Exilio

1011 Words
Juntos, con el tiempo, decidieron abrir la primera academia de Kick Boxing en la ciudad y aunque sufría de bajas y pérdidas, el dinero nunca había sido un problema para la pareja. Y con el tiempo dejaron de llevarse con el mundo, aunque sonase solitario, quizás resultó de una emergencia y un pedido de ayuda de Sylvie para con sus padres y sin haber recibido ayuda con el pretexto de que ''estaba bien acomodada'' y por el otro lado, Walter pidió algunos favores, pero solo sentía que su padre era el único que genuinamente sentía que quería ayudarlo y apostaba a su matrimonio, no compartía mucho con Ricardo o Victoria, sus hermanos, quienes controlaban hasta cierto punto la vida y las finanzas de su madre. Mirian tenía otra propiedad, una en la que se vengó de su marido de todas sus infidelidades, donde se exilió muchas veces luego de extirparse las glándulas mamarias, en donde se vengó de él muchas veces y luego, con el paso del tiempo, Mirian dejó de ir a aquella propiedad también y la vendió, pero solo repartió el dinero con Ricardo y Victoria, Walter nunca supo que hicieron con aquella suma. ¿Que podría esperar él de su familia cuando siempre en cuestiones de dinero se desconocían? Los pedidos de ayuda cesaron y con el tiempo, el contacto también. Al principio el matrimonio participaba en los asados familiares y reuniones, pero casi siempre todos parecían enojarse con alguien y aunque Walter y Sylvie no fueran quienes lo hacían, se sentían incómodos y dejaron de asistir. Pero las reuniones continuaron y luego las conversaciones se trataron de ellos. Walter y Sylvie se habían dado cuenta que estaban solos entonces, y solo se tenían el uno al otro, nadie más que ellos podría comprender sus necesidades como familia. De todos modos, fueron de los primeros en que cada uno tuviera de sus hijos los primeros juguetes o aparatos que salieran entonces, como las barbies originales para Ivynna o los autos de carrera o la playstation de Giuliano. Ellos eran buenos padres, nunca se prefirieron comprar algo a ellos mismos antes que a sus hijos, pero era una realidad tan triste, porque no lo sabe el mundo ese sacrificio, solo Dios lo sabe, porque sus hijos a estas alturas ya no le hacían caso a esas cosas, como si no tuvieran valor, como si no hubiera formado parte de una infancia modesta. Walter y Sylie intentaron darles siempre lo que pudieron, pero las decisiones estaban divididas, Ivynna agradecería el papel de sus padres en su vida tanto de niña, de adolescente y como de joven adulta, sin embargo, Giuliano no. En ocasiones parecía odiar a la familia, y en otras ocasiones no lo hacía, quizás se odiaba a sí mismo, pero no podía controlarse. Como no se puede controlar la ira, y como muchas otras cosas. Walter había aprendido sobre la tranquilidad, cuando el resto peleaba, él solo acallaba sin agregar nada al asunto y aunque ésto era complicado también para él porque daba la ligera sensación de que no le importaba nada, es que él no se había criado en un ambiente de gritos, los odiaba, odiaba lo burdo y odiaba la osadía, entonces prefería hacer silencio si lo que iba a decir no sería la verdad. Sylvie en cambio era verborragica, decía lo que pensaba y lo soltaba, así como lo había Ivynna, o Giuliano, decían lo primero que se les ocurría por la cabeza y lo soltaban a bocajarro creyendo que no traería consecuencias. Pero todo en este mundo tiene consecuencias. El mundo en general tiene consecuencias, y Walter lo puso desde antes, por eso había dejado de pelear, o de disfrutar de ello, había una picardía de los cobardes de tomar un arma blanca o sostener algo dentro de las manos, y aquello no era lo que le gustaba a Walter, él buscaba la caballerosidad en un deporte que lo tomaban como una ratonero, o menos, como un lugar donde comen los puercos y se sientan a observar dos hombres golpéandose, luchas que eran pagas, nunca reales, mucho era un show montado. Walter con el tiempo también dejó sus ideas de enseñar, no tenía la animosidad de querer contarle a alguien lo que había entendido del mundo y sabía en el fondo que no encontraría oídos que pudieran escucharle. Así que también dejó de enseñar y comenzó a trabajar en una escuela, donde el ambiente era tranquilo, donde no existían peleas más que las que se enredaban en las lenguas, y a las malas lenguas él sabía defenderse, era sagaz. No pudo vislumbrar lo de Giuliano, ni tampoco la depresión de Ivynna, se preguntó si fue buen padre alguna vez, o mejor dicho se lo preguntaba al suelo donde buscaba refugio cada vez que alguien le replicaba algo. Se podía pensar que no sentía nada, pero lo sentía todo. Él jamás quiso separarse, y nunca lo hizo. Amaba con todo fervor su familia y a su pareja, sentía que su mundo estaba realizado y que su deber siguiente era ayudar a sus hijos a realizarse también, por supuesto en las áreas que les gustasen, y allí lo supo, Ivynna nació para ser artista, Giuliano nació para trabajar como secretario de un poderoso, todos estaban en el lugar correcto en el momento indicado. Imposible era decir que aquel momento no era la clara muestra de felicidad de los Aponte, que tanto admiraban la belleza, tanto Ivynna en las redes, Giuliano a través de la vida de otros y Sylvia a través de internet. Pero todos entendían que eso mismo era un show, que nada de ello era real. Los Apontes no eran estúpidos, no se dejaban influenciar por cualquier cosa, ni tampoco vislumbrarse ante lo burdo como lo harían los padres de sus amigas, pero eso no viene a cuento, desde tiempos prehistóricos los hombres se abalanzaban a las muchachas como si fueran a comérselas vivas. Siempre hubo mirada pervertida de los hombres a las mujeres, pero Walter y Giuiano eran la excepción a la regla.
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