Los planes de ver a Alejandro se habían truncado cuando vi llegar la camioneta de Dylan a la mansión mucho antes de la hora, pero casi me da un infarto cuando en vez de bajarse Dylan lo hizo una mujer idéntica a la difunta que estaba dibujada en la habitación de mi querido esposo. Me quedé observando cómo Marina la besaba y abrazaba como si realmente se tratase de ella. Caminé a la sala de estar y pude verlas platicar. Iba a darme media vuelta cuando Marina me llamó con altivez. —Helen por favor sube las maletas de Amanda a su habitación. Me quedé estática apretando los puños de mis manos con molestia, ahí estaba de nuevo tratándome como sirvienta; pero asentí con la cabeza y tomé las maletas. Segundos después volví a quedarme paralizada cuando la mujer que estaba con Marina preguntó p

