Massimo se encontraba en su despacho resolviendo unos asuntos desde muy temprano, no se sorprendió por la llamada de su hijo, de hecho la esperaba.
—Padre... ¿Como estás? —Saludó Gabriele a través de la línea.
—Yo estoy bien. —Suspiró. —Supongo que estás preocupado por el incidente de ayer. Mi teoría es que tal vez los Búlgaros tienen algo que ver. —Soltó sin rodeos.
—Por eso te llamo. Tengo respuestas y quiero que estés al tanto. —Gabriele se agarró el puente de la nariz tratando de relajarse.
—Entonces dímelo. —Massimo quería evitar el suspenso.
—Anette... —Sólo pronunció el nombre.
—¿Estás seguro?
—Así es... Utilizó a Matt para meterse en la fiesta con sus matones infiltrados. —Explicó.
Massimo se sorprendió al escuchar el nombre de su sobrino. —¿Me estás diciendo que fué cómplice?
—No papá, no lo malinterpretes. —Se apresuró Gabriele a explicar. —Él no sabía lo que estaba haciendo. Ella lo sedujo y él como imbécil cayó.
—¿Cómo supiste todo esto?
—Anna, ella los vió juntos y luego Matt me lo confirmó. No tengo dudas papá, esa mujer lo hizo.
—Una mujer celosa es capaz de cualquier cosa, te dije que tuvieras cuidado y no quisiste escucharme. Esa familia es muy peligrosa.
—Lo sé, pero no pensé que se obsesionaria a tal grado. —Gabriele pasó se pasó la mano por el cabello con frustración.
—Trataré de hablar con su padre. No necesitamos más enemigos en este momento.
Gabriele hizo un chasquido con la lengua, él había pensado en algo más que hablar.
—Te conozco hijo, créeme, la sangre solo empeoraría las cosas.
—Ella derramó la sangre de personas cercanas, sin mencionar que intentó matar a mi esposa y casi lo logra.
—Comprendo lo que dices y estoy de acuerdo, pero no es el momento. Se avecina una guerra con los Búlgaros y ellos son más importantes ahora. —Massimo era viejo y sabía priorizar en base a la organización.
—Está bien, lo dejaré en tus manos. —se resignó a decir.
—Perfecto... No te preocupes por nada y disfruta tus días junto a tu esposa, al volver tendrás mucho trabajo.
Dicho esto, la comunicación se cortó.
Gabriele no iba a dejarlo así, le daría su merecido a Anette de una u otra forma.
Para cuando Anna salió, él todavía permanecía en la cama sosteniendo su celular y mirándose pensativo.
Ella intentó pasar desapercibida, la situación era incómoda entre ambos, no quería tener que interactuar con él aunque sabía que eso era imposible.
—Voy a alistarme para que desayunemos juntos. —Dijo Gabriele mientras se levantaba. —Me gustaría tener una conversación contigo.
—Está bien... —Respondió ella por lo bajo.
No mucho después ambos se dirigían al restaurante del hotel para desayunar. Comieron en silencio, pero Anna se preguntaba sobre qué era lo que debían hablar.
—¿De qué querías hablarme? —preguntó por fin.
—Quería decirte que, al volver a casa puedes retomar tu trabajo. —Respondió Gabriele con calma, había decidido darle un poco de libertad.
Ella se sorprendió gratamente al escucharlo. —¿De verdad? ¿Estás hablando en serio? —Sus ojos brillando de emoción.
—Si, pero tendrás límites. —Gabriele dejó su tenedor y la miró a los ojos fijamente. —No saldrás sola, llevarás guardias a donde sea que vayas. Tampoco modelarás desnuda, ahora eres mi esposa y no permitiré que te exhibas ante todos.
Anna rodó los ojos, ese hombre era increíble. Ya le parecía muy bueno para ser verdad.
—No me hagas gestos Anna, estoy siendo generoso y deberías estar agradecida.
—Oh por supuesto mi señor, gracias por su consideración con la prisionera. —su tono lleno de sarcasmo.
Gabriele levantó una de sus cejas, estaba tratando de llevar la fiesta en paz para que ella no le dé problemas pero al parecer, nada le agradaba.
—Supongo que tendré que retractarme y será mejor tenerte en casa sin poder salir. —volvió a tomar sus cubiertos para continuar comiendo.
Anna abrió la boca en sorpresa. —¿Por qué diablos tienes que ser tan contradictorio?
—Quise ser amable y como respuesta decidiste burlarte. Eso es lo que recibes a cambio.
—Pero... Pero... —Anna no sabía qué decir. Era mejor salir con escoltas a quedarse encerrada todos los días.
—Pero nada. Perdiste tu oportunidad. —sentenció él
Los ojos de Anna se llenaron de lágrimas, la personalidad volátil de Gabriele la abrumaba.
Se levantó de la mesa y salió del lugar. Necesitaba aire o terminaría agarrándolo del cuello hasta matarlo con sus propias manos.
Sus pies la llevaron hasta la hermosa playa, dónde se quedó absorta mirando el océano por más de una hora.
Luego, se quitó la ropa, ya tenía planes de tomar un baño en el mar por lo que se había colocado su bikini, quien haya hecho su equipaje acertó perfectamente.
Los hombres a su alrededores no pudieron evitar mirarla, ella tenía un cuerpo esbelto y bien trabajado en el gimnasio.
Anna ignoraba completamente el entorno y las miradas, estaba sumida en sus propios pensamientos, quería deshacerse de la rabia que sentía. Odiaba su vida e incluso pensó en dejar que el mar se la llevara, ese sería un buen final para ella, de todos modos en el algún momento alguien iba a matarla, los enemigos de su padre o el mismo Gabriele.
Al salir del agua, se dirigió al bar de la playa, necesitaba algo para relajarse. Estaba en un lugar que anhelaba conocer y sin embargo no había disfrutado de nada.
Por otro lado, totalmente ajeno a la situación, Gabriele había salido para recorrer la isla, estaba aburrido y no quería estar encerrado en la habitación.
Uno de sus hombres vigilaba a Anna y hasta ahora no le había informado sobre nada irregular, dejaría que esté sola para que se le pase el berrinche.
Necesitaba domar a Anna, no sabía cómo, pero tendría que volverla sumisa si quería que las cosas salieran bien para él.
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Entrada la tarde, Gabriele recibió una llamada, era el hombre que vigilaba a Anna.
—¿Ocurrió algo? —Preguntó Gabriele directamente al descolgar.
—Señor, su esposa está muy ebria y hay un sujeto intentando aprovecharse de eso. Deme la orden y la sacaré de inmediato del lugar. —comunicó el guardia.
—¿Dónde está? —apretó la mandíbula con fuerza.
—En el bar de la playa.
—Estaré ahí enseguida. Me encargaré yo mismo. —La voz de Gabriele sonó helada.
¡Anna, Anna! ¿Por qué tienes que ser un torbellino? Sería más fácil si ella no fuera tan rebelde. Pensó Gabriele mientras se dirigía a buscarla.