Capítulo 1.

2875 Words
Capítulo Uno: Los 4 Fantásticos. —¡Oh Dios mío! —chilló Vanessa mientras corría hacia mi con la laptop entre sus brazos. —¡Oh Dios! vas a amar esto —siguió chillando aún cuando ya estaba frente a mi. Debía ser algo relacionado con Black Wings para que reaccionara de esa manera, ya que ambas compartimos una ligera obsesión con ellos. —Diablos, Van. Un poco más fuerte, creo que en Osaka no te escucharon —dijo Liam al tiempo que se reclinaba en mi casillero. —Si, enana ¿Qué es tan importante como para dejarme parcialmente sordo? —replicó Oliver y lanzó su brazo por encima de mis hombros. Estos eran mis mejores amigos, Vanessa McLean, una castaña de ojos color miel y muy bajita—cerca del 1m 60cm—, con las curvas necesarias para que cada chico que la veía pasar, girara la cabeza para observarla mejor, cosa que ella ignoraba. Era la personita más adorable del mundo y nos conocíamos desde el vientre de nuestras madres. Luego están Oliver y Liam Benson. Si, son hermanos. Y no solo eso, son mellizos, pero no podrían ser más diferentes entre sí. Donde Liam es luz, Oliver es más oscuro. Liam tiene los ojos verdes y el cabello rubio, la piel pálida y un cuerpo magro y musculoso debido al constante ejercicio al que era sometido por su entrenamiento de fútbol y con una personalidad extrovertida y amigable, tan diferente al estereotipo de estrella deportiva que se cree el centro del universo. En cambio, Oliver era más introvertido, con un humor sarcástico, tan callado, que a veces no sabías que estaba ahí hasta que hablaba, lo que casi siempre era un comentario mordaz dirigido a Van o a mi. Era él más bajo de los hermanos, con los músculos necesarios para ser atractivo, cabello caoba, ojos grises y la piel del mismo tono que su hermano. Liam y yo sospechamos que ha estado enamorado de Vanessa desde el jardín de niños. —Dani, no vas a creer esto —dijo cuando por fin se tranquilizó. —Súeltalo ya, Vanessa —le respondí y quité el brazo de Oliver de mis hombros de una manera no tan disimulada. —Las Wingers de San Diego tienen pases para el backstage del concierto del próximo sábado y... agárrate para esto... —hizo una pausa creando suspenso, lo que ocasionó que perdiera la poquita paciencia que tenía. —¡Dilo ya, por Dios! —le grité, ocasionando que las personas que caminaban a nuestro alrededor se giraran hacia mi, haciéndome sonrojar profundamente y ganándome unas estruendosas carcajadas por parte de Liam. —Esta bien. Solo no te enojes, porque cuando lo haces, te ves aterradora —dijo en broma mientras volvía a abrir su laptop. —Pues lee... —me enseñó la página web del club de fans de Black Wings, y estaba un anuncio sobre los pases para el backstage. Leí con avidez y me enteré que para concursar, solo debíamos crear una portada para el próximo álbum, enviarla antes del domingo de esta semana y esperar a que sea seleccionado el tuyo. Sencillo, si Black Wings no tuviera una base de fans de aproximadamente, no sé, ¡millones en todo el mundo! —¡Oh Dios mío! —fue mi turno de chillar. Liam me arrebató de las manos la laptop y comenzó a leer junto con Oliver. Mientras tanto, Van y yo comenzamos a hablar sin parar sobre ideas para participar. —Oh no, oh no. Corre, Oliver —dijo Liam cuando terminó de leer y observó nuestra "lluvia de ideas" (que solo era, Van y yo hablando al mismo tiempo, sin ningún orden). Oliver por su parte, solo observaba a Vanessa y sacudía su cabeza con una sonrisa boba en los labios. Miré a Liam, quien me guiño un ojo y señaló a Oliver con la cabeza. Sabía lo que quería decir con ese gesto y se me ocurrió una brillante idea. —Van, tú y Oliver deberían trabajar juntos —le dije, y Liam me miró con diversión . —¿Qué? ¿Por qué? —me dijo con una mirada que reflejaba dolida. Como sí la hubiera traicionado. Rodé los ojos ante eso. —Sabes que tú y yo trabajando juntas no funcionará, porqué tenemos la atención de un niño de tres años y nos distraeremos con facilidad —le dije y vi como la compresión inundó su rostro. Ella también amaba a Black Wings, su favorito era Ethan, a diferencia de mi, que me decanto por Cole, el líder de la banda, por lo que sé que quiere ganar y hará todo lo posible para que así sea. —Si... pero, ¿por qué con Ollie? —preguntó señalándolo desdeñosamente y Oliver no se inmutó con el mote con que lo llamaba Vanessa. Ella era la única persona (a parte de mi madre) que le podía decir Ollie. —Porque sí Oliver y yo hacemos un dibujo, nos mandarían a un psicólogo y tú no soportas estar a solas dos minutos con Liam —le dije, ocasionando que Liam estallara en carcajadas ruidosas. Vi el inicio de una sonrisa en los labios de Vanessa y supe que había ganado esta discusión. —Esta bien. Espero que Ollie se comporte —dijo mientras pellizcaba sus mejillas. Vi el inicio de una sonrisa pero la disimuló a tiempo. —¿Cuando acepté ser parte de esta idea estúpida? —preguntó Oliver sacudiéndose de Vanessa, la cual no tardó en responder. —Desde el momento que me llamaste la niña más bonita. —¡Eso fue en el jardín de niños! —espetó un exaltado y algo sonrojado Oliver. —Pues, desde ese instante, aceptaste hacer todo lo que yo quisiera —replicó Van y yo solo rodé los ojos, porqué recordaba perfectamente la escena. —Esta bien, lo haré. Pero con la condición de que sí ganamos, me presentarás a Allison —aceptó Oliver sacándome de mis recuerdos. Un momento ... ¡¿Allison?! ¿Qué no estaba chafado por Van? Miré a Liam en busca de respuestas y él solo se encogió de hombros y negó con la cabeza, indicándome que tampoco sabía que pasaba. —¡¿Allison?! —chilló Van, mostrando claramente que estaba celosa. Oliver solo asintió y la miro con aire ausente, como si declararnos que le gustaba alguien, fuera cosa de todos los días. —Si, tiene un par de tetas de infarto y es una animadora —dijo simplemente. Su ceja izquierda se elevó un poco, un signo claro de que mentía, pero Van estaba tan enfurruñada que no lo notó. Tal vez esto es lo que se necesita para que estos dos por fin acepten sus sentimientos y acaben con esta tensión, que ya es palpable entre nosotros. Después de eso, acordamos reunirnos esta tarde, Oliver y Van en casa de ella y Liam y yo en su casa y nos dirigimos a nuestras respectivas clases: Liam tenía inglés al otro lado de la escuela, por lo que se fue corriendo. Oliver y yo compartíamos química avanzada... ¿Qué? Somos unos genios. Y Van tenía educación física, por lo que esperamos a que tomara su bolso, para caminar juntos, ya que el laboratorio de química quedaba de camino al gimnasio. Vanessa estaba completamente hiperactiva ya que amaba los deportes (razón por la cual, es una animadora) y comenzó a dar saltitos y pequeños trotes. En una de esas pequeñas carreras, tropezó con el cordón desatado de sus zapatos y se estampó de cara contra el suelo, su bolso salió volando, vaciando su contenido en todo el pasillo, que por suerte, estaba casi desierto debido a la hora. Oliver y yo corrimos a levantarla y cuando alzó la cabeza y vimos que estaba bien, empezamos a reír como posesos por lo que el labio inferior de Van comenzó a temblar, cosa que paró la risa de Oliver, pero no la mía. Era inmune a su cara de perrito después de tantos años, pero al parecer, Oliver no. Él la ayudo a levantar, debido a que mi risa no me dejaba articular palabras y se encargó de recoger sus cosas del suelo. Cuando lo vi levantar un trozo de tela con estampado de Pucca, pensé que me iba a desarmar por culpa de la nueva oleada de carcajadas que aumentaron más al ver como Van se las arrebataba de las manos y se sonrojaba. Oliver no pudo evitar la risa y estalló en carcajadas conmigo. —No es gracioso —seguía repitiendo Van una vez logramos tranquilizarnos y comenzamos a avanzar. —Admite que lo fue —le respondí aguantando otra ola de risa que sabía que una vez estuviéramos lejos de Van vendría. —Tienes dieciocho años y usas bragas de Pucca —dijo Oliver como si no pudiera creer en ese hecho. —Si y ¿qué? Además, eso es lo más cerca que estarás de tocar mis bragas —remató con dignidad mientras se alejaba de nosotros, ya que habíamos llegado al laboratorio de química. —En eso tiene razón. Si sigues escondiendo lo que sientes por ella, la vas a perder, y nunca tocarás sus bragas de Pucca —le dije y me senté en mi escritorio habitual, esperando a que llegara mi compañera. Él se sentó en la silla de Kate y habló. —Yo no siento... Ah ...¿Todos lo saben? —lo aceptó por fin, y no pude detener el chillido de emoción que salió de mi garganta. —¡Lo sabía! Liam me debe 10 billetes —le dije mientras lo abrazaba y le daba besitos en sus mejillas. —¡Ustedes dos planean dejarme sordo! —dijo mientras intentaba zafarse de mi agarre, pero no lo dejé y seguí dándole besos, hasta que un carraspeo nos interrumpió. Me giré y me encontré con mi profesora de química y su hija, es decir, mi compañera, con cara de pocos amigos. Oliver inmediatamente se levantó y se fue a su puesto, y yo me senté bien derechita en mi silla. —Señorita Kudrova, sabe usted de mi política de cero interacción con el sexo opuesto, ¿No es así? —me dijo mientras Kate tomaba su lugar habitual junto a mí y me lanzaba una mirada desdeñosa. —Si, señora Evans —le respondí dócilmente. —Entonces, ¿me puede explicar, el motivo de la escena que acabo de observar? —me escrutó con sus ojos verde pálido y le solté la primera mentira que se vino a mi cabeza. —¡Es que hoy es su cumpleaños! Y tenemos la tradición de darle besos en la mejilla de acuerdo a la cantidad de años que se cumplen —le expliqué nuestra inexistente tradición, esperando que la creyera, y al parecer así fue. —Espero que no vuelva a ocurrir Kudrova, y feliz cumpleaños señor Benson —dijo y luego se giró al tablero y comenzaron las dos horas más largas de mi vida. Cuando habían pasado unos quince minutos, mi celular vibró, anunciando la llegada de un mensaje. Lo abrí disimuladamente y vi que era un mensaje de Oliver: Ollie: ¿No se te ocurrió algo mejor? No pude evitar rodar los ojos mientras le respondía el mensaje con un simple "no". Observé el tablero y vi que la profesora continuaba con el tema de los ácidos—tema que había entendido después de la primera clase—, así que decidí perder un poco el tiempo en twitter. Acosé a Cole y al resto de miembros de la banda, además de responder un par de menciones y mensajes en f*******:. Al parecer me distraje demasiado, porque lo siguiente que supe, era que la profesora me miraba directamente. —Señorita Kudrova, ¿Algo interesante que compartir con la clase? —me preguntó la profesora Evans al ver mi pobre intento de ocultar mi risa ante la mención de las bragas de Van. —Solo quería decirle que el número atómico del nitrógeno esta errado —ante ese aporte, la profesora se dio cuenta que estaba prestando atención a su clase y prosiguió a corregir su error y continuar con la clase. Cuando sonó el timbre que indicaba nuestra libertad, corrí hasta la salida, ya que mi día estaba despejado, debido a que había completado los créditos de matemáticas e inglés, por lo que no era una obligación asistir a ellas. Subí a mi destartalado volvo, conduje hasta un auto-mac y ordené dos combos del día y una cajita feliz. Cuando llegué a casa, mamá ya se había ido al trabajo, por lo que guardé su combo de almuerzo en la nevera para llevárselo al consultorio más tarde. Mi madre: Katerina Kudrova, una rusa de nacimiento, criada en Londres. Todo un choque de culturas, envuelto en un cuerpo con curvas sutiles, pómulos fuertes, cabello rubio platino natural y unos ojos verdes en los cuales te podías perder por horas y horas. Tenía treinta y nueve años y había enviudado hace siete. Debido al suicidio de mi papá. Ella lo conoció cuando ambos estaban en la universidad, ella estudiando psicología y él estudiando arte. No había dos personas más distintas en el mundo y más enamoradas que ese par. Recuerdo verlos, cuando era menor, como si vivieran su propio cuento de hadas. La realidad no siempre se ajusta a nuestra visión. Luego de que ambos terminaran sus carreras, se casaron y decidieron mudarse a América, donde ambos tendrían las mejores oportunidades de trabajo y así fue. Mamá con veintiún años y esperando su primera hija, logró abrirse paso en el área de la psicología en San Diego. Mientras que papá se hundía cada vez más en la depresión por no lograr sobresalir en el arte. Creyó que nos sentíamos decepcionadas de él y quería irse antes de que lo viéramos totalmente como un perdedor. O eso decía la carta que había dejado en su escritorio antes de sucidarse. Algunas personas no saben ser amadas, Danila, siempre repetía mi madre. Y supongo que tenía razón. Soy igual a ella. Lo único que nos diferencia es la estatura y mis ojos grises, herencia de papá. Luego de la muerte de él, mamá se refugió en su consultorio, evitando lo más que puede, permanecer en esta casa. Tal vez los recuerdos la abruman tanto como a mi. El teléfono sonó, sacándome de mi miseria. Corrí a contestar con la boca llena de papas fritas. —Hadó...—dije tratando de masticar lo más rápido posible. —Si ibas a hacer novillos, podrías haber tenido la delicadeza de invitarnos —me saludó Liam y escuché las voces de Oliver y Vanessa atrás, así que supuse que estaban en el comedor. —Yo no hice novillos —les dije y por fin pude tragar el puñado de patatas que tenía atorado en mi garganta. —¿Ah, no?, entonces explícame porque no estas en la escuela como el resto de nosotros —me dijo Vanessa quitándole el teléfono a Liam. —Porqué, esta chica ya completó sus créditos de matemáticas e inglés y no debe estar presente en las clases por el resto del semestre, solo debo entregar un trabajo que terminé hace días y listo —le conté. Ya había recibido mi aceptación para estudiar en NYU junto con Liam, claro que él no recibió una beca completa por sus calificaciones como yo, y Vanessa junto con Oliver irían a Harvard. Así que, luego de estos seis meses, tomaríamos distintos caminos, pero sabía que siempre estaríamos para el otro, sin importar la distancia. —¡Nerd! —gritó Liam a lo lejos y escuché como Van le propinaba una colleja. —No le hagas caso, cariño. No eres una nerd. Los nerds aman leer y tú te duermes leyendo un anuncio. Liam llamaba para preguntar si te recogía en tu casa o tú llegarías a la suya —sin pensarlo mucho, decidí que mejor iba yo a su casa en mi auto, ya que de todos modos tengo que usarlo para llevarle el almuerzo a mi madre. —Yo llego directamente a su casa —le dije y escuché como alguien/Liam le arrebataba el teléfono a Van. —Puedo hablar por mí mismo,¿Sabes? —le dijo a Vanessa. —Claro, cariño —le respondió ella de forma condescendiente. —Dazzila, estoy muy enojado contigo —me dijo Liam y yo solo rodé los ojos, ante lo que sabía, iba a ser un comentario ridículo o una broma estúpida. —¿Qué pasó ahora? —pregunté. —No grabaste la caída de la enana y lo peor de todo, es que no quedo un registro fotográfico de las bragas voladoras de Pucca —con eso escuché comenzó a luchar con él, por lo que corté la llamada. No quería escuchar otra de sus tontas discusiones. Todavía tenía una par de horas antes de tener que llevarle el almuerzo a mamá, por lo que comencé a esbozar algunas ideas para la portada y sin darme cuenta ya era hora de irme, por lo que tomé mi cuaderno y el almuerzo de mamá y me dirigí al consultorio de esta.
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