños al unísono lanzándose a nuestros brazos, después que nos sueltan a todos de la comisaría.
Cada uno abraza a su pequeño diablillo, en mi caso por partida doble, mientras vemos a la otra parte del grupo que se acerca a nosotros.
—Creo que un buen chocolate con churros sería una excelente idea ¿no?— nos dice Blue abrazando a Adam.
—Yo estaba esperando el Tofu, como en esas novelas que estás viendo.
—Idiota.
—Pa, pa, pa— me estira sus bracitos Mateo.
—Ven acá campeón.
—¿Y yo?— me dice mi amada Fatina con su clásico puchero de niña mimada.
—Tu también hermosa.
En eso vemos como el Santa desquiciado pasa por el lado de nosotros y nos mira con cierta tristeza.
—Ey, Elmer ¿Quieres un chocolate caliente?— le pregunta Adam y el hombre gruñe entre dientes diciendo algo inentendible para nosotros.
—No seas gruñón, hombre, a todos nos viene bien el espíritu navideño de vez en cuando.
—No estoy de humor, Scott.
—Estás solo, qué ¿Te irás a encerrar a esa vieja tienda de árboles? Si ya es tarde, nadie irá a comprar a esta hora.
—No es tu asunto, Scott.
—Lo sé, pero nadie debe pasarlo solo en estos días, no seas bruto y ven con nosotros a beber un rico chocolate caliente.
El tipo, a duras penas aceptó, nos subimos a las camionetas y a eso de las diez de la noche llegamos a nuestra casa, en el camino Adam nos fue contando algunas otras anécdotas que había pasado con ese tipejo que supimos que se llamaba Elmer como el personaje de las caricaturas y hacía honor, era gruñón y pelón, pero nadie se lo diría.
Cuando entramos a la casa Glorita y las chicas que la ayudaban nos recibieron con ese rico chocolate con especias que tanto nos gustaba ¡Ah! Y obviamente con los ricos churros para acompañar.
Cada uno de nosotros se disculpó por lo atravesados que estuvimos este día y nos reconciliamos como si nada hubiera pasado, pero algo faltaba… estaba el ambiente, la comida y por supuesto la familia, fruncí el ceño y me puse a mirar alrededor, cuando Sarita me sacó de mis dudas.
—¿Y el árbol de navidad?
Esta historia va dedicada a Anita Mena que está de cumpleaños.
Anita bella, mil besos para tí y que sigas disfrutando de tu día.
TQM.