Después de haber hecho el amor, permanecí unos segundos en su pecho adormitada, besó mi frente, luego me levantó con él, recogió nuestras prendas y entramos corriendo a la cabaña. —¿Y qué se hizo la gente que estaba contigo? —Pregunté preocupada, en ese momento porque alguien nos hubiesen visto. —Los envié a proteger a mi madre y a vigilar a Mackenzo. ¿Acaso crees sería capaz de arriesgarme? Jamás dejaría a otro hombre verte desnuda —expresó en tono posesivo —¡Eres mi tesoro! ¡Solo mío! —me sentó en la encimera de la cocina aún desnuda y capturó uno de mis pezones con su boca mordiéndolo un poco, causando una sucesión de gemidos de mis labios —. Te deseo tanto Camil. Soy adicto a ti. Tomó ambos senos, los apretó juntando mientras acercaba su boca para chuparlos, morderlos, otra

