Emma En este momento me encuentro con Salvatore, observándolo con atención. Su postura relajada es una farsa; sé reconocer a los depredadores que fingen calma. A unos metros, mis tíos Mateo, Alekdrad y Alessandro se despiden de Camilo con apretones de manos firmes, cargados de acuerdos silenciosos y viejas alianzas. Más allá, Riku conversa con Carlos, el mayor de los hijos de Camilo, quien además resulta ser medio hermano de los Romanov. No necesito escuchar para saber que hablan de territorios, rutas y límites. De nuestros acuerdos. Salvatore se acerca un poco más. —Piensa en lo que te dije, Emma Sato —me dice, con esa sonrisa ladeada que nunca llega a sus ojos—. Unidos somos más fuertes. Lo miro de frente, sin bajar la cabeza. —Si quieres ser un maldito Santoro debes aprender lo qu

