El ruido del inodoro llenó el baño cuando Dante tiró de la cadena después de deshacerse de las pastillas anticonceptivas de Gabriella. El sonido retumbó en la habitación silenciosa, mezclándose con la respiración agitada que aún hacía eco entre las paredes. Ella seguía sobre la cama, acostada boca arriba, tenía las muñecas marcadas por el agarre firme que él había mantenido minutos antes, cuando la sujetó con una sola mano sobre su cabeza mientras la reclamaba con una intención que ninguno de los dos fingía ignorar. Sus mejillas seguían encendidas cuando recordó las palabras que él soltó justo antes del final: quería que le diera un hijo. —Mi periodo llegó… —había respondido ella entre respiraciones rápidas, todavía sin recuperarse del todo. —No importa —le dijo Dante mientras se inclina

