Capítulo Dos: Traumas de por vida.
Llegué al consultorio de mamá un poco más temprano de lo usual y lo que era evidente, ya que no encontré a Cindy—la asistente de mi mamá—en su habitual puesto detrás del gran escritorio caoba junto a la puerta de la consulta.
Decidí entrar de sin avisar a la oficina de mamá, esperando encontrarla jugando una partida de solitario en su computador o realizando crucigramas antiguos del periódico con la solución en la nueva edición.
Lo que no esperaba, era encontrar a mi madre, siendo montada sobre su escritorio por el señor Benson.
¡Eww!
—Si gatita...¡Mierda! —espetó cuando se percató de mi presencia, subiendo su pantalón e intentando ocultar su... cosa de mí.
Yo estaba congelada, con la boca abierta y deseando tener en estos momentos el aparatejo que usan los hombres de n***o y borrar esta imagen para siempre de mí cerebro.
—¡Danila! —gritó mi madre cuando me vio y eso fue suficiente para sacarme de mi estado de shock y salir de ahí, como alma que lleva el diablo.
Corrí a toda prisa, saliendo del consultorio justo cuando mamá entraba al pasillo, casi corriendo para alcanzarme.
Agradecí todos estos años de atletismo, porqué llegué al estacionamiento con una amplia ventaja en cuanto a distancia con respecto a mi mamá.
Llegué a mi auto, subiendo rápidamente y encendí el motor a tiempo, antes de que mamá me alcanzara.
«¿Desde hace cuanto estaba pasando esto?», era la pregunta que rondaba mi mente durante todo el camino a casa de los Benson; seguida de «¿Planeaban decirlo alguna vez?», para culminar con «¿Debo decirle Papá al señor Benson?»
Sentía escalofríos con sólo pensar en la respuesta a esa última pregunta.
Manejé como loca hasta llegar a la casa de Liam y le mande un texto avisando que estaba afuera. Cosa que debíamos hacer, ya qué hace un par de meses, al "genio incomprendido" de Oliver, se le dio por intentar colocar Back in Black de AC/DC como timbre, y terminó quemando todo el circuito.
Desde entonces, había estado trabajando en la bolera para arreglar el daño, pero siempre gastaba el dinero en tonterías.
No era como que a los Benson les hiciera falta el dinero, pero Thomas era un fiel creyente de que sus hijos se hicieran responsable de sus actos.
Así que Oliver debía trabajar para arreglar el circuito.
Segundos después, se abrió la puerta de la casa y Liam corrió hasta mi coche, inclinándose para mirar por la ventana del copiloto.
—¡Dazzila! —exclamó al verme.
¿Por qué se sorprendía? Sabía que era yo.
—Liam —le respondí secamente, tratando de olvidar la escena en el consultorio y fracasando miserablemente.
Era una imagen que nunca iba a olvidar, no importa cuantas sesiones de Tom Cruise tenga.
—¿Qué sucede? —me preguntó al ver mi falta de respuestas sarcásticas hacia el estúpido apodo que me había dado cuando teníamos quince y que trataba constantemente de obligarlo a dejar de usarlo.
Bajé del auto, tomando mi mochila y choqué mi hombro con el suyo al pasar a su lado, dirigiéndome al sendero de la entrada.
—Gatita... —fue lo único que salió de mis labios y me estremecí ante el recuerdo del señor Benson pronunciando esa palabra.
Liam frunció el ceño totalmente perdido y me siguió dentro de la casa, donde me dejé caer en el sofá, cubriendo mi rostro con uno de los muchos cojines que se encontraban en este.
Mi celular volvió a sonar por enésima vez y dejé que se fuera a buzón. No estaba lista para hablar con ella aún.
—¿Qué? —me miró confundido y no pude dejar de imaginar como sería su reacción, si le contara lo que acabo de ver.
Debía traumatizar a alguien más para que comparta la miseria conmigo.
Era tan buena persona.
Pero en realidad, esto era algo que todos debíamos saber.
¡Se trataba de nuestros padres follando como adolescentes a hurtadillas!
Ugh, pensar en mi mamá y la palabra follar en la misma oración, me hacía tener arcadas. Y sumarle la imagen de Thomas Benson llamándola gatita, incrementaba mi necesidad de correr a un baño.
—Le dijo gatita —seguía sin poder hablar coherentemente y mis palabras salieron ahogadas por el cojín.
Escuché a Liam mascullar algo por lo bajo, antes de sentir como el sofá se hundía un poco y Liam se dejó caer junto a mi, comenzando a sobar mi cabello como si fuera su mascota, lo cual, en lugar de irritarme, calmó un poco mi agitación interna.
—¿Qué te pasa, Dani?, estás más rara de lo usual —me preguntó en voz baja y quitó el cojín de mi rostro, obligándome a mirarlo.
Cualquier persona que nos vería, diría que solo es cuestión de tiempo, antes de que él y yo terminaramos enamorados.
Tonterías.
Nunca pasaría, porqué, si bien Liam es muy atractivo, nunca lo he visto de una forma diferente a la del hermano que nunca tuve y sé que él también me ve de la misma manera.
No hay nada romántico en nuestra fraternal—y llena de bromas y maltrato psicológico—relación.
El curso de mis pensamientos me trajo de vuelta al porqué de mis situación actual.
Miré a Liam, el cual me devolvía la mirada, la curiosidad y preocupación filtrándose a través de sus ojos verdes.
Debería contarle lo que pasó, de una manera sutil, pensé.
—¿Cómo te tomarías el hecho de encontrar a tu padre follando con mi madre sobre su escritorio? —okay, eso no fue nada sutil.
Pero necesitaba contarle esto ya.
Su padre había enviudado el día que ellos nacieron, debido a que la señora Benson tuvo una hemorragia que no pudo ser controlada y murió unas horas después de dar a luz.
Trágico, pero real. A veces la vida no es un camino lleno flores y arcoiris. No. La mayoría de las veces está llena de baches, caídas dolorosas y lágrimas.
Siempre he admirado, la capacidad de Thomas para criar a dos chicos como Liam y Oliver sin ayuda de nadie, y formarlos de tal manera, que son de esos raros adolescentes que no se meten en problemas ni están embarazando chicas. Todo esto, a través del duelo por la perdida del amor de su vida.
—¡¿Me estas jodiendo?! —gritó y se puso de pie, trayéndome de regreso a la realidad. Luego volvió a dejarse caer a mi lado y me tomó por los hombros, sacudiéndome—¡Dime que eso no es verdad! —dijo con una mirada que me suplicaba que esto fuera mentira.
Lo lamento, Liam, pero no todo el mundo obtiene lo que quiere.
Aunque... Había un deje de esperanza filtrándose en su mirada.
—Ojalá lo fuera —murmuré—, pero cuando fui a llevarle el almuerzo a mi mamá, tu padre estaba... Dándole amor sobre el escritorio... y la llamaba gatita —finalicé con un ligero temblor al recordar los hechos.
Esa imagen iba a permanecer para siempre en mi cerebro.
Liam perdió todo el color del rostro, y su mano revolvió su rubio cabello, algo que solo hacía cuando estaba confundido.
Abrió la boca para decir algo y luego la cerró de golpe.
Si esta situación no me afectara tanto como a él, estaría saltando en un pie, por dejar sin palabras al elocuente Liam Benson.
—Y... ¿estás segura que era mi papá? —preguntó con un hilillo de voz, aferrándose a la mínima esperanza de que mi vista me hubiera engañado. Pero también algo curioso sobre ello.
—Claro que si, idiota. He visto a tu padre por más de una década, es imposible que no lo reconozca —le dije dándole un golpe en la cabeza con uno de los cojines por la pregunta ridícula.
—Tienes razón, es solo... algo impactante —respondió levantándose del sofá y caminando hasta uno de los pufs frente al televisor, donde se dejó caer con un golpe seco.
—Por lo menos no los viste en el acto —le dije estremeciéndome.
Cubrió su rostro con sus manos, como si intentará borrar algo de su mente y yo dejé salir un suspiro.
Luego de un rato, levantó su mirada y encontró la mía, luciendo algo más calmado.
—¿Podríamos olvidarnos de eso por unas horas y comenzar a trabajar en esa estúpida portada? —dijo y yo acepté la tan necesaria distracción.
Palmée su muslo, levantándome del sofá y estirando mis manos por encima de mi cabeza, destensando mis músculos.
Liam se levantó unos segundos después e imitó mi acción, rascando su vientre de manera perezosa.
—¿Tú habitación? —pregunté tomando mi mochila del suelo y él asiente.
—Te sigo.
Subimos a su cuarto y tomé su laptop de su desordenado escritorio dejándome caer en su cama, a la par que él sacó de su mochila un cuaderno de dibujo.
—¿Qué tienes en mente? —me preguntó mientras comenzaba a trazar un par de líneas de forma distraída.
Él y Van eran sorprendentemente buenos con todo lo relacionado con las artes. Mientras que Oliver y yo... Bueno, sabíamos dibujar un árbol.
¿Eso cuenta, cierto?
—Algo simple, el siguiente álbum es acústico, por lo que estaba pensando en los miembros de la banda sentados en el suelo, Daniel con su teclado, Kora afinando el bajo, Ethan jugando con las baquetas y Cole acariciando un micrófono —dije mientras buscaba imágenes de los chicos para que Liam se guiara, sonriendo ante la mención del amor de mi vida.
«Sí gano el concurso y conozco a Cole Carter», haré todo lo posible para tenerlo, medito para mí misma.
Liam asiente, tomando la laptop para buscar las imágenes de los chicos para trazar el boceto.
Pasamos el resto de la tarde entre bromas y hojas de papel arrancadas, porqué a Liam no le gustaba ninguna de mis ideas. Las cuales eran geniales, debo añadir.
Cuando ya oscurecía, decidimos terminar la "sesión " de dibujo y bajar a comer algo. Mi estómago gruñía como un ogro y Liam hacía bromas sobre ello.
—¿Café o chocolate? —preguntó cuando entramos a la cocina, sacando unos panecillos de la alacena y colocándolos en el mesón.
—Chocolate, sabes que si tomó café después de las siete no puedo dormir —respondí y tomé un panecillo mientras Liam preparaba su delicioso chocolate.
—Eres tan niña —dijo con su habitual tono burlón y rodó los ojos, encendiendo la estufa y dejando el agua sobre el fuego.
—Bueno, a menos que tenga toda la anatomía incorrecta, eso es lo que soy —le repliqué, balanceando mis pies mientras devoraba mi panecillo.
Liam y yo nos tensamos al escuchar el sonido de la puerta siendo abierta.
Rezaba mentalmente para que se tratara de Oliver. No me sentía lo suficientemente preparada para enfrentar a Thomas aún.
Esperamos en silencio hasta que oímos a la persona misteriosa hablar.
—Liam, ayúdame que traigo las compras —dijo el Sr. Benson.
Maldije por lo bajo y Liam palideció un poco. Sentí algo de pena por él, pero recordé que estaba atravesando por la misma situación.
Estaba pensando seriamente en huir a México y cambiar mi nombre por Dolores.
Liam se dirigió a la entrada, a ayudar a su padre y yo inmediatamente corrí hasta la sala e intenté salir por la ventana— lo cual no es tan fácil como lo muestran en las películas— sin obtener mucho éxito.
Cuando logré salir—luego de muchos intentos—, Thomas Benson estaba asomado en el umbral de la puerta y me miraba de forma divertida.
—Danila —me saludó con un asentimiento.
—Señor Benson —le respondí tratando de recuperar un poco de la dignidad que perdí y caminé hasta mi auto como si no acabara de pasar la mayor vergüenza de mi vida.
Bueno, una de las mayores vergüenzas de mi vida.
Un consejo: nunca intentes huir por una ventana que queda justo al frente de la puerta de entrada. Puedes correr el riesgo de ser descubierta.
Cuando llegué a mi querido auto, subí rápidamente y descansé mi frente contra el volante, tratando de prepararme mentalmente para la extraña charla que tendría con mi madre nada más llegar a casa. Cuando me sentí lo suficientemente calmada, metí la llave en el contacto y encendí el auto, conduciendo lentamente, tratando de prolongar lo máximo posible, mi llegada a casa.
No negaré que también estaba pensando en como evitar a mi madre los próximos veinte años.
Mi teléfono vibró unos kilómetros después, haciendo que me sobresalte un poco.
Me detuve en una calle con poco tráfico para leer el mensaje.
¿Qué? Ante todo la seguridad.
Liam: Buena esa 007 Lol.
Bufé y rodé los ojos por el mensaje y le respondí rápidamente.
Yo: ¡Apuesto a que puedes hacerlo mejor Bond!
Liam: Por lo menos hubiera salido por la ventana de la cocina. :P
Yo: Muerete .l.
Con ese mensaje di por terminado el intercambio y bloquee el móvil antes de volver a conducir.
Cuando estaba a unas casas de la mía, observé la entrada, esperando no encontrar el Audi A6 de mamá.
Pero como mi mala suerte no me falla, ahí estaba el auto, demostrándome una vez más, que no debo fiarme de mis esperanzas.
Estacioné junto al auto de mamá y tuve que obligarme a salir del coche, para la conversación más bizarra que iba a tener con mi madre.
La conversacion más bizarra, luego de la que tuvimos con mi papá cuando intentaron explicarme de donde vienen los bebés.
Pensarían que me dieron la típica charla de las flores y las abejas, ¿no? puesto que solo tenía diez años.
Pues no.
Me explicaron todo el proceso, y cuando digo todo, es todo el proceso. Desde donde el hombre debe meter su pene—esta lección fue gráfica. Nunca pude volver a comer donas y bananas otra vez—, hasta como evitar quedar embarazada.
Agradecí las clases de educación s****l y todo lo que conlleva, pero hubiera deseado que la experiencia no resultara tan... Traumática.
Bajé del auto, jugando nerviosamente con las llaves de la casa y luego de darme un par de palmadas mentales, entré a mi casa, esperando encontrar a mamá en el sillón de las conversaciones serias.
Pero no estaba.
Aprovechando ese pequeño indulto, corrí a mi cuarto, trancando la puerta y esperando que eso sea suficiente para mantenerla afuera.
Por lo menos por ahora.
******
Cole.
—Cole, por el amor de Dios, levántate de la puta cama —Ethan continuaba aporreando mi puerta con la esperanza de que saliera de la habitación.
No lo conseguiría. Por lo menos no en un par de horas.
—¿Qué demonios quieres? Déjame dormir, ayer tocamos hasta las dos. Merezco un jodido descanso —respondí, y oculté mi cara bajo la almohada.
El cuerpo de la chica a mi lado se mueve un poco y suspiro.
—Grabar un single antes de morir —hizo una pausa—. Y el toque fue hace dos días, idiota. ¿Que mierda estas haciendo con tu vida? —dijo esto último con un tono más serio.
—Acabar con ella, antes de que ella acabe conmigo —le dije y sentí como se alejaba de la puerta unos segundos después.
¡Salud, por la vida de una estrella!