Walter comenzó a traer dinero a casa, Sylvie no era estúpida, pero Walter tenía muchos conocidos del vecindario y lo estimaban. Aunque en el fondo, él nunca se rebajaría a pedirle un centavo a las personas. De todos modos las peleas no alcanzaban y tenían que pagar las medicaciones de Ivynna, que tenía crisis nerviosa e hiperventilación cada cierto periodo de tiempo.
Giuliano estaba destruido, no quería vivir, o eso esbozaban sus palabras. La realidad es que Giuliano es el que más quería vivir, pero le interesaba demasiado el dinero, y aunque tuviera quien lo apoyara en el momento, nada se comparaba en el mundo con tener su dinero propio y poder destinar de él a su antojo. No era orgullo lo que sentía, era desesperanza.
Por un momento, había dejado de creer en Dios y su padre, al ver a su hijo en pena, también dejó de hacerlo por un tiempo. Giuliano solía gritar a viva voz ''¡¿Que le hice de malo a Dios para que me abandonara?!'' Ivynna en secreto charlaba con su madre y le decía que aunque fuera malo perder un trabajo, no podía seguir regocijándose en la autocompasión. Lo cierto es que, era muy fácil salir de ese camino. Quizás no tanto, los había azotado una pandemia mundial y escaseaba el trabajo, pero de todas maneras, era una cuestión de perseverancia, Ivynna veía el accionar de su hermano y no buscaba absolutamente nada, se había entregado al mundo, había perdido la fe y solo logró entrar en depresión y en un agujero n***o de desesperanzas que se habían apoderado de él. A todos les daba pena, aunque no todos lo admitieron.
En realidad lo que sucedía no era algo que solo lo consternaba a Giuliano, como había dicho anteriormente, todo lo que le sucedía a un integrante de la familia, lo padecían el resto. Y por aquellos días, se habían vivido días muy oscuros.
Ohh dios mío, si supieras cuantas veces Giuliano te ha nombrado. Al final, como dije, obtuvo trabajo, el que quería, el que siempre había soñado, y todo se disolvió, su mala racha, su mal genio, todo dejó de ser malo para Giuliano, comenzaba a crecer una flor de esperanza en su interior. Allí se dio cuenta que definitivamente, no había mal que lo estuviera tirando malas rachas ni nada malo en su nombre. Era tonto de tan solo pensarlo. Se había equivocado con las mujeres, sí, había roto corazones, sí, ¿alguna le hizo un maleficio? Nadie lo sabría. Pero pensar en ello da más fuerza que al mismo maleficio.
Por suerte son cosas que quedaron en el pasado, ahora tiene una chica italiana y recorre el mundo, pero eso es adelantarse hasta el final, y básicamente en resumidas cuentas, Giuliano había caído en un pozo, se había vuelto alcoholico, se pasaba todo el tiempo llorando y sufriendo, pidiendo que alguna vez vuelva a tener empleo, pero sus rezos no fueron en vano porque lo consiguió, donde él quería desde siempre.
El único problema es que se lo debería a su hermana, Ivynna, pero no importaba, ella le dijo que le comprara nada más un lindo regalo y unas cuantas joyas y estarían a mano. Ivynna era coqueta, amante de las joyas y de todo lo glam. No sabía si su gusto artístico fue el primero que nació pero alguno nació y se sentó también en su vestimenta, ya no era cualquier persona, ella vestía como se vestían las personas en Hollywood. Y en parte había nacido viendo eso, aquello era lo que soñaba tener, lo que soñaba ser.
Con el tiempo supo que la fama no le gustaba, a quien le conocen demasiado también tiene muchos haters anónimos y odiaba a la gente que odiaba por odiar, no le agradaba que opinen sobre su vida privada así que jamás quiso ser famosa, solo se vestía como le sentaba cómoda, y en ocasiones eso eran unas botas, un blazer trapeado y unas boinas. No le importaba llamar la atención, estaba acostumbrada a la atención, lo que no le gustaba eran las malas intenciones, pero ella sabía que era tonta para darse cuenta quien se acercaba con esas intenciones, así que se abría con todo el mundo, porque si se abría con todo el mundo nada era mentira, solo podrían contarse verdades, y las verdades para ella nunca duelen que se sepan.
Había aprendido en el instituto a que la odiasen, en su salón se dividían dos grandes grupos, el de las mujeres y el de los hombres y ella, todas las chicas la odiaban, pero no por las razones que querían enserio sus amigos, pensaban que era una zorra, pero ella nunca los tocó, eran sus amigos. Al final de cuentas, se había criado en el bullying y se había vuelto fuerte. Nada se comparaba a esa experiencia, entonces menos le importaba si a alguien le gustaba o no su manera de vestir. Así que fue lo más extravagante posible.
Pero tenía su lado malo, y es cuando se sentía mal por estar gorda, sentía que quisiera sacarse todas las tripas o soñaba con ser bulímica pero no podía vomitar tan fácil, ella amaba todo lo que sea la delgadez, y odiaba sus cambios de cuerpo, que siempre lo hacían, algunas veces pesaba 47, otras 50, otras veces 69 kilos, y la balanza se convertía entonces en su peor enemigo.
Volviendo a Giuliano, comenzó a trabajar en el lugar de sus sueños, y sentía que por primera vez podía mirar a los demás por lo bajo, nadie más estaba en su posición, tenía una oficina propia y tenía casos, lo que le ayudaba a estudiar constantemente. Su hermana casi sin querer, le dio lo más preciado que tenía, aunque ella aún no estaba plantada en la vida. Pero das y recibes el doble, o eso le gustaba pensar a Ivynna, no lo hacía por caridad, ella no se veía siendo una secretaria o trabajando con fallos y trabajos administrativos, lo suyo eran estos escritos.