Una vez se cerró la puerta de mi despacho detrás de la espalda de la secretaria, observo a la mujer que me trajo al mundo, respirar con dificultad y el rostro sumamente enrojecido, molesta por no cumplirle el capricho de hacer con mi personal lo que ella dice. Es mi empresa y por lo tanto mi territorio, aquí solo yo puedo hacer lo que me venga en gana. No le permito a nadie más venir a querer pasar por encima de mis decisiones, y menos si esa persona es Lucia Olivares de Castle, no la tolero. - A ver Lucia –hago una pausa para tomar un poco de aire y componerme del mal humor que esta señora me hace ganar- ¿Dime el motivo de tu visita? –le inquiero-. - ¿Por qué fuiste tan grosero conmigo frente a tu empleada? –obvia responder mi pregunta-. - Al grano Lucia, no estoy par

