Natalie Smith se sintió impaciente durante todo el camino. A pesar de lo que August le dijo y advirtió casi no pudo dormir y tampoco se tomó pastilla alguna porque quería estar lo más consciente posible de todo. Natalie, a diferencia de su hija, no hablaba español tan bien. Lo que sabía era realmente básico y casi siempre por atención a sus clientes españoles, se trataba de un detalle de su parte para hacerlos sentir en casa cuando visitaban su sucursal en Chicago. De todas formas, estaba confiada de que sería pan comido tomar un taxi desde el aeropuerto que la llevara a la dirección que encontró en la oficina de su cuñado. Además, dentro del aeropuerto aún podría hablar inglés. Siempre en esos lugares se acostumbra a hablar inglés con los turistas. Cuando el avión le permitió reactivar

