Ricardo

1003 Words
La familia comenzaba a afilar los dientes, y lo hicieron, exiliaban a Walter en las reuniones familiares, no invitaban a Walter ni a Sylvie, ni a sus hijos, y Giuliano e Ivynna se sintieron mal cuando eran niños al principio, luego comenzaron a crecer y darse cuenta que sus padres eran de esa manera, porque el mundo los había hecho así. Un día, Walter le pidió prestado dinero a su hermano Ricardo, él era abogado y contaba con un estudio jurídico, uno en el que también engañaba a su mujer y usaba en ocasiones como dormitorio de sus desventuras. Con el tiempo, Ricardo recibió su merecido y su mujer lo descubrió y se llevó a sus hijas a vivir con sus abuelos. Ricardo sin embargo no escarmentó y se quedó con su amante, con quien tuvo cinco varones y como si se tratara de una competencia de mujeres y de quien le había dado más hijos a Ricardo, éste ni siquiera era de fiar, seguía en malas andanzas, era estafador pero legal, borracho empedernido y melancólico, pero como Mirian los había criado, esas miserias jamás eran vistas a las luces del mundo, él seguía siendo un honorable abogado aunque hubiera contratos con él que lo comprometían, aunque esas cosas eran secretos a voces. Quizás lo más peligroso en Ricardo es que le gustaban las armas, que se había intentado suicidar, o que buscaba pelear solo para que lo golpearan. Y como era de esperar, Ricardo tampoco le prestó dinero a Walter. Era navidad y Walter y Sylvie comieron como si fuera un día más porque tenían muchos gastos, pero así era la vida, en ocasiones una gran dificultad. Walter con el tiempo se cansó de ella y volvió a pelear por dinero unas cuantas veces, nadie lo sabía. Luego, la muerte de su padre. Lo había cambiado todo. Era el único que acompañaba a Walter realmente. Había muerto de un paro cardíaco mientras dormía. El médico esbozó que le hubiera gustado morir así, Walter, sin embargo, estaba absorto, sabía que a partir de ese día, sería solo él y su familia. No podría contar con su madre. Sin embargo, con Sylvie bastaba. Bastó con ella y con sus dos hijos al crecer, aquella era su familia real, no la que no había elegido. Podría comprender la ingratitud de sus hermanos, después de todo, él nunca se sintió como ellos. Quizás, de allí sacaba la voluntad para haberse ido de joven con una mano adelante y otra atrás, porque se sentía sin familia, que es muy distinto a tenerla. Uno puede sentirse solo en el mundo y estar rodeado de personas, como era su caso. Pero no solo eso, sino que sus hermanos lo tenían de menos siempre, en cada ocasión, mientras que habían seguido sus pasos, porque él era el mayor, y para bien o para mal, los hermanos terminan aprendiendo de los desastres del primero. O quizás, lo que les daba rabia, era no saber sus desastres, su vida era tan bohemia y misteriosa, que era indescifrable. Su mujer, era su par, y sus hijos solo eran niños aún en ese entonces. Los niños ven rostros felices donde hay sonrisas fingidas, y devuelven la sonrisa como ilusos. Pero el mundo real era más humillante, odiaban a Walter, porque él tenía el coraje de hacer lo que todos querían hacer pero jamás se arrodilló ante nadie. Y quizás esa era la mayor fuente de problemas, que a Walter todo le salía bien, era atropellado, abasallante, y sin embargo, todo lo conseguía con su forma de ser. Tanto amistades como trabajos. Su primer trabajo lo consiguió así, preguntando e insistiendo. Luego consiguió el de su mujer, también, insistiendo, luego consiguió el de su hijo, dos veces. Ivynna entonces era muy niña para trabajar, y de todos modos la vida se marchaba como una flor volando en el cielo, las personas y los contactos de los que se había hecho su padre en un principio ya no existían. Aunque solían recordarlo con aprecio y gratitud. Él era mal hablado y terco para las decisiones, no daba brazo a torcer, pero era fiel a sus convicciones, tan fiel que decía aquello que no debía decirse, y por ello, era admirado. Pocas personas en el mundo pueden decir lo que piensan sin tener repercusiones, pero Walter no las tenía, o al menos no las afrontaba como se creía. Ivynna había sacado su mismo ímpetu, pero ésta si sabía de sus repercusiones y las redoblaba, porque era de sangre caliente. Y aquel que es de sangre caliente, siempre será indomable. Quizás Walter tuvo la suerte de encontrarse con Sylvie, pero quizás Ivynna no tendría esa suerte jamás, y lo sabía ni tampoco la esperaba. No quería ni necesitaba de alguien para que avale sus dichos o pensamientos. En ese tipo de mujeres se quería convertir, aquello era su máxima meta, el ser una mujer libre en todo sentido de la palabra, que no debía fingir o hacerse la tonta en ocasiones, sino que fuera ella misma con todos, y eso hizo, y comenzó a reafirmar que aquello no era un don que todos tuviesen o apreciasen, entonces comenzó a darse cuenta de que era distinta. Sin dudas lo era, una chica rebelde para algunos, o una loca para otros, pero jamás dejó de ser lo que quería, y tampoco jamás dejó de hacer lo que le gustaba. Vanidad, era el pecado favorito de Walter y de su hija, quizás porque es el que menos daña más que a si mismo. El choque contra la realidad es tan duro como una bomba explotándote en medio de la cara, la realidad puede ser dura y querer perseguir a los que mantienen esperanzas aún en esta vida, pero ellos no darían brazo a torcer, las esperanzas siempre estarían, les fuera mal o bien, porque ellos habían trazado su destino y su destino era el éxito y aunque nadie creyera firmemente que eso pudiera concretarse, si alguien lo desea tanto, se cumple.
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