El pasar del tiempo

1000 Words
Giuliano fue despedido al crecer, luego de haber trabajado nueve años. Fue un golpe muy duro para la familia como había con todo. En realidad todo lo que sucediera con algún integrante de la familia circuncidaba a todos los restantes del hogar. Se volvía un efecto cadena difícil de ver en otras familias, también difícil de comprender. La vida normal de las personas era que los hijos alguna vez abandonaran el nido, pero con el pasar del tiempo, Sylvie y Walter lo supieron, no importaba si sus hijos fueran adultos, cada vez que el mundo los tenía en sus manos, los intentaba devorar. Cuando Giuliano salía, siempre regresaba hecho pedazos, le robaban, o lo golpeaban, Ivynna sentía algo del resto que la llevaba al ostracismo y solo en la soledad, con ellos, se volvía a reponer. Era un fenómeno extraño, no podían hacer nada si sus hijos no estaban preparados para el mundo, pero sí una cosa, estar para ellos cuando todo fuera resulte raro, cuando las cosas parezcan difíciles y que no caigan en un agujero que le tomara años de salir. Sabían que Giuliano era más propenso a ello, por lo romántico y enamoradizo que era, porque aunque el mundo lo destruía, él siempre buscaba la parte social. Su hermana, en cambio, se había dado por vencida con muchos años menos, era impulsiva, si no le gustaba el mundo tal cual se le concebía, se alejaba. No era ninguna virtud, pero tampoco un defecto. Existen personas que no planean un futuro, ella era una de esas. Se planteó varias veces, entendía que no se veía en ningún futuro, aunque era difícil pronunciarlo o contárselo al mundo, ya que las personas veían un gran potencial en ella. Porque era inteligente, pero no sabían que en ocasiones la inteligencia traía consigo estar rodeado de personas y sentirse solo y vacío. Walter comenzó a anotarse en algunas peleas clandestinas de boxeo, prefería el arte marcial, pero con las peleas ganaría más. Ivynna lo descubrió, pero no dijo nada. Giuliano había tenido varias recaídas, tanto en el alcohol como en las drogas, pero algo le había enseñado toda sus malas vivencias, y era ver a Ivynna la misma mirada que él tuvo cuando estaba perdido. Se reconoció a si mismo y reconoció el porqué todos se preocupaban al final por Ivynna, entendía que Ivynna estaba atravesando una depresión y una crisis nerviosa, en comparación, perder el trabajo parece hasta indigno de contar. Sin embargo, volvió a trabajar. Una ministra de renombre pidió por Ivynna pero ella le concedió el trabajo a su hermano ya que ella no estaba dispuesta a trabajar aún. Entonces, se acabaron los problemas. Pero no. Ivynna se seguía drogando, y cada vez más, y nadie podía hacerla entrar en razón de que estaba mal, y todo era tan peligroso, porque se vivía un ambiente muy tenso, Ivynna respondía con brusquedad, se ponía reacia frente a sus padres y no soportaba ni el más mínimo cambio. Si alguna vez tienen la mala suerte de conocer a un drogadicto, sabrán que vivir con uno es lo peor. Y eso era Ivynna, una drogadicta que estaba embarcando a su familia a su demencia consternada, un viaje que solo tiene pasaje de ida. Ivynna nunca más volvería a ser la misma. Giuliano lo advirtió, aunque él tenía sus hijos y sus preocupaciones, como tener novia, había conseguido una novia de Italia, se había tatuado en el pecho su nombre para luego ir a visitarla. Pero sabía que lo de Ivynna tenía tiempo de caducidad, era sacarla de allí lo más rápido posible. Pero no se puede ayudar a quien no lo desea, e Ivynna no quería ayuda, eso era peor. Que ella no quería cambiar, sino ser lo que los demás pretendían de ella. No le nacía a ella misma siquiera dejarla las drogas. Estaba sin dudas, danzando con el diablo, pensando que lo tenía todo controlado pero cuando veía sus manos, temblaba, cuando quería escribir, temblaba, su periodo se adelantaba o se atrasaba, subía y bajaba de peso, había perdido todo lo que la hacía especial, porque se había convertido en un monstruo horrible que solo hacía llorar y decirle cosas malas a la gente que la amaba. Y no se perdonaba, quizás ese era el error más grande, no perdonarse significaba que por ende podía seguir siendo como era porque no tenía remedio ni esperanzas. No profesaba ninguna iglesia, pero pidió por Dios muchas veces y éste no lo oyó, o eso creyó ella. Los caminos de la vida en ocasiones parecen no comprenderse pero todo esta justo donde debe estar. Ivynna le enseñó a Giuliano lo que él le había enseñado a sus padres años atrás. Y uno predica con el ejemplo. Ivynna ahora era adicta a los psicofármacos, pero no podía hacerse nada más que un tratamiento para desintoxicarse, pero no podía, porque no quería. Cada vez se volvía más y más egoísta, solo le importaba sus pastillas, y un día, le pegó a su madre, solo por esas malditas pastillas, se cortó también frente a ellos, corría demencial por la casa arrancándose los pelos. Era una drogadicta que necesitaba ayuda. Y se la dieron, y se calmó, comenzó a agendar sus días, mejor dicho, sus días buenos, así los malos no los recordaba, pero aunque no los recordaba, sucedía. Había hecho llorar a su madre, se había escapado de la casa, golpeó a su padre, dijo cosas hirientes y se quitó pelos de la cabeza llorando y gritando groserías, pero muchas de esas veces, o la mayoría de las veces, no lo recordaba después. Como si alguien se apoderara de ella y fuera lo peor del mundo, mientras que su otro lado era cariñosa y amigable con sus padres, pero eso significaba una de dos cosas, o las dos, que estaba loca, o que era bipolar. Al final, resultó que tenía trastorno límite de la personalidad, pero eso se supo mucho después, por no decir, años después.
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