El hombre se dobló ante mi ataque, iba a continuar golpeándolo, cuando vi la sangre comenzar a manarle de la cabeza, no obstante, antes de poder asestarle otro golpe en su humanidad, escuché un grito de esa voz, dejándome congelada en el acto y con los ojos abiertos de par en par. —¡Por Dios mujer! ¿Acaso has enloquecido? Me salvé de una bomba para que vengas a matarme a jarrazos —en ese momento la felicidad me inundó, la alegría fue indescriptible, lo vi alzando su rostro mientras la sangre le corría por un lado de la cara. —¡Perdón amor! ¡Estás vivo! Gracias a Dios. ¡No puedo creerlo! —comencé a llorar de la emoción, le limpié la sangre, lanzándome en sus brazos, me sostuve de sus caderas, escondiendo el rostro en su cuello, aspirando ese exquisito olor mezcla de

