Emma Cuando llegamos a Rusia bajamos del avión sin decir demasiado. El frío de Moscú me golpeó el rostro como un recordatorio de que aquí nada era simple, nada era seguro. Fuimos directo a casa. Saludé a mamá con un abrazo breve, a Andrey con un gesto cansado. Mis hermanos se quedaron hablando con ella sobre el viaje, los acuerdos, las pérdidas que nunca se dicen en voz alta. Yo no me quedé. Subí a mi habitación, me despojé de la ropa como si también pudiera quitarme el peso de todo lo ocurrido. El agua caliente de la ducha cayó sobre mi piel, pero no logró borrar las imágenes, ni las palabras, ni el presentimiento constante de que algo se estaba rompiendo. Me vestí con un vestido corto n***o. Simple. Provocador sin quererlo. Me miré al espejo un segundo más de lo necesario antes de to

