Dante condujo hasta un club cercano. No buscaba compañía, solo silencio y alcohol. Aparcó frente al edificio de fachada oscura y entró sin mirar a nadie. El portero lo reconoció al instante —ese era uno de los clubs a los que solía ir con Jarek— y abrió la puerta. Dentro, el ambiente era cálido, cargado de humo y licor. La música baja vibraba en el fondo, constante. Se dirigió al fondo del local y tomó asiento en un sillón n***o amplio, cruzando una pierna sobre la otra, cómodo, como si el lugar le perteneciera. Pronto una mesera de cabello n***o y vestido corto se acercó con una sonrisa coqueta. Dante era joven, pero sus cejas espesas y esa barba negra lo hacían lucir mucho más intimidante y jodidamente apuesto. —¿Qué va a tomar? —preguntó, inclinándose apenas. Lo suficiente para resal

