La misma escena, el mismo temor. Todo me da vueltas y siento de pronto la necesidad de vomitar. Una mujer de los treinta años yace en el suelo, rodeada de un charco enorme de sangre, con el tórax abierto de par en par, los ojos abiertos, llenos de terror y la boca abierta. En el hueco donde debería estar su corazón hay una rosa roja. Me tiembla el labio inferior y durante unos segundos intento cerrar los ojos y tranquilizarme. El asesino A Corazón Abierto está aquí y no dejo de preguntarme cómo es que nadie se ha dado cuenta. Se supone que el teatro Vendell cuenta con la vigilancia suficiente, pero al parecer no es así. El grito de Aura ha sido tan fuerte que ha atraído a muchas personas que han llegado rápidamente, muchas de ellas han llegado ataviadas con el vestuario de la función.

