Cap. 4 .- La nueva asistente.

1489 Words
Todo mundo anda vuelto loco con ese puesto, ni se diga las divas de la oficina que ya se sueñan siendo las asistentes del CEO y por fin, conocerlo y si es posible probar su cama, como lo han hecho todas las asistentes que han pasado por aquí, son unas tontas ¿Qué no saben que cuando eso pasa tienen un pie ya afuera de esta empresa? Seguramente, todas piensan que son las más lindas y lograran atraparlo con sus ridículos trucos de seducción. El baño se ha convertido en un salón de belleza, lleno de mujeres que se postularon para el puesto y están arreglándose como si fueran a una pasarela. Yo solo me amarro bien mi chongo y me aseguro de que no se salga algún mechón de más. Todas me miran con su cara de desagrado como siempre. —Saliendo de la entrevista deberías ir al médico a que te revisen. Mira como caminas seguro te lastimaste la cadera o algo —Rose, me dice. Si supiera que camino así no porque casi me atropellan, sino porque el fin de semana me dieron la follada del año, pero seguro que ni me creería si se lo digo. —Seguramente, saliendo iré al médico, aunque de seguro solo es el golpe. No es nada de cuidado —Digo para que Rose, no diga más, sino capaz se aferra a ir conmigo y ahí si ni como ocultar el motivo de mi malestar. Recibo la notificación de que mi postulación se registró con éxito y que tengo que subir a dirección a las tres de la tarde para mi entrevista. Esto en verdad que esta raro y muy apresurado, pero es mi gran oportunidad y no la puedo desaprovechar. Ni siquiera salgo almorzar, me pongo a agilizar mi trabajo para no tener pendientes y subir a mi entrevista con toda tranquilidad, siempre he sido una mujer responsable y dado que medio mundo intento postularse nuestro jefe esta de muy mal humor, ya que la mayoría se fue a perder el tiempo al baño. Llego puntual a mi entrevista, hay varias esperando, la recepción parece más una casa de modas que la recepción de un multinacional. Al ser llamada todas me miran con desdén y burla. —Ginebra Ponce —Dicen mi nombre, la persona que me llama me ve con asombro —¿es usted? —Si, soy yo. —Ok, pase, nuestra presidenta la espera —Me dice y me indica el camino a una oficina de ensueño, enorme y elegante, todo de excelente gusto, nada extravagante, parece simple, pero quien sabe de arte y moda, sabe que cada detalle ha sido elegido a conciencia y precisión. Al entrar a la oficina me quedo de pie, la presidenta está en su escritorio, es una mujer mayor, pero extremadamente hermosa y elegante, justo como lo imagine, pocas veces se le ha visto. Esta familia no suele ser muy social y es por ello por lo que no tengo temor a que siquiera me hayan conocido alguna vez, cuando mi padre me obligaba a asistir a esas reuniones de la alta sociedad. Ella está atendiendo una llamada y yo me quedo de pie esperando y admirando una pintura que conozco y me encanta, dudo que sea una réplica dado a que una mujer como ella no se atrevería a tener una réplica, así que me quedo embelesada admirándola. —Es una bella pintura ¿verdad? —Ella me pregunta y apunta con la cabeza a la pintura. —El gran siglo de René Magritte, sin duda una gran obra. —Sabe de arte, eso me gusta —Me dice y sonríe, aunque una vez que dejamos de poner atención a la pintura y me observa a detalle, su expresión es de total desilusión y es que después de admirar tanta belleza su mirada se cruza conmigo —Bien comencemos y me disculpo tenía que tomar esa llamada —Se disculpa y yo solo sonrió y le indico que no tenga cuidado y que comprendo. La entrevista se da con mucha naturalidad, es como si fuera más una charla, le explico cómo ha sido mi crecimiento dentro de la empresa como he ido creciendo desde ser una asistente de auxiliar a manejar ahora prácticamente el control de varias sedes, claro que el que lleva el renombre es mi jefe, pero ella se da cuenta al preguntarme por cada sede y obtener datos precisos de mí, al ver que se totalmente el manejo y que también se cómo actuar en un momento de crisis. —En verdad que me tiene impresionada señorita, no entiendo cómo es que no ha sido promovida para un cargo mejor —Dice y luego me mira y creo que en mi aspecto encuentra la respuesta y en verdad espero que eso no influya en ella. —Creo que no tengo nada más que decir y ya estoy cansada de la pasarela de hoy, viendo los curriculares de las demás aspirantes y el suyo no me queda duda. Usted es la mujer que necesito, tiene exactamente todo lo que requiero para ser la asistente de mi nieto —Dice y yo no lo puedo creer, que todo esté siendo tan fácil. —¿De verdad? ¿enserio el puesto es mío? —Pregunto, porque no me lo creo. —Si, el puesto es tuyo y espero que no me defraudes, te advierto de una vez que mi nieto es un hombre difícil, muy estricto, es justo con sus empleados, pero le encanta el orden y que todo salga correcto, le es difícil pasar un error. Y creo que esta por demás decir que si te doy esta oportunidad es porque veo potencial en ti y espero no lo eches a perder yéndote a su cama como todas —Sonrió porque creo que lo último, está de más que lo diga. —Le aseguro que no se arrepentirá y que sabre corresponder con mi trabajo y dedicación y en cuanto a lo último creo que yo sería la última mujer que un hombre desearía tener en su cama, así que no tenga cuidado —Digo con una sonrisa, pero ella con lo último que le digo me da una mirada de ternura, de compasión, seguro piensa “pobre patito feo” será una solterona toda su vida. —Bien pues vamos, te presentare de una vez con tu jefe, no tengo mucho tiempo mañana salgo de viaje y tengo que dejar resuelto esto hoy mismo, sígueme —Me indica y yo, camino detrás de ella, no puedo creer que ya hoy comience como la asistente del CEO y que por fin lo conoceré, siempre ha sido un misterio su identidad y aunque no es que muera por verlo como todas las demás, si me da curiosidad saber porque tanto misterio. Subimos al último piso del edificio, pasamos por un pasillo largo y solitario, ni un alma se ve por aquí, al final está un escritorio enorme, elegante y moderno. —Este será tu lugar —Me dice y de inmediato camina al fondo donde una puerta de cristal se asoma y sin tocar entra, yo no sé si seguirla, no sé si sea adecuado entrar. —Abuela, que gusto verte, extrañaba ver esos hermosos ojos —Escucho una voz ronca, que me recuerda a alguien, pero no recuerdo a quien con exactitud. —Si, seguramente me extrañabas mucho, adulador ¿es por eso, por lo que en todo el día no he recibido una sola llamada tuya? — No me regañes, eso hace que tu ceño se frunza y entonces te aparecerán un par de arrugas. —Las arrugas me saldrán por tantos corajes que me haces pasar, pero he venido a cumplir lo que te dije el viernes, de que hoy tendría una nueva asistente para ti y aquí esta, ¡niña pasa! —Dice y me llama. Yo entro nerviosa y con la cabeza baja, a veces siento que en verdad entro en el papel de esta mujer fea, tímida y tonta que he inventado, ya que siento que el cuerpo me tiembla y me siento en extremo nerviosa. No alzo la mirada, es como si temiera a ese hombre. —¡¿Esto es mi asistente?! —Lo que él dice, de un modo tan despectivo me hace alzar la mirada, ya que me ha hervido la sangre de enojo y me pongo firme para enfrentar a ese hombre tan grosero y sin falta de tacto, pero al hacerlo siento que el aire se me va. Me quedo como pasmada, al ver de quien se trata y es que es nada más, ni nada menos que el hombre que me follo tan plácidamente este fin de semana. —¡¿Tú?! ¿abuela en verdad esta mujer será mi asistente? —Me mira directo y yo ahora si quiero morir, creo que me ha reconocido.
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