Desastre navideño
Por Alma Di Rossi
Estamos preparando una navidad diferente este año, mis papás quieren irse en un crucero por el Atlántico y nosotros no queremos soltarlos, es que no habría navidad sin ellos ¿no?
Así que hemos hecho algunas travesuras con Thomas para mantenerlos en la ciudad hasta por lo menos el veinticinco de diciembre. No nos culpen, ustedes ya nos conocen.
Aunque cada uno vive en su propio mundo, nuestro hogar está en los Hamptons, ahí fue donde hicimos nuestros primeros recuerdos como familia y los que nos llevaron a dónde estamos ahora, en mi caso con tres hermosos hijos y un hombre maravilloso que amo y me ama como la primera vez que nos vimos. En cierta forma, es por eso que aún no puedo despegarme de este lugar y mi amado miele me aguanta todo.
Siempre que veía a mis papás me imaginaba un amor así de intenso y creo que con Enzo hemos llegado a ese mismo nivel, porque ni loca viviría peleando con mi miele, eso no. Él es el hombre más amoroso, comprensivo, buen padre y esposo que podría haber conseguido en la vida y no puedo negarlo, cada día lo amo más.
Como todos los días, estamos desayunando en familia. Enzo le da la papilla a Mateo, los mellizos andan con cara de funeral y, a una semana de navidad, Mel quiere matar a medio mundo con sus muletas, adolescentes ¡Cómo me recuerda a dos que conocí en mi juventud! En fin, todo está en su momento y lugar preciso, Thomas hablará con papá para decirle que es imposible que viaje pues la negociación con una de las marcas que asesoramos está por caerse, lo que es mentira, obviamente, y yo ya tengo listo mi set de lágrimas artificiales para continuar con nuestro complot.
Veo que mis papás están trabajando con un café en sus manos y yo, niego con la cabeza, no cambian. Mi abuelo con Glorita y nosotros comenzamos, como todos los días, la dulce batalla de la crianza.
—Déjame terminar tu coleta, Alondra.
—Soy Catalina, mami ¿Por qué nos confundes?
—No te estoy confundiendo, cariño. Cata está con la abuela Gloria, así que deja de moverte.
—¡Eso no es justo! — me dice Alondra cruzándose de brazos e intentando comenzar a patalear y tanto Enzo como yo le damos esa mirada que dice ¡Córtala! ¡Suficiente! —Ush, me carga que nos reconozcan, debimos ser mellizas como los tíos.
—No creo que te guste, mi bella Alo, te aburrirás con uno que estuvo contigo nueve meses y luego tenerlo de por vida hinchándote las bolas que no tienes.
—Lo mismo digo, aunque yo amo ser el melli de Mel y ella en secreto lo disfruta— Cameron tenía esa capacidad de dar vuelta las situación y de dejarnos a todos enamorados. Es tan lindo que se tome un tiempito para estar con nosotros, aunque sea tras una pantalla.
Terminamos de desayunar y todo el mundo comenzó con sus labores, las niñas iban en la tarde a la escuela y Mateo, mi niño hermoso iba a trabajar conmigo todos los días y se quedaba en la guardería de la empresa.
—¿Mia fatina estás lista? — lista como para el tercer round, desde que Mateo duerme en su habitación, ¡Dios! Parezco una ninfómana y no puedo sacármelo de la cabeza.
«Respira, Alma, respira. A la nochecita le das duro contra el muro»
—Ya casi, tomo unas cosas y— suena mi teléfono, veo la pantalla y es Dana — contesto esta llamada y nos vamos.
—Okey, ¡Oh! Verdad, me falta un documento. Te espero abajo.
—Okey. Te amo.
—Y yo a ti, mía fatina.
—Hola, Dana bella ¿Qué cuentas?...
Unos tres doritos más tarde…
¿Había dicho que no sería capaz de pelear con mi miele? Bueno, creo que hoy se acabó la racha porque en estos momentos quiero hacerlo pedacitos y dárselos a los cocodrilos del zoológico.
Se acuerdan de que recibí una llamada de Dana, pues a ella Daniela la llamó molesta porque Jex le dijo a Tommy que a las mujeres no hay que entenderlas sino que quererlas y la alerta SOS chicas se activó.
—Mía fatina ¿Me dirás qué te sucede?
—Nada del otro mundo, sólo que el idiota de Jex le dijo la estúpida frasecita a Tommy de que a las mujeres no hay que comprenderlas, sino que quererlas tal y como son y Ush Dani está que lo mata.
Enzo se acerca a mí y me toma por detrás dándome un sonoro beso en el cuello, hasta ahí la historia iba bien.
—Pero amor, para qué ue te enojas, si sabes que esos dos se arreglaran como si nada y a Dani se le quitará la molestia con solo unos besitos como estos que te estoy dando, no veo la molestia y tanto escándalo, es una nimiedad.
—¿Una nimiedad, Enzo Di Rossi? ¡Una nimiedad!
La furia se encendió en mi interior, es que ¿Qué le habían hecho a mi miele? ¿desde cuándo pensaba igual que estos trogloditas?
Me doy la vuelta y me enfrento a ese ropero de tres cuerpos, fornido, con esos ojazos que me calientan, no solo el espíritu y esa carita de yo ¿Qué he dicho? Y le indico con mi dedito delgadito en su pechito durito como roquita.
—¿Fatina? —Upsi, me salí de mi personaje. Volví a la cara de esposa molesta, bruja e hija de la gran P (mamita, no vayas a leer esto) y carraspeo para quitarme un poquito, solo un poquito del calor.
—No puedo creer que pienses igual que todos esos idiotas que tienes por cuñados y amigos, Enzo Di Rossi.
—¿Qué yo qué? — Ja, cree que le creo que no sabe a lo que me refiero, idiota mandilón.
—¡Qué estás pensando igual que esos idiotas! —Bramido de perra loca, excelente para estos momentos—. Mira Di Rossi, será mejor que salgas de aquí antes que te mate y te aviso, te deberás quedar con los niños porque yo me voy de tarde de chicas.
—¡Esto es injusto, Alma! Sabes que tengo que trabajar en el museo, ya pronto tenemos que inaugurar la colección…
—¿Y eso te exime de ser padre? ¿Hay algún documento o ley que te prohíba cuidar a tus hermosos hijos en horario de trabajo? Yo lo hago todo los días, por si se te olvida.
—Es que eso es distinto, Fatina, no vayas a comp…
—Ni se te ocurra decirlo, Di Rossi, por que con eso terminas de cagarla por toda la eternidad— El muy idiota, barrita de chocolate blanco con algunas manchitas de café que solo yo conozco, suspira y he ganado mi primera batalla del día.
«Aplausos para mí, gracias, muchas gracias.»
—¿Dónde te llevo? — se los dije Alma 1 Enzo 0.
—Al departamento de Dani.
Tomo mi bolso, la pañalera de Mateo y les pido a las gemelitas que se preparen para pasar el día con su papito, Cata salta como loca pues sé que le encanta ir al museo y disfrutar de las tardes con su tío Leo, pero Alondra lo quiere fusilar, si es tan igualita a mí, digna hija de tigresa. Subimos a la camioneta y veo que Agustín trae una cara de tres metros. Otro que debe haberla cagado ¿no?
—Lamas precioso ¿qué pasa por esa cabeza casi albina? — Agustín Lamas era el menor de nuestros tres sexis guardaespaldas que habían estado con nosotros desde que tengo uso de razón, es más creo que nos llevamos por pocos meses, pero es el más serio de todos y no miento con eso de que es casi albino, pues su cabellera es blanca como la nieve y sus ojos son de un tono casi rosa, y que decir de ese cuerpo escultural que se trae, es una verdadera tabla de chocolate blanco.
—Nada, Alma, es que la vida es una perra conmigo.
—Uy, parece ser que no soy la única que la esta pasando como la mierda.
—¿Y usted por qué?
—Bueno, porque…
—¿Nos vamos? — así que en esa estamos, ya va a ver…
—Agustín, te necesitaré todo el día— digo entrando al auto como la diva que soy, besando a mi chiquito que me pasa su osito Teddy — Así que me esperas después de llegar al departamento de Jex.
—¿Y nosotros?
—Niñas, recuerden portarse bien el día de hoy y cuidar a Mateo, no vaya a ser que su padre lo deje por ahí.
—¡Alma!
Nada, cero conversación y muchas risitas con mis pequeñas tratando de subirle el ánimo a Agustín, creo que deberemos hablar seriamente con él, no me gusta verlo tristón. El camino se hace rápido y en menos de treinta minutos ya estamos en nuestro destino.
—Señores Di Rossi, llegamos.
—Todos abajo, que vamos a ver a los primos.
A las gemelas les cambió la carita y mi bello Mateo me estiró los bracitos para que lo tomara. Subimos por el ascensor hasta el piso de Dani y Jex y justo nos encontramos con Dana y los Tri, nos dimos un abrazo fraterno y dejamos al troglodita de mi marido esperando. Cuando tocamos el timbre nos abrió el otro idiota de la manada, Chris, que debo decir que tenia el ceño fruncido como si se hubiera comido un limón, pasé por su lado sin saludar pues por qué, porque me importa una mierda su cara de limón agrio.
Nos reunimos con las chicas y para darles una lección decidimos todas dejar a nuestros hijos con los troglo, a ver cómo se las iban a apañar, me despedí de mis bebés al igual que nuestras amigas y salimos del departamento de Dani.
—Y ahora ¿Qué haremos? — pregunta Dani con cara de circunstancia.
—Dana, ¿lo de siempre?
—Dale— me guiña un ojo y sonríe cómplice.
—¿De qué hablan?
—Ya lo verás, preciosa, ya lo verás.
—Agustín donde Paolo.
—¡Señor, protégeme con tu espíritu!
—También te tocará algo, mi querido, eso tenlo por seguro, ahora déjame llamar a las demás. Hoy es mi deseo de navidad es que el club de Lulú se reúna y prometo que lo voy a cumplir.
Entramos en el Spa de Paolo quien nos recibió como la mejor anfitriona del lugar y después de unas cuantas copas de champagne y un facial que me quitó como diez años de encima veo entrar a mi hermana y a Savannah con cara de pocos amigos.
—¿No creen que se les pasó la mano con los chicos? —Nos pregunta Val, cruzándose de brazos y Vannah asiente a su pregunta.
—Pues no es que se les pasara la mano, los atropellaron con camión tolva incluido, la verdad chicas es que se pasaron.
—¿Por qué? Ellos también son culpables ¿no?
—Hermana, ¿estás embarazado o en esos días?
—Val, no me vengas con que los estás defendiendo.
—No los defiendo, solo los entiendo, ¿qué más les puedes pedir? No les discuto que se pasaron de machistas y pendejos, pero ustedes los dejaron solos con los niños yendo a comprar el árbol de navidad y mi, perdón, nuestra mamá hizo la vista gorda y mandó a papá a ayudarles ¿Saben lo que eso significa?
—Mierda, no tendremos árbol de navidad.
—¿De qué hablan? No entiendo.
—A la v***a, ¡Paolo, sácame esto de la cara!
—Alma ¿qué mierda pasa? —pregunta Rocío, sacándose las rodajas de pepino de los ojos
—Pasa que la última vez que mandamos a papá a comprar el árbol de navidad incendió el Tree Riders y desde esa fecha que es persona non grata en ese negocio.
—¡Y fue allí donde los mandamos! ¡Agustín, despierta, debemos correr!
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Me dormí?
—Muevan sus culitos respingones y mejor vámonos, Ethan y James van adelantados y espero que los alcancen antes que nosotros.
—Yo creo que le están poniendo un poquito de drama, si ni siquiera nos han llamado—dice Danna y como por arte de magia suenan nuestros teléfonos al mismo tiempo.
—Bueno…
—¿Si?
—Hola amor, sí ya estoy con ellas. Vamos para allá.
—¿Dónde mierda están?
—Hija, escúchame ¿Qué estás tratando de decirme?
—¿En la comisaria?
—Adiós descanso, bienvenido desastre de vísperas de navidad.