- Hola Mauricio mi amor –escucharla y verla fingir cariño es lo más repugnante que puede haber-. - Creo que fui perfectamente claro contigo cuando te dije que no quería sabe nada más de ti –le dije parado en la puerta de mi despacho-. - ¿Cómo puedes hablarme desea manera frente a tu empleada, creo que merezco otro recibimiento y en otro lugar más digno de mi –responde mirando con desprecio a Marissa quien desde que salió tomó asiento en su escritorio y comenzó a organizar unos documentos-. - Te estoy dando el trato que te mereces. Ni más ni menos –le digo con sarcasmo- Te aconsejo que busques la manera de irte por tus propios medios antes de que lleguen los guardias de seguridad de la empresa a sacarte –le informo con tranquilidad-. - No creo que te atreva

