Capitulo 4

2175 Words
Despierta, bella durmiente Por Agustín Lamas Cuando vi a la señorita Daria en esa casa, la rabia inundó todo mi ser y fue casi imposible para el agente Rodríguez quitárme de las manos a ese desgraciado. Vi todo rojo y no escatimé mi fuerza y mi ira en contra de él. Si bien ese mal nacido la tenía bien cuidada no me cabía en la cabeza que la mantuviera esposada a la cama clínica, pero lo que nos dijo la doctora Sinclair me dejó pasmado. ¡Díos, si la pobre estaba en coma y el muy mal nacido había abusado de ella incluso así! Desde ese día y hasta hoy, que han pasado casi ocho meses, vengo todas las noches a verla, mi jefa, la doctora Natasha y obviamente el cotilla del doctor Cicarelli son los únicos que saben de esto y no es porque no quiera contarlo, es que me da un poco de vergüenza que la señorita Vannah se entere que, en silencio, estoy visitando a su hermana. Ella ha sido tan buena conmigo y me ha apoyado mucho y debo decir que fue un placer haber sido su guardaespaldas. Aunque ahora he vuelto a mi trabajo “normal” con los Scott, no dejo de cumplir con pasar una horita a ver a Daria. Y sí, por supuesto que investigué todo lo que pude sobre ella, al ser un guardaespaldas de clase A, tengo acceso a todos los expedientes que están en Scott y asociados. Además, nadie me puede negar el acceso, pues la jefa cuando supo de mi entrada a ellos me dio un tirón de orejas y con esa voz dulce, pero imponente me dijo: “Agustín, no te negaré el acceso, pero desde ya te aviso que tienes mi autorización para cuidar de ella, mientras esté en el hospital, pero sé discreto, si Vannah se entera, no habrá poder en la tierra que te pueda salvar” Tomo asiento en la silla que está junto a su cama y, por ser diciembre, hoy empezaré a leerle cuentos de navidad. Acomodo su larga cabellera y sonrió al ver que hoy su semblante está más rosado y llenito. Fue lo mejor haberla encontrado y aquí en el hospital todos se desviven por ella, pensando que algún día despertará. «Igual que yo» —Bueno, señorita. Le cuento que frente a su ventana tiene la primera nevada del año, es mas, mi bella Sophia ya estaba armando una petición para enviar al alcalde y reclamar por el cambio climático. Esa niña es un encanto, ya quiero que la conozcas, Val y Ethan se sacaron la lotería con ella, es tan inteligente y vivaz, pero a la vez prudente y juiciosa que es el orgullo de la jefa y de toda la familia. Otra que está mejor es Mel, el doctor Scott dijo que estaba a nada de darla de alta. Ella es el terremoto de los hermanos Scott, pero debo decir que es mi favorita y no te pongas celosa, es porque es una chiquilla Intrépida y con muchas ideas de romper los esquemas. Con esto terminamos el informe diario, espero que te haya gustado. Oh, sí Agustín, muchas gracias por contarme todo, ya verás que pronto podré ver todo eso que me cuentas—suelto una risita, imitando la que pienso sería la voz de ella y retomo mi actitud para comenzar a leer. Bueno señorita, ahora sí. Hoy, seguiré leyéndole un cuento de navidad. Ya sabes que el loco prefiere hacer dinero que usar carbón para calentarse y tiene a esa pobre familia de su asistente en la ruina, miserable ¿no?—Llevo más de la mitad del libro leído en esta semana y hoy, el sueño está por ganármela, pero sigo porque esta es la parte que más me gusta del libro. “Haré honor a la Navidad en mi corazón y procuraré mantener su espíritu a lo largo de todo el año. Viviré en el Pasado, el Presente y el Futuro; los espíritus de los tres me darán fuerza interior y no olvidaré sus enseñanzas. ¡Ay! ¡Dime que podré borrar la inscripción de esta losa!”. Hago los gestos y la voz que me imagino de Ebenezer Scrooge y suelto una risita. Justo en ese momento, la puerta se abre y es Melanie la que entra y me mira con los ojos entrecerrados. —Upsi, lo siento. —¿Qué haces aquí, princesa?—pregunto avergonzado, pues me ha descubierto. —La misma pregunta te haría yo, pero me imagino que lo tuyo es por una buena causa. A propósito ¿Sabes dónde está Powell?— dice como si nada y yo siento como si me hubieran descubierto haciendo una maldad. —En la 404, es la tercera después de esta y Mel… —Gracias, lo sé. Guardaré tu secreto— esa chiquilla bella me guiña un ojo y sale de la habitación ¿Por qué me guiñó un ojo? ¿De qué hablaba? ¿cuál secreto? Esto no era un secreto ¿no? Bueno, sí lo era, pero solo que la vengo a ver para leerle, no hay nada más en mis intenciones. Absolutamente nada ¿no? —Ay, dios. Espero que Mel no se haya hecho suposiciones extrañas, señorita Daria. No sé qué le diré a su hermana si me ve aquí, que vergüenza. Mejor dejemos la historia para mañana, aunque tengo que contarle algo y espero que no se enoje, pero no es nada del otro mundo, lo juro. Tomé mi libro y lo guardé en mi mochila, creo que por hoy era momento de volver a casa a descansar, ya esta semana comenzarían mis vacaciones y tenía visto viajar a ver a mis padres a California para navidad, pero había prolongado mi viaje por preocuparme de la señorita Daria. Estoy terminando de guardar mis cosas, cuando la puerta nuevamente se abre. —Te dije que era la 404, princesa ¿Qué pasó… ahora? —¿Por qué tendría que ir a la 404? —Vannah, perdón, yo… —No te preocupes, pasaba a verla como todas las noches, pero esta vez parece que te estás despidiendo más tarde. —¿Cómo? ¿usted me ha visto todas estas noches? —Ajá, todas y cada una de las mañanas, tardes y noches que has pasado aquí, Agustín y te agradezco lo que haces por ella, es muy noble de tu parte, aunque ya sabemos que no va a despertar— baja su mirada y algo se remueve en mi interior —. Y… yo estoy a punto de decidir por ella. —¡No lo diga, por favor!— no sé como me salen las palabras de la boca, es que no, no puede, no quiero —. Yo sé que ella puede despertar, he leído de varios casos en que llevan muchos años en coma y cuándo se les lee y habla seguido ellos despiertan. —Lamas, por favor no te hagas esto, entiendo que has forjado un lazo fuerte con Daria, incluso sin conocerla, pero es como si ella no quisiera despertar y siento que le hacemos daño dejándola así. La razón que me da mi profesión choca con las emociones que tengo por ser su hermana, pero creo que por primera vez dejaré que la razón le gane a la emoción. —¿Y cuándo lo hará? Porque por lo que escucho no es que lo esté pensando mucho, ya lo tiene decidido— digo en un tono molesto, pero la verdad es que me duele que ella se esté dando por vencida. —Ella desapareció en estas fechas, es por eso que navidad es un tanto complicada para mí y creo que para ella, por eso pensé que sería bueno dejarla descansar este fin de semana y desconectarla. —Bien, me quedan dos días para terminar de leerle su libro, le agradecería que me dejara hacer eso por lo menos. —Está bien, lo siento, Agustín. Pero creo que es lo mejor. Te juro que quisiera tener tus fuerzas para mantenerla aquí, pero entiéndeme tú también a mí. La señorita Vannah sale cerrando la puerta y yo vuelvo a mi lectura, pero en mi mente resuenan sus palabras… Pensé que sería bueno dejarla descansar este fin de semana y desconectarla. ¿Será que eso es lo mejor para ella? Es que yo la miro todos los días y sé que por fuera está bien, su cuerpo ha tomado más forma y gracias a las enseñanzas de Sole, la fisioterapeuta, ya sé como hacer los ejercicios, esos que repetiré una vez que termine este capítulo. —Ah…— boto el aire que no sabía que tenía retenido en mis pulmones y abro nuevamente el libro, ahora no me voy ni aunque me intenten sacar con seguridad— “¡Dime que podré borrar la inscripción de esta losa!”. Dice Evenezer, implorando al fantasma de las navidades futuras— y sonrío con una mueca que no llega más allá de eso, es solo una simple mueca. —Como desearía que te pasara lo mismo que a Evenezer y mañana verte despierta y comenzando una nueva vida junto a tu hermana— vuelvo a dejar el libro en la mesa al costado de la cama y me apoyo en la cama para tomar su brazo y comenzar a hacer los masajes que me enseñó Sole— . Sería bonito que en tu despertar pudiera estar presente y que reconocieras mi voz, eso sería épico y no es por ser soberbio, pero varias chicas dice que tengo voz de barítono. Daria, despierta, bella durmiente… Una lágrima loca bajó por mi mejilla y ahí me di cuenta que me había enamorado de la chica que estaba en esta cama, una que ni siquiera conozco. Coloqué mi cabeza sobre su brazo y aferré mi mano a la suya. —Sé que soy egoísta en querer algo que ya parece imposible, pero en pedir no hay engaño ¿Qué querrías tú, Daria? Respiré hondo y besé el dorso de su mano, me incorporé y me quedé mirándola por un rato, esperando una reacción, algún indicio, pero nada y tomé una decisión… —Será mejor dejarte descansar y preparar mis cosas, perdóname si no puedo acompañarte en tu último viaje, pero no puedo, de verdad que no puedo, Daria. Salí por esa puerta con el corazón en las manos y un dolor inmenso, pero era lo correcto, su hermana ya había decidido por ella y yo no era nadie en esa ecuación. Al pasar por la capilla del hospital veo la puerta abierta y me decido a entrar. —A veces es bueno conversar con alguien que solo nos escucha. —Jefe ¿Qué hace aquí? ¿Está enfermo? Que digo, me imagino que viene a ver a Melanie ¿no? —Sí, pero no la encontré en su habitación, más bien dicho la vi entrando a la de Adrien— dios santo a la princesa la habían descubierto—, pero tú calladito, déjala que solucione sus dramas con ese chico, espero que no lo mate. —Ay jefe, dudo que lo mate, más bien— me cubrí la boca asegurándome de no cagarla, pero el jefe no aguanta y se ríe como un desquisiado—. Jefe, baje el volumen que estamos en la casa del señor. —¿Y tu crees que a él le molesta la alegría de la vida? A propósito ¿Qué haces aquí a esta hora? —Bueno… Yo… —Blue ya me lo dijo, tranquilo. Tu secreto está bien resguardado por nosotros— de tal palo, tal astilla. —La señorita Vannah ya lo sabe y me ha dado una noticia un tanto… dura. —Se decidió— afirma más que pregunta. —Así es y de verdad la entiendo, pero es doloroso, no me quiero imaginar como lo está pasando la señorita Vannah. Ella quiere hacer todo lo mejor por su hermana y hasta si a mí me pasara pediría que hicieran lo mismo. —¿Qué te parece si oramos por las hermanas Lewis y después me acompañas a buscar a esa chiquilla que sigue blanqueando mi sien? —Acepto. Digo colocándome de rodillas, junto a mi jefe, uno mis manos en forma de oración y elevo una plegaria. “Diosito, si está en tu voluntad llevártela a tu lado no soy quién para negártelo, pero si existe una pequeña oportunidad de que ella vuelva para que por una vez pueda ser feliz, te lo ruego. Regrésala a nosotros “ En eso, escuchamos que hay cierto revuelo en el pasillo del piso, nos miramos con el jefe y salimos preocupados, quizás era Melanie que había hecho algo para terminar con el suplicio de ese chico que siempre la ha mirado con ojos de borrego, pero cuando vamos fijándonos al lugar donde entran un dolor se instaló en mi pecho. Solo corrí, quería saber que pasaba y cuando entré me quedé boquiabierto. —Daria…
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