Por iniciativa de Ana, decidí organizar la cena a la que invité a Marissa y a Nathaniel. No sabía qué hacer. Por lo general mis fines de semana son rutinarios. Me encierro en mi despacho a trabajar pues ante la falta de motivación ni vida social, no encontraba en qué distraerme. Desde hace unos días siento que el trabajo no tiene el mismo efecto en los días de descanso. Negado a reconocerlo, fue Ana quien a mediodía me hizo ver la realidad. Acababa de terminar de almorzar cuando me preguntó: - ¿Vas a seguir trabajando? Por primera vez en mucho tiempo no supe que respuesta darle a esta interrogante. Algo que hace unos días me hubiera sido tan fácil de responder, en ese momento me dejó sin palabras, costó encontrarle una respuesta satisfactoria, porque sencillamente mi cuerpo solo

