Julian vuelve a los dos días. Me doy cuenta de que ha vuelto cuando me despierta durante la siesta en la playa. En un primer momento creo que estoy soñando. En el sueño, estoy en mi cama calentita y a salvo. Unas manos suaves me rozan entera, me calman, me acarician. Arqueo la espalda hacia ellas; me encanta sentir su tacto en la piel y me dejo llevar por el placer que me proporcionan. Y entonces noto unos labios cálidos en la cara, el cuello, la clavícula. Gimo suavemente, las manos se vuelven más exigentes, empiezan a bajarme los tirantes del top del bikini y a deslizarme las braguitas a juego por las piernas… Mi cerebro medio dormido empieza a reparar en lo que está pasando y me despierto con un grito ahogado; la adrenalina me corre por las venas. Julian está inclinado sobre mí y m

