Dante ordenó a Damiano que llevara a Titi a casa. Ella abrazó con fuerza a Gabriella antes de subir al auto, prometiéndole llamarla después, deseándole suerte con un tono que dejaba claro que entendía lo delicado del momento. Cuando el auto de la rubia desapareció por el camino, Dante tomó de la cintura a Gabriella y la guio hacia el suyo. Ella se limitó a seguirlo, con el corazón acelerado y la mente hecha un caos, y subió al asiento trasero junto a él. —A la mansión Moretti —ordenó Dante con firmeza. El auto arrancó. El silencio dentro del vehículo era distinto al silencio habitual que solía haber entre ellos. Era más tenso, más pesado, más lleno de pensamientos que se atropellaban sin orden. Gabriella mantenía la vista fija en sus manos, que jugueteaban con el dobladillo de su vestid

