Un alivio egoísta, si se quería ver así, era lo que Dante había sentido cuando Gabriella no pudo reconocer a Massimo. Y no es que el mafioso no quisiera que ella se quedara sin memoria porque lo que más quería era justo que la recuperara. Pero no se podía engañar. Y saber que de la misma forma que no lo reconoció a él ocurrió con Massimo. Fue una bocanada de aire fresco. Era algo simple en realidad. Ya que era humano, uno acostumbrado a que las cosas se hicieran a su manera. Fue así desde que tenía cinco años y decidió que Alina Everhart fuera la mujer que se convertiría en su madre. Pero la vida también le había enseñado que había cosas que simplemente no se podían manipular y la memoria de su esposa era una de ellas. Eran pasadas las seis de la tarde cuando Dante regresó junto con Mass

