Ha anochecido. Está impaciente por la llegada de su nuevo corazón. Su colección casi es completa. Mira el cielo y observa que esa noche la luna se volverá a convertir en su campo cómplice. Aquella mujer había roto las reglas al no tenerlo en cuenta. Le había dado la oportunidad, le había dado las instrucciones y lo único que hizo es tirarlas a la basura. Un grave error. Tenía que eliminarla de su camino. Está estacionado cerca de la casa de su víctima que vive en una colonia de mal gusto donde la palabra «delincuencia» está escrita en todas las puertas de las casas. Cierra los ojos intentando captar todos los sonidos que se producen más allá de los propios del viento y de las personas que pasan a su lado, sin prestarle atención. No es un hombre muy paciente, pero puede llegar a serlo si s

